giovedì 27 giugno 2013

EDITORIAL Tortura, ayer y hoy

EDITORIAL

Tortura, ayer y hoy

Los datos que dio ayer a conocer el visitador general de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos (Coddehum), Hipólito Lugo Cortés, son muy relevantes por varias razones: porque ponen en contexto el ejercicio de la tortura como un método real en los procedimientos de investigación policiaca, y porque a la vez evidencian la negativa de las autoridades a clasificar las acusaciones con esta figura.
Es claro que mientras la Coddehum sí reconoce la existencia de la tortura, las autoridades ministeriales se niegan a ello con argumentos como el que no está tipificada en el Código Penal, sino en una ley especial, y por ello prefieren clasificarla como abuso de autoridad, lesiones y otras.
Todavía, Lugo Cortés fue bastante explícito al definir cuáles son los métodos que se sigue utilizando básicamente por agentes de la Procuraduría General de Justicia (a la que corresponde la mayoría de las quejas): golpes, la chicharra eléctrica, simulacros de ejecuciones, golpes con toallas y almohadas para no dejar rastro, quemaduras de cigarro y presión sicológica, como amenazas de muerte para el detenido o para sus familiares, a fin de que firmen declaraciones autoinculpatorias.
A su vez, los datos referidos por el integrante de la Comisión de la Verdad Nicomedes Fuentes García, en el sentido de que están documentados los desplazamientos obligados y los pueblos literalmente arrasados durante la guerra sucia, así como testimonios de que 143 personas fueron arrojadas al mar y 200 ejecutadas en ese periodo, trasladadas con la denominación de “paquetes” de la sierra de Guerrero al Campo Militar número 1, muestran que lo que dice Lugo no es asunto sólo de hoy.
Con esos dos testimonios bastaría para confirmar lo que es sabido por todos: que la tortura ha sido y sigue siendo un método privilegiado por las autoridades para obtener confesiones, y para deshacerse de adversarios políticos y luchadores sociales.
Se diría que con el paso del tiempo las cosas han cambiado y se vive un estado diferente al de hace 40 años, pero la realidad es terca y nos muestra que los cambios son demasiado lentos y que el presente se parece tanto con el pasado.

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