domenica 2 settembre 2012

Jamás volví a ver a mi padre, dice el hijo de un desaparecido en la guerra sucia


Alfonso Arguello narra cómo militares se llevaron a Francisco Arguello, de 80 años, y la búsqueda incansable de su madre que los dejó sin nada

Jamás volví a ver a mi padre, dice el hijo de un desaparecido en la guerra sucia

RODOLFO VALADEZ LUVIANO (Corresponsal)
Atoyac, 1º de septiembre. Alfonso Arguello Vázquez, cuyo padre fue detenido por los militares en 1974 y hasta la fecha está desaparecido, aseguró que durante la guerra sucia no sólo la gente de Atoyac fue víctima de las detenciones arbitrarias del Ejército, sino también la de otros municipios como Tecpan y Petatlán.
Su padre, Francisco Arguello Villegas, fue detenido por los castrenses en octubre de 1974, cuando vivía en la comunidad de Fincas Viejas en este municipio.
“Mi padre era un hombre de 80 años cuando los soldados llegaron por él a la casa. Bajaron de los helicópteros que aterrizaron en el pueblo y le dijeron que el comandante del cuartel militar 49 de Atoyac quería interrogarlo para saber algunas cosas. Yo fui con él hasta donde estaban las naves aéreas, pero uno de los soldados me tomó del cuello y me aventó. Sólo vi cuando se elevaron sin poder hacer nada”, recordó quien actualmente es miembro de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos en México (Afadem).
Los hechos ocurrieron en 1974, año en que se registró la mayor parte de las detenciones en Atoyac, cuando Alfonso Arguello tenía 13 años.
En entrevista para La Jornada Guerrero, el hombre, quien actualmente tiene 51, contó que su padre se dedicaba a la siembra de caña en esa localidad, trabajo que por su edad le era difícil desempeñar.
“Cuando los soldados se lo llevaron –abundó–, mi madre Leonarda Vázquez Aguirre reunió a un grupo de amigas y se trasladó al cuartel de Atoyac, donde, como a muchos de los familiares de quienes fueron detenidos por el Ejército, les dijeron que no sabían nada. Sin embargo, su ansia por encontrarlo la hizo ir al Campo Militar número 1 en la ciudad de México, donde le informaron que fue detenido por pelear y estaba preso, pero jamás le dejaron verlo, ni volvió a saber de él”.
Recordó que días después, los militares detuvieron a sus hermanos, Domitilo y Vicente, a quienes golpearon y torturaron para que dijeran dónde estaba el profesor Lucio Cabañas Barrientos, “cosa que ellos ignoraban, quizá por eso los soltaron tiempo más tarde”.
Asentó: “Durante la búsqueda que encabezó mi madre, se gastó todo lo que tenía. Vendió la casa, pertenencias y los pocos animales que tenía, hasta quedarse sin nada. Jamás dio con él”.
Hoy, a 39 años de aquel suceso, Alfonso sigue en busca de la verdad de lo que le ocurrió a su padre y con las más de 500 personas que fueron detenidas y desaparecidas en Atoyac, intención que comparte con los miembros de Afadem, con la esperanza de que algún día alguien les dé razón de ellos.

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