domenica 2 novembre 2014

Mini crónica de 72 horas de lucha con los maestros, por Ayotzinapa

Mini crónica de 72 horas de lucha con los maestros, por Ayotzinapa

Hercilia Castro B
Introducción

Guerrero, 2014. Ser hijo o hija de un maestro disidente, revoltoso, vándalo, opositor al Sistema en Guerrero (y supongo otros lados) es todo un compromiso, una suerte y una desventaja a la vez. Más, cuando es profesora tu madre. En mi caso me tocó ser hija de una profesora disidente. A mi madre le tocó ser maestra en los años en que no había caminos en las comunidades, ni luz, ni agua –más o menos como ahora sigue la situación en la entidad- , le tocó la época de la defensa de la extinta Universidad Pueblo (Ahora sus ideales distan de lo que soñaban sus profesores fundadores), la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), cuando el ex cacique gobernador Rubén Figueroa Figueroa perseguía a profesores, normalistas y estudiantes, y todo opositor, era la década del 70 y los 80 porque a fuerzas quería destruir la universidad “pueblo”, proyecto de Rosalío Wences Reza (dice).

Recuerda que en esa época de la persecución –la guerra sucia de los 70- desaparecieron a cientos de alumnos, (ella daba clases en la Prepa 2 y 7 de la UAG), entre los desaparecidos estaba Antonio Mena y su esposa Teresa Hernández, y Floriberto Clavel Juárez El Penta.  “El Penta era muy mi amigo, la última vez que lo vi fue en los pasillos de la prepa 7, me dijo “maestra dame lo que tengas porque me traen cortito, me vienen siguiendo los judas”, al otro día ya no supe nada” En esa época José López Portillo hacía campaña y un día antes de su visita a Guerrero desaparecieron a 13 estudiantes activistas y también académicos. Al líder y profesor Eloy Cisneros Guillén lo convirtieron en preso político, “apenas habíamos cobrado el aguinaldo cuando lo apañaron en su casa, en Ometepec”.

Claro, Figueroa quería que se cerrara la universidad para que se metieran a la entidad solamente universidades privadas. Los llamados Judas (Judiciales) que ahora serían los Ministeriales perseguían a profesores y estudiantes “Siempre teníamos que salir en bola porque si no nos apañaban los judiciales”. Literal, la sufrieron todos los fundadores y cofundadores. Ya también en esos años, los estudiantes y egresados de Ayotzinapa sufrían las consecuencias pues la normal Raúl Isidro Burgos ya carecía de recursos, víctima del odio del Estado, recordemos que el profesor Lucio Cabañas Barrientos secuestró a Figueroa padre. Lo mismo pasaba con los profesores de nivel básico. Incluso mis hermanos, fueron perseguidos cuando eran estudiantes y les tocó una que otra balacera por parte de judas.

Eran los 70, la guerra sucia, la época de la insurgencia de los profesores hartos del abuso (como hoy), de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, los días en que se desapareció al líder y campesino Rosendo Radilla Pacheco (Caso llevado ante la CIDH y donde ésta sentencia al Estado Mexicano por la desaparición forzada del líder atoyaquense) y que en el municipio de Atoyac, al menos, son más de 600 los desaparecidos y las heridas, las familias desmembradas por la desaparición forzada siguen exigiendo justicia, como hoy, como siempre.


En 1981 los profesores se lanzan a un paro y plantón en la Ciudad de México de 45 días, entre las calles de Argentina, Guatemala y Chile con la asistencia de más de 32 mil maestros  de 16 estados que llevaban el féretro de Misael Núñez, a quién, la cacique magisterial Elba Esther Gordillo lo mandó asesinar por ser un opositor a sus políticas –ya se decía que la Gordillo era amante de Carlos Jongitud Barrios “Elba Esther Gordillo, de cama en cama se ganó la fama”- era el grito disidente. En ese tiempo se decía que no era titulada, pero era hija de una profesora chiapaneca que obtuvo un interinato, donde empezó a posicionarse.

Al término del plantón, Figueroa ordenó que todos los que tuvieran facha de profesores y viajaran en los camiones los regresaran, pues la frontera sería cerrada para ellos. Entonces se “encabronan” los profesores y en Civac, Morelos, se deciden y hacen la Marcha de la Dignidad. Pasan a Tres Marías donde un profesor se niega a recibir a los profesores guerrerenses, pero una profesora valiente les dice “Pasen profesores, esta escuela la hizo mi padre y son bienvenidos”, después, reanudan la Marcha de la Dignidad hasta llegar a Ciudad Universitaria donde los alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNAM les dieron el mayor apoyo, instalaciones, comida y abrigo.

 Y como siempre, “ponemos a marchar a México con la Marcha de la Dignidad, con la mayoría de los profesores de todos los estados, marchó con nosotros el Pato Pascual, con todos los que habían marchado antes con nosotros y Rubén Figueroa tuvo que ceder”. “En las que ha andado tu madre”, recalca.

A mí me toca la responsabilidad de marchar, después del fraude electoral del 88, ese momento donde Manuel Bartlett dijo que “se cayó el Sistema” y el ganador era Carlos Salinas de Gortari y no Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Digo responsabilidad porque andas en el sol, aunque a los 10 años, uno no capta mucho, sabes que anda tu madre disidente con personas importantes, como la ocasión que me presentó a Don Heberto Castillo (para esa época el PRD ya había nacido y yo he de haber tenido 12 años).

Recuerdo que durante un mes hicimos plantón por el fraude, la lluvia era intensa, torrencial y todavía se definían las elecciones en el 88, y Félix Salgado Macedonio se fue a presentar al Congreso con dos costales de boletas quemadas, por el PRI, claro. En ese entonces lo apodan el “Diputado Costales”.
Desde entonces, entra a México el neoliberalismo, introducido por Miguel de la Madrid Hurtado y aplicado con Salinas de Gortari y los recortes a la educación se hacen más notables.
II

Marchar con maestros

Marchar con maestros es toda una odisea, el profesor tiene ya la formación de disciplina, se cuida la seguridad  en las marchas con lazos a los lados de las columnas y los compañeros cuidan las filas, y no se deja entrar a quien no es identificado. De hecho, el magisterio mexicano, se decía que era el mayor gremio en América Latina.

Los plantones son de aguantar vara, precariedad, improvisar baños y pernoctar en el frío de las noches de invierno, compartir tortillas asoleadas con sal, improvisar tiendas de campaña con plásticos para despertar en el suelo con el calor guerrerense si es en verano la lucha, y sentir, que el asfalto te quema. Las pintas y copias de los volantes salen de las coperachas, de los boteos que se realizan, las rifas. De hecho, los aumentos y logros salariales, sus derechos, han sido ganados por estar en paro, en plantones bajo la lluvia, por las golpizas o madrinas recibidas de los granaderos, las sanciones económicas, las órdenes de aprehensión que les giren, las mega marchas y protestas, las denuncias de las malas condiciones en la estructura educativa mexicana y su deficiencia. Y claro, también los llamados profesores charros (los del Sindicato Nacional de Trabajadores por la Educación –El SNTE- alineados a la Gordillo), o los profesores sin vocación, también salen ganando gracias a la lucha de los profesores democráticos, los de la Coordinadora Nacional de Trabajadores por la Educación (La CNTE).




III
72 horas de jornada de lucha magisterial por Ayotzinapa


Ayotzinapa retumba en la cabeza de todos, del panameño, el español, el francés, el canadiense, el brasileño, el venezolano, el cubano, el berlinés, el yaqui, el mazahua, el zapoteco, el amuzgo, el chontal, el náhuatl, el costeño, el norteño, en los oídos del taxista, el barrendero, la doctora, el panadero, el bolillero, el afilador, el académico, el político, el sicario, el halcón, la periodista, el rico, el pobre, el clase mediero, el neoliberal, el burgués, el apático, el estudiante, el preso político, el bien comido y el famélico, el sano y el moribundo. Retumba como trueno y temblor, como un tsunami después de ese 26 y 27 de septiembre donde murieron tres normalistas y tres civiles, y hubo más de 25 heridos y 43 normalistas desaparecidos por supuestos policías.

Ayotzinapa se ha vuelto canto, consigna, coraje, impotencia, odio, amor, rechazo, estigma, orgullo, tristeza, dolor, humanidad, perversidad y digna rabia. Se convirtió en el tema mundial y en otra jornada de lucha magisterial por Ayotzinapa.

Desde hace 37 días volvió a los escenarios la normal, a pesar que ya se conoce en la entidad la historia de carencias en Ayotzinapa, y no se olvida el asesinato del 12 de diciembre a dos normalistas en la autopista del Sol y que hoy, se muestra al mundo cómo se criminaliza a la normal rural y sus estudiantes, sólo por tener ideología socialista y “rumbo al comunismo” como dicen sus cantos.

Desde hace 37 días también hay marchas, confusión y protestas. Las marchas han sido multitudinarias en el país, y en la entidad, y como siempre, en Guerrero, de todos los movimientos sociales quienes llevan la batuta son los profesores disidentes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores por la Educación en Guerrero (CETEG), los “cetegistas”.

Hace una semana, después de la licencia de Ángel Aguirre Rivero y a dos días de la designación como gobernador interino del académico Rogelio Ortega Martínez, los profesores de la CETEG se enfrentaron contra antimotines y derribaron la puerta tres de Casa Guerrero –residencia del gobernador-. El 13 de octubre, los normalistas de Ayotzi y los maestros de la CETEG, radicalizaron la protesta para que aparezcan los 43 desaparecidos. También, se tomaron 24 alcaldías municipales, de los 81 municipios que hay, advertencia de los manifestantes.


IV
72 horas

Obvio que para esta reportera, saber de la toma de municipios, no se iba a perder la toma del ayuntamiento de Zihuatanejo de Azueta. Llegué el miércoles de Acapulco, luego de haber asistido a la mega marcha y todos los mítines que se han realizado por Ayotzinapa en ese puerto. Y a pesar que llegué tarde –Zihuatanejo está a 4 horas de Acapulco- sacamos la nota. El jueves estuvo programada la toma del aeropuerto internacional de Zihuatanejo, llegamos desde temprano –usualmente soy re floja para levantarme, pero la historia es la historia- los profes de la Ceteg ya estaban reunidos, dando indicaciones y coperándose para las cartulinas con consignas de protesta.  Las consignas “Aguirre y Ortega la misma chingadera”, “Hombro con hombro, codo con codo, Ayotzi somos todos”, “Rogelio, Ortega, Guerrero no te queda” o la de “Esta marcha va a llegar a la huelga nacional”. Los profes eran más de 300, sin sumar a los egresados de Ayotzinapa y al Movimiento Popular Guerrerense (MPG).



V
“Cuidado, cuidado, cuidado con Guerrero, estado, estado, estado Guerrillero”

Para las once de la mañana, entre relajo y advertencia, los profesores se animaron a gritar “Puerta, puerta”, “Quieren entrar? Sí”, “Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, dos, uno” “Gasolina, gasolina, “Cerillos, traigan los cerillos”, “vamos a abrir la puerta”, “lumbre, lumbre, lumbre” y se escuchó toque de tambores,  mientras los elementos de seguridad privada del aeropuerto, palidecían de los nervios. Ya saben, esos profes son unos “loquillos”.

Al final, cruzaron la línea que los dividía y frente a frente con los elementos de seguridad, dejaron la manta de la CETEG como señal de “Aquí estuvo la Ceteg”. El jueves de la toma del aeropuerto todo terminó en risas pues aclararon que no eran indisciplinados pero gritando el “Nos vamos, nos vamos, pero luego regresamos!” y riendo a carcajada abierta.




La prensa, local y estatal llegó tarde, por lo regular en Zihuatanejo los reporteros no se llevan con la Ceteg, -tal vez sea en todos lados, a mí me libra que soy hija de disidente y varios de los profes cetegistas me dieron clase desde niña, siempre han estado, hemos vivido en la lucha magisterial- y ese jueves se enojaron porque “no les avisaron los profes” yo sostengo que en estos momentos de que hay redes sociales  y la información se desborda, uno no tiene que esperar el momento, te unes y ya sabes tu lugar como reportero, estar ahí, con o sin invitación y ser espectador (o partícipe según la circunstancia).

Pero ayer se tomó la Caseta de Feliciano, desde las siete y media de la mañana ya estábamos congregados para irnos con el profe Sergio Guinto (uno de los líderes) y la profa Josefina Gallardo (coordinadora en el municipio). Las profesoras que llegaban ya bien listas, algunas llevaron su olla de café y vasos de unicel, naca tamales y pan, pues un día antes, los profesores advirtieron que la jornada de las toma de Caseta de Feliciano que limita ya con Michoacán, sería larga (Algo que ya sabíamos, ya nos ha tocado esa experiencia). Para las 8 y cuarto, ya nos estábamos subiendo a los carros directo a municipio de La Unión, donde termina Guerrero.

VI
De a 20 pesos, profe

Antes pasamos a cargar gasolina, bueno, ellos, yo sólo iba de pegoste escuchando la plática cuando en la camioneta una de las profesoras pregunta de a cuánto la coperacha para la gasolina “De a 20 pesos, maestra”. Durante el camino a Feliciano, una de las profesoras iba contando que de joven tenía que venir a Zihuatanejo, pero en Tecpan se quedó sin dinero  y un profesor de Ayotzinapa que la acompañaba le dijo “no se apure profa, nos vamos de a raid”- “¿Cómo de a raid, profesor? Orita va a ver a profa –me dijo- y dicho y hecho, llegamos hasta Petatlán de a raid y a Zihua, y luego fuimos a Lázaro (Cárdenas). Esa vez aprendí lo que es andar con un profesor de Ayotzinapa”, dijo entre risas.

El profesor Guinto, que es de los que más hablan al micrófono, es egresado de Ayotzinapa, ronda como en los 55 años, su discurso es como el de todo maestro disidente, “democrático” se auto nombran. El profe iba contando de que desde sus estudios en Ayotzinapa, ya había carencias y tenían que caminar de Tixtla al internado pues no había servicio de combis como ahora. “No maestra, tenemos que protestar porque, ¿qué es delito, que el hijo del campesino quiera estudiar, ese es su delito, por eso los matan?”.



En las protestas, los profesores siempre pagan de su bolsillo, de su salario. Se llenó el tanque y arrancamos rumbo a Feliciano. En la caseta se hizo mitin, y todo inició con su nombre: “Ayotzi viveeeeeeeee, la luchaaaaa sigueeeeee”. Se colgaron las mantas de protesta, se habló con el encargado de la caseta que se dejaría libre acceso, y todo comenzó. De la sección XVIII michoacana llegaron como 100 profesores disidentes, (el magisterio michoacano es de los más entrones), aparte los cerca de 200 profesores guerrerenses, los egresados de Ayotzinapa y el MPG. Y dos niños que vendían chicharrones y plátanos fritos (botana tradicional), y solamente la reportera del Sur de Acapulco y la que escribe esta odisea.

 Los profesores son un relajo, entre consigna y consigna hacían bromas para aguantar “la calor” y se turnaban al micrófono para informar a los automovilistas del crimen de lesa humanidad que sufre Guerrero, de la perversa desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa “que pudieron ser nuestros hijos, o sus hijos”.



Los profesores, subieron a varios autobuses con destino a Uruapan de las líneas Parhikuni y Purépechas a informar de la situación de violencia y dolor que vive Guerrero, y también, botearon (como se hace en la lucha en busca de la justicia), igual que lo hacían los 43 chicos normalistas de Ayotzinapa hasta el negro septiembre pasado.

Y también, los pasajeros de los autobuses y los choferes, cooperaron, solidarizándose con las familias de los normalistas desaparecidos, sin violencia por parte de los maestros, sin ninguna amenaza a los conductores, tal y como lo hacían los normalistas de Ayotzinapa en sus salidas para buscar recursos para su manutención escolar, contrario a la guerra mediática realizada por  el gobierno estatal y federal contra la normal de Ayotzinapa, y que por desgracia, el ciudadano de a pie, aquel, que sólo ve Televisa y TV Azteca, creen ciegamente que los maestros y normalistas y todo el que piense diferente, son vándalos.

A las 11 de la mañana, los maestros disidentes, repartían bolillos y refresco para aguantar el calor del asfalto- incluso nos tocó comer un bolillo con frijoles y chorizo y queso-, repartían fruta, o jícama con chile y limón y unas profesoras listas, para juntar cooperación, vendían cubitos con chamoy (paletas en bolsita). 

Los profesores dentro de su formación de lucha, te comparten siempre lo que lleven, se cuidan demasiado, se saben grupo, gremio, equipo, se saben en riesgo y estigmatizados. Pero también, como dice el profesor Guinto, “el profesor debe ser un agente de cambio que influya en las nuevas generaciones. Debemos de unirnos y hacer que los alumnos piensen, sensibilizar a los padres porque ese es nuestro trabajo”.







Los reporteros del ABC de Zihuatanejo, Televisa y Novedades Acapulco llegaron al mediodía, los profesores les negaban información y sólo hicieron unas tomas los reporteros y se fueron, los profesores saben con quienes sí pueden dialogar como prensa y quienes los golpean, bastantes golpes mediáticos han vivido, por eso la consigna de “prensa vendida por eso estás jodida” que, por desgracia, a muchos reporteros ofende sin recordar, la prensa mexicana, los “chayoteros” hicieron fama y hoy, los que tratan de hacer un  nuevo periodismo son atacados. La memoria y la herida en el magisterio no cierra.

Casi al terminar, los botes de lo recolectado los recogía la profesora Elizabeth y bajo acuerdo común, le dieron un bote de cooperación a sus colegas del municipio de Petacalco “para sus copias y pasajes” y porque es, como la mayoría de los municipios en Guerrero, de los más abandonados por los tres niveles de gobierno.








Para la una de la tarde regresaba con los profesores, en la misma camioneta, con las mismas indicaciones y la misma disciplina que veo desde hace años. Escuchando que “mire profe Guinto, sabemos que es un mito eso de que el gobierno da todo –para las escuelas- eso es falso, nosotros siempre terminamos poniendo y tenemos que pedirle a los padres, y luego se enojan”.  Luego dejé de escuchar, recargué la cabeza en la ventanilla de la camioneta y me dormí un rato víctima de las cuatro horas de insolación yendo de un lado a otro y brincando y gritando para tomar buenas fotos y detalles.

Pero algo me queda claro, el magisterio guerrerense, el disidente, en éste país, es un ejemplo de organización política, con disciplina y a la vez solidaridad con las causas populares. También, que por su discurso revolucionario al igual que Ayotzinapa y todas las normales rurales, y todas las universidades públicas o privadas, el hecho de enseñar a leer y escribir, a pensar, discernir y ser críticos, es sinónimo para éste gobierno, de delincuencia. Yo me asumo una delincuente, soy hija de profesora rebelde, Pero en la calle y la casa, marchando o no, me enseñaron que “El maestro, luchando, también está enseñando”.



Fotos: Hercilia Castro Balderas

@HerziliaKatito

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