sabato 21 luglio 2012

EDITORIAL


EDITORIAL

VIOLENCIA EN LA LAGUNA
El caso de la comunidad de La Laguna, en el municipio de Coyuca de Catalán, es paradigmático de las condiciones extremas de violencia e impunidad que se viven en algunas zonas del estado, y no precisamente derivadas de los pleitos entre bandas del crimen organizado.
Se trata de un caso donde la violencia –ocurrida en el contexto de una lucha por los recursos naturales de los bosques de la Sierra Madre del Sur– ha impactado directamente en la población, incluyendo no sólo a los hombres, sino sobre todo a las mujeres, los ancianos y los niños.
El desplazamiento que los pobladores hicieron hacia la comunidad de Puerto las Ollas, en abril del año pasado, fue un periplo largo y doloroso, donde los pobladores, mujeres y niños en su mayoría, estuvieron acompañados por organizaciones defensoras de derechos humanos, por periodistas, y por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública, en ese tiempo a cargo de Ramón Almonte Borja.
Fue un caso cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo, y en el que el gobierno del estado se comprometió a impulsar programas integrales de apoyo a esas familias, pero en el que los afectados reclamaban no la instalación de campamentos para que pudieran asentarse en Puerto las Ollas, sino una ayuda que les permitiera regresar a su comunidad de origen.
En noviembre, varias familias decidieron regresar a La Laguna a pesar del peligro que les representaba esa acción, y de que no cuentan con el apoyo de ninguna instancia oficial, por una razón muy simple: se estaban muriendo de hambre, según explicaron entonces.
Varios meses después, los hechos muestran que las condiciones no han cambiado, y si lo han hecho, no es para mejorar.
En La Laguna se requiere una estrategia integral, en la que participen no sólo el gobierno del estado, sino también instancias federales, para apoyar con microcréditos a la población, para impulsar el desarrollo de la microrregión, así como las opciones educativas para los niños y los jóvenes, y garantizar la seguridad.
Al final de cuentas, no se trata de ningún territorio ajeno: es Guerrero, es México. Lo que sucede ahí, compete a todos.

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