Mini crónica de un
paseo por Pie de La Cuesta y un atardecer incendiado
Hercilia Castro
Acapulco, enero del 2016. La violencia es una cotidianidad, sale
en todas las pláticas, también los desmembrados, las cabezas dejadas en una
esquina, en cualquier colonia, también esas fotos que sólo alarman pero que nadie piensa si el difunto tenía
familia o no, son un muerto más en Acapulco, en todo el estado.
El tráfico no cambia tampoco en domingo, así que escapar un
rato de la ciudad es la mejor decisión cuando te empieza a sobrepasar la realidad
y una crisis existencial así que sales casi al mediodía rumbo a Pie de la Cuesta con el objetivo de comerte un pescado en ese pueblito que está a menos de una
hora del Acapulco caótico.
Llegar a Pie de la Cuesta no es mucho trabajo, tomas el
colectivo y llegas al pueblo, para trasladarte a la playa en otra combi que te
dejará en la zona de los hoteles y restaurantes tradicionales, nada que ver con
el ostentoso Acapulco Diamante, un
ambiente más relajado para todo aquel que quiere huir de la urbe.
Los restaurantes y hoteles de Pie de la Cuesta tienen el
privilegio de la doble vista, de un lado
puedes irte a comer una mojarra frita frente al mar, y de la otra acera sólo cruzas y tomas
la lancha que te llevará a dar un paseo
por la laguna de Coyuca.
Pero cuando vas por primera vez, y te encuentras con esa
vista acuática y llena de palmeras por
donde quiera que voltees, no entiendes cómo es posible que en todos tus años de
vida, no hayas paseado por Pie de la Cuesta.
Ineludible no hablar de la situación económica, hasta Don
José el vendedor de pareos y blusas de manta para mujer, dice que la violencia
se nota más por la publicidad que hacen los medios, pero que nadie se ha fijado
que “este presidente –Evodio Velázquez- sí está haciendo mucho, a ver, qué
presidente había podido quitar a los muchachos de la Diana y el ayuntamiento,
sólo él lo hizo”.
Don José tiene más de 40 años viviendo en Acapulco, es
originario de la árida Tierra Caliente, región que en los últimos años se ha
tornado violenta para sus habitantes y que derivado de ello, hay éxodos masivos
de comunidades enteras.
Pero no se inmuta, dice que desde joven llegó a
vivir al puerto y ya no tiene a qué ir a la Tierra Caliente pues sus padres ya
murieron.
Dice que estas vacaciones pasadas les fue bien, pues tenía años que Pie de la Cuesta no se
veía con tanta gente y atribuye la fama de la violencia a las televisoras y
diarios, para él, no todo es negativo a pesar de las estadísticas diarias.
Lo mismo opina la propietaria del restaurante Leonor, que ya
no veían esquina con tanto turismo que hubo y que al menos “salió para los
impuestos”.
Si se busca bien, uno puede encontrar restaurantes
accesibles como el Leonor, donde los precios no son estridentes y se puede
disfrutar de un buen pescado frito, contrario al famoso restaurante Tres Marías
donde el mesero y los propietarios tardan en atender a los comensales.
Incluso se puede disfrutar de una iglesia frente al mar, sí, en Pie de la Cuesta existe una iglesia con vista al mar, nada mal para los feligreses y el sacerdote.
Ha pasado una semana y las
vacaciones decembrinas ya terminaron, y todo se encuentra en calma, para ir al recorrido tomas
las lanchas desde el embarcadero que se sitúa a unos minutos del pueblito, aunque también se puede desde alguno de los
atracaderos que rodean la laguna.
La laguna de Coyuca, 32 kilómetros de color verde, manglares
que bordean y palmeras como dice la canción, borrachas de sol se encuentran de
todos lados, y aves, cientos de aves,
miles, que pasan dueñas del cielo azul, sin más ocupación que clavarse en el
agua por peces o buscar una rama entre el manglar para detenerse.
El lanchero cuenta que la laguna tiene poca profundidad -20 metros-,
maneja una lancha de dos pisos con motor y explica a los tripulantes que en
esta época del año vienen aves migratorias como el pelícano blanco que según el
procede de Canadá y llega a pasar el invierno en la costa acapulqueña.
También hay patos buzo, garzas, corcochas, zanates, Martín
pescador. Vuelan sin cesar, algunas sólo miran pasar las lanchas o a los
novatos esquiadores que disfrutan la laguna de Coyuca.
“Existen más de 200 especies de aves que habitan el entorno
además de muchas otras especies como nutrias de río y pequeños cocodrilos”,
ofrece el volante.
El recorrido abarca los manglares, el
avistamiento de aves migratorias en la Isla de los Pájaros o también llamada Isla del
Presidio, llamada así porque según Armando Nava, el lanchero, en la década de
los setenta hubo una cárcel en ese lugar donde estuvieron presos aquellos que
se les tachaba de guerrilleros o simpatizantes de Lucio Cabañas.
Claro, el punto que hace al recorrido una tradición es la
visita a la Isla Montosa o la Isla del Hombre de las Siete Esposas. Sí, siete
esposas tuvo Píoquinto Estévez según los datos recabados.
Según la historia en 1935 el presidente de la República,
Lázaro Cárdenas del Río le dio una concesión por 99 años a Estévez, por lo que
desde ese entonces ocupó la isla junto con sus siete esposas, las siete vivían
bajo el mismo techo y poco a poco la descendencia fue la que inició los
recorridos, afirma Nava.
“Este recorrido se inició en 1945, pero ya con lanchas más
modernas en 1972, yo tengo 39 años
haciendo el recorrido”, comenta contento
el lanchero.
Pero no todo es color de rosa, la laguna de Coyuca también
ha sufrido la devastación de manglares por desarrollos turísticos como Villas
Paraíso, que deforestó siete hectáreas de manglar por medio de una concesión
irregular otorgada por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales
(Semarnat).
De ese mismo desarrollo que se promociona como eco turístico
se escapó el tigre Ankor, que se encontraba en una Unidad de Manejo Ambiental
de ese desarrollo (UMA) en malas condiciones, determinó la Procuraduría de
Protección al Ambiente (Profepa) a finales del 2015.
Algunos mangles se notan secos, pero Nava contesta que el
motivo es que “les cayó un rayo” y también los mangles mueren de viejos.
En la isla Montosa los turistas bajan a descansar, la zona
es tan calmada que los niños se pueden meter sin temor alguno, incluso, todos
se olvidan que hay saurios en los alrededores.
Más escondidos entre los humedales que en la Montosa, pues
los cocodrilos han de temer sufrir el mismo fin que Jazmín.
Jazmín el cocodrilo de 19
años que permanece desde que era un bebé en una pileta sucia y mal oliente y
que es ofrecida como atracción turística.
Las condiciones en que se haya son deplorables, encerrada
como si purgara una condena, con la única culpa de haber sido un saurio que
pasara en mal momento donde viven los dueños de la Montosa.
Pero ni siquiera se acercan a verla los niños o turistas que
van, todos prefieren nadar y disfrutar los mariscos y pescados, los orgasmos y
mamadas que no son más que bebidas alcohólicas preparadas de diferentes
licores, como el orgasmo que es leche condensada, licor de café y ron.
La hora de regresar a Pie de la Cuesta llega, pasan de las
cinco de la tarde y las parvadas de patos y pelícanos no cesan, son el único tráfico
en esa laguna.
-¿Y la violencia?- se pregunta a Nava
-¿La violencia?...-duda en responder como cualquier
prestador de servicios lo haría en cualquier playa de la entidad, con ese temor
notorio de perder la clientela.
-“Mire, la violencia donde siempre va a haber, no le digo
que no hay, dónde quiera, pero pues, sólo se matan entre ellos, llámele la
maña, los malosos, como quiera, pero pues, si se hace el mal se paga mal”,
asegura.
Nava también alude que las grandes televisoras como Televisa
son las que destacan la violencia que hay en Guerrero desde hace más de 10 años
y por la que ha sido boletinado el estado.
Pero insiste en que no todo es malo, le gusta su vida, su
trabajo.
Y cómo no, si se respira una calma, y el único fuego que hay
es en el cielo, rojizo, dorado, carmesí, rosa, púrpura y azul sobre el verde de
la laguna, como si el cielo estuviera incendiado.
Al llegar al embarcadero, el lanchero agradece la visita de
los turistas que guió, y pide una propina, todos le reiteran que el recorrido
cumplió las expectativas y prometen regresar.
“¿Y si nos quedamos hasta el martes y nos quedamos aquí?”,
amenaza una joven turista a sus familiares con el rostro chapeado por la
resolana de la tarde.

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