domenica 22 settembre 2013

Xihuacan, el lugar que olvidaron los gobernantes


Xihuacan, el lugar que olvidaron los gobernantes


Alondra García



Petatlán, Gro. En Soledad de Maciel y El Cabritero el miedo baja del cielo, llega en nubes negras y desciende a la tierra en forma de lluvias torrenciales y viento.

Allí el río cruje y arranca el pavimento, destroza puentes, inunda sembradíos e invade casas.

Cinco días después de que la tormenta tropical Manuel destrozó la única vía de acceso a ambos poblados, la gente aun tiene miedo y padece los estragos de la contingencia.

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Hace más de 3 mil años, en el 1305 a.C., el poblado de Soledad de Maciel tenía otro nombre: Xihuacan, que en náhuatl significa “lugar de los poseedores de turquesa” o “los que poseen el tiempo”.

Y tal parece que el tiempo se detuvo en manos de los xihuacanos… por donde se mire el pueblo que ahora se erige sobre esa zona prehispánica parece inmóvil, ancestral, atemporal.

Casas de barro y teja, ancianos de pelo blanco y rostros arrugados que descansan en mecedoras viejas, en las mediaguas de sus casas.  

Las excavaciones en este sitio arqueológico revelaron que fue el mayor centro rector de la Costa Grande e incluso se le compara en importancia a Teotihuacán.

Más de 3 mil años después de su construcción, Xihuacan reclamó su espacio y contribuyó a la inundación de lo que hoy es Soledad de Maciel.

El arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Rodolfo Lobato Rodríguez, explicó que con las lluvias intensas se reactivaron los canales pluviales prehispánicos de lo que alguna vez fue la zona habitacional de Xihuacan.

Cuando los canales se desbordaron, inundaron al poblado actual y Soledad de Maciel se convirtió en una laguna.

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La madrugada del domingo 15 de septiembre la lluvia desbordó el río de San Jeronimito, que pasa a un costado de las comunidades rurales El Cabritero y Soledad de Maciel. 

Un arroyo que se desprende del río y atraviesa la comunidad de El Cabritero destrozó por completo el puente y arrancó una vivienda.

Dos kilómetros adelante, el agua subió hasta dos metros en la zona de huertas que son la entrada al poblado Soledad de Maciel.

Esa noche, una familia vio cómo el torrente de agua despegó una pared de su hogar y la arrastró hacia abajo, entre las huertas, donde también flotaban pesados electrodomésticos.

El río que abastece de agua dulce a los pobladores, riega sus huertas y los alimenta con pescado fresco todos los días, se convirtió en peligro mortal.

Desde el sábado por la noche nadie durmió en el pueblo, pero el domingo el insomnio se convirtió en terror.

Una vez que pasaron las lluvias, los pobladores utilizaron una lancha para salir del pueblo en busca de víveres y agua potable.

“La corriente de agua era fuerte y le adaptamos a la lancha un motor chiquito que tenía uno de los vecinos, de dos caballos de fuerza, sólo así podíamos salir del pueblo”, narró Hilarión Valle Zúñiga, ex comisario de Soledad de Maciel.

Y cuando salieron del pueblo, el escenario fue igual de desolador.

Su única vía de acceso, una carretera nueva, se desmoronaba poco a poco cual pieza de pan. En su lugar, dejaba grandes zanjas peligrosas de cruzar.

Hilarión, quien nació hace 60 años en Soledad de Maciel, lleva una bitácora en la que apunta cada año el inicio de las lluvias, los días en que azotan al poblado, su intensidad y sus afectaciones.

De acuerdo a la bitácora de Hilarión, en 1967 las lluvias fueron muy fuertes, después, en 1976 se repitió el fenómeno.

En 1985 las lluvias azotaron fuertemente al poblado, luego hubo calma durante 17 años, hasta el 2002, que las tormentas nuevamente le dieron un susto a los habitantes.

“Pero como este año yo no he visto igual, en mis 60 años de vida el agua nunca había caído así, las lluvias de este año superaron por mucho a todas las anteriores”, aseguró.

Pero de acuerdo a los más viejos, aun más viejos que Hilarión, las tormentas que azotaron a Soledad de Maciel en 1952 fueron tan intensas como las de este año.

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En Soledad de Maciel y El Cabritero, la gente sonríe a los desconocidos y se quita el sombrero cortésmente a manera de saludo.

Son dos pequeñas comunidades donde todos se conocen, pero miran sin desconfianza y con mucho agrado a los visitantes.

Antes de llegar hay un museo de sitio, donde se exponen los vestigios de la cultura Xihuacana.

Gracias a este museo, ambas comunidades se beneficiaron recientemente con la pavimentación de la carretera y el acceso se volvió rápido y seguro.

Los pobladores, mayormente dedicados a la siembra de maíz y tabaco, se beneficiaron con las nuevas condiciones del camino, que les permitía salir a Zihuatanejo para vender sus productos.

La elaboración de puros artesanales es una técnica ancestral heredada de generación en generación en las familias de El Cabritero y Soledad de Maciel.

Pero las lluvias derribaron las palmas de cocotero, hundieron las cosechas de maíz y detuvieron el trabajo artesanal de fabricación de puros.

Las actividades económicas de ambos pueblos se detuvieron para dar paso a la supervivencia.

Durante cinco días Soledad de Maciel y El Cabritero estuvieron en el olvido gubernamental y social, hasta que el personal del INAH que realiza las excavaciones en la zona arqueológica se acercó a la Secretaría de Marina Armada de México (Semar), el Instituto Lizardi, las asociaciones hoteleras, empresas y sociedad civil.

Así consiguieron agua purificada, medicamentos, despensas y pañales. Pero llevar la ayuda fue aún más difícil que conseguirla.

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A las 14:30 horas del viernes 20 de septiembre partieron 3 camiones y 2 camionetas de la Semar, cargadas con el acopio de un solo día.

Adelante, en una camioneta particular, viajaban los empresarios hoteleros, en otra más el personal del INAH, los voluntarios y los reporteros.

Al llegar a San Jeronimito la carretera presentaba un desprendimiento en el carril Zihuatanejo-Petatlán.

Los marinos descendieron de los pesados camiones para verificar que su paso era seguro. Luego de unos minutos, atravesaron sin ningún problema.

El camino por la carretera federal continuó sin ningún contratiempo hasta llegar a la desviación que conduce a El Cabritero y Soledad de Maciel.

En un principio el camino pintaba bien, pero metros adelante la mitad de un carril se desmoronaba hacia un barranco, como si se tratase de terrones de azúcar.

Una vez más la caravana se detuvo y los marinos bajaron para analizar la resistencia de la cinta asfáltica y la confiabilidad del terreno.

“Pueden pasar, sí resiste”, fue la indicación de uno de ellos.

Por ser más ligeras, las camionetas particulares atravesaron primero, pero los pasajeros lo hicieron a pie.

El pavimento crujía mientras las llantas cruzaban lentamente la cinta asfáltica, pero resistió. Después pasaron los pesados camiones cargados de víveres.

Más adelante, el daño era mayor, pero una vez más la caravana de vehículos atravesó sin problemas, aunque con mucho temor.

A unos metros de El Cabritero, el paso se dificultó.

El puente de acceso a la comunidad colapsó completamente y los pobladores hicieron provisionalmente un camino de tierra al que sólo pueden aventurarse vehículos todo terreno.

La gente del pueblo e incluso los perros salieron  a la cancha de basquetbol, cuya mitad pendía en el aire luego de que el arroyo arrastró la tierra que la sostenía.

“Saquen sus garrafones, traemos agua y despensas. Si alguien requiere de atención médica acérquese, que también vino con nosotros un doctor”, indicó uno de los marinos.

A cada familia le tocó medio garrafón de agua purificada y una despensa. Los niños recibieron galletas y leche con chocolate.

También se brindó asistencia médica a quienes la solicitaron, en su mayoría niños y adultos mayores.

Diabetes descompensada y infecciones respiratorias fueron la constante en los diagnósticos.

“Aquí no ha venido nadie, es la primera ayuda, aquí no ha venido la gente del gobierno municipal, el presidente se olvidó de nosotros”, lamentó el comisario, Magdaleno Rosas.

Relató que después de cinco días de estar incomunicados, ninguna autoridad se acercó.

Indicó que en El Cabritero habitan cerca de 150 personas, entre niños, adultos y ancianos.

“Llevamos cinco días sin alimento, no tenemos agua ni para beber”, comentaron los habitantes.

Una vez que todas las familias recibieron la ayuda, la caravana siguió su camino hasta Soledad de Maciel, dos kilómetros adelante.

Milpas destrozadas, calles convertidas en verdaderos pantanos, palmas chuecas y árboles derribados fue el panorama que encontró la brigada de ayuda.

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Cuando los camiones cargados con víveres llegaron a Soledad de Maciel, el pueblo parecía desierto.

“Todos están en el velorio, se murió la suegra del comisario”, explicó una señora que caminaba por la calle principal.
“¡Vengan!, ¡traigan sus garrafones, llegó la ayuda!”, avisó un hombre y todas las personas se asomaron debajo de la lona negra que cubría de la lluvia a los asistentes del velorio.

En un minuto, la difunta se quedó sola.

Los habitantes corrieron a sus casas, sacaron sus garrafones vacíos e hicieron una línea, listos para recibir el apoyo que los marinos acarreaban desde los camiones hasta el centro del pueblo.

“De a medio garrafón, porque no alcanza”, indicó el hotelero Mario Hernández Diego.

El número de habitantes en Soledad de Maciel sube a más de 800 y todos se dedican al campo y a la elaboración de puros artesanales.

“Todos perdimos nuestras cosechas, tampoco podemos pescar porque el clima hace que sea peligroso, llevamos incomunicados casi una semana”, señaló el ex comisario Hilarión Valle Zúñiga.

Indicó que cuando el río salió de su cauce la inundación llegó a 60 centímetros en las casas ubicadas en la parte alta. En la zona baja, el agua subió a más de 1.20 metros.

“No sabíamos la magnitud del desastre, la gente está peor de lo que imaginamos”, reconoció el empresario Mario Hernández Diego.

Al menos 15 hectáreas de sembradío de maíz se perdieron, el equivalente a 12 toneladas de producto.

“No sabemos qué vamos a hacer, todos nos dedicamos al campo y vendemos nuestras cosechas en Zihuatanejo, pero todo se lo llevó el río, se llevó nuestras milpas, se llevó hasta las vacas”, lamentó el comunero Hilarión Valle.

Los comisarios de El Cabritero y Soledad de Maciel informaron que después de la tormenta asistieron al ayuntamiento de Petatlán para solicitar ayuda, la cual nunca llegó.

La caravana de ayuda humanitaria entregó 163 despensas de comida, 60 garrafones, 67 consultas médicas, 3 bolsas con ropa, 30 garrafas de cinco litros y 200 botellitas con agua purificada, pañales y toallas sanitarias.

A una semana de la tormenta, la contingencia sigue porque la población no tiene qué comer. El apoyo fue insuficiente, según comentaron los propios organizadores de la caravana de ayuda.

El regreso a Zihuatanejo fue lento y bajo amenaza de lluvia. Otra vez el crujir del pavimento, la carretera que se desmorona como azúcar, los pesados camiones que atraviesan los delicados senderos, el arroyo que consume la tierra.


Atrás quedaron niños descalzos que se asomaban por las ventanas, sonreían y agitaban las manos en señal de agradecimiento. 

@GarciaAlondrita


1 commento:

José Carlos López Contreras ha detto...

Una verdadera tragedia, al igual en Tierra Caliente, solo se van a parar cuando quieren el voto.