giovedì 20 novembre 2014

Crónica tardía de la marcha por Ayotzinapa del 18...

El dolor, la solidaridad, la dignidad, el camino…
Hercilia Castro


Zihuatanejo, 19 de noviembre. El dolor y la rabia llegaron por la madrugada ayer martes, bajaron del camión acompañados de más de 100 jóvenes normalistas provenientes de Guerrero, algunos de Puebla, y reporteros de diversos medios, estatales e internacionales según se supo.

El dolor bajó en el rostro de madres y padres llevando en alto las fotos de Luis Ángel Abarca Carrillo, Mauricio Ortega y Magdaleno Rubén Lauro Villegas, del rostro hoy finado de Julio César Mondragón. El dolor bajó, despertado desde ese sangriento 26 y 27 de septiembre en que 43 estudiantes de la normal Raúl Isidro Burgos fueron desaparecidos, más de 28 heridos, y seis civiles entre ellos tres normalistas, fueron asesinados.

El dolor va con manos de campesino, con las enaguas de una mujer trabajadora, de un padre que se parte la madre todo el día, va recorriendo todo el país, tal vez salga de éste país mal herido, destrozado, con un número sin fin de desaparecidos, un dolor antiguo que permanece en el pueblo. Llegó a Zihuatanejo y nos contagió de llanto, dignidad y sed de justicia.

Los preparativos

El estrés ya ha minado a los profesores de la Ceteg, los que más permanecen “al pie del cañón” en Zihuatanejo. Toda la semana pasada estuvieron preparando el recibimiento, armando la estrategia y logística, la seguridad –mucha seguridad- para resguardar a los padres de Luis ángel, Mauricio, Magdaleno y Daniel Solís Gallardo oriundo de Zihuatanejo y asesinado el 26 de septiembre pasado en Iguala. Se les notan las ojeras y las mal comidas, el cansancio. Aun así, el domingo que llegó Antonio, normalista de Ayotzinapa del tercer grado le apoyaron para la brigada de reconocimiento en donde se llevaría a cabo el evento de los padres de los normalistas.

La presencia mayor es de la Ceteg, pero la voz de que llegarían los normalistas y los padres de los chicos desaparecidos se extendió como pólvora en el pueblo. Algunos con rechazo y morbo preguntaban, otros, preguntaban en qué podían apoyar. Frijoles, arroz, enlatados, agua, hielo, mesas, vitroleros, paquetes de vasos de plástico, dinero, colchonetas, mantas, llegaron en el transcurso del lunes para el evento de la caravana.

Incluso, el alcalde de Azueta –que apenas hace dos días se le nombró en la lista de 12 alcaldes con nexos con el narcotráfico- Eric Fernández Ballesteros, supo ser político –no solidario- y ofreció como apoyo las instalaciones del ayuntamiento que desde hace más de 3 semanas permanece tomado por la Ceteg, para que pernoctaran los visitantes, y también, ofreció el desayuno y comida.

La madrugada del martes, el comité de la Coordinadora Estatal de Trabajadores por la Educación en Guerrero (Ceteg)  recibió a la caravana “Julio César Mondragón” y el cansancio de la profesora Lorena –encargada también de prensa de la Ceteg Zihuatanejo- fue recompensada con la presencia de los padres de los normalistas.

El almuerzo

Alrededor de las once ya hay movimiento, el movimiento de la fuerza, la digna rabia, la alegría, el amor y la juventud en busca de sus compañeros. Un cordón impide el paso a las carpas improvisadas con plásticos, es por seguridad, claro. Los profesores cetegistas saben que deben resguardar con su vida “sobre tu vida” a los padres de los desaparecidos, cuidar a 120 personas que hoy recorren toda la entidad para llegar sanos y salvos a la marcha más grande del mundo –reza en internet- del 20 de noviembre. Hay ceviche para los invitados.


No tenemos problemas para entrar y salir, desde una noche antes se dieron las acreditaciones y los reporteros que hoy llegan ya les cuesta más trabajo acceder. Les permiten la entrada. Ahí está el profesor Salvador. Es egresado de Ayotzinapa, maestro bilingüe en la única escuela primaria bilingüe de Azueta, la Netzahualcóyotl. Ya lleva casi dos meses en Chilpancingo y Acapulco, reforzando el plantón de Ceteg en nombre de la Costa Grande. Literal, viene de visita. Está acompañado de su familia, todos tenemos, tienen familia.

Entran los reporteros, el de TV Azteca, El Sur, Despertar de la Costa, ABC de Zihuatanejo, se acercan, observan, los padres del chico asesinado Daniel Solís Gallardo  se encuentran presentes. El reportero de TV Azteca mete el micrófono para entrevistar a la mamá de Luis Ángel, ella se da cuenta y reniega que a Televisa no, el reportero se enoja “Así cómo quieren que se les ayude”, reclama. El profesor Malaquías y otros le piden al reportero que se aleje y restringen las fotografías.

 La madre de Luis Ángel sólo está herida, los padres son el dolor andando, la impotencia, están cansados de tanto andar buscando respuestas, no quieren más entrevistas, sólo quieren abrazar a sus hijos, pareciera los medios no sintieran, a veces.

La profesora Lorena permite que entremos a tomar fotos al ayuntamiento para que se vea no hay desperfectos, sólo están los chavos de las normales acostados, sus rostros desvelados pero animados, se contagia la juventud, la fuerza. Pero la profesora tiene temor, no lo dice pero sí  le preocupa la mala propaganda mediática, sobre todo los “bots” que han criminalizado la protesta social, la lucha de esos padres de 43 normalistas desaparecidos, de esas mujeres y hombres que sólo quieren volver a abrazar a sus hijos. Los quieren vivos, y de vuelta.

La marcha

A las 12 en punto comienza a llegar la gente, maestros, madres de familia con sus bebés en brazos, niños menores de 10 años, mujeres embarazadas, profesoras, ancianos, los normalistas, campesinos de la sierra de Vallecitos, la prensa, organizaciones sociales como Pastoral Social o la Red de Organizaciones Ambientalistas de Zihuatanejo (Rogaz), la Ceteg. Hombres, mujeres, hombres, mujeres, simples ciudadanos, guerrerenses.

Los padres de los normalistas adelante, atrás los contingentes de Ayotzinapa y de las normalistas de la Escuela Superior de Educación Física, de la normal Vigurri, de los azuetenses conscientes y la Ceteg. A la vuelta del ayuntamiento de donde salen, está  un grupo de empleados del ayuntamiento con una manta en apoyo a los normalistas. Se suman también unas jovencitas de la Preparatoria Número 13 de la UAG, luego, el contingente sigue y se suman chicos de la secundaria José Martí. El contingente da vuelta por “El pollo feliz”, ha crecido, ya no se ven pocos, son más de 2 mil pues no termina de pasar la gente.

El mismo grito retumba, “Ayotzi Vive”, las consignas se aceleran, hacen que retumben en Zihuatanejo, son el eco del mar, la vida exigiendo a Luis Ángel, Magdaleno, Mauricio y Daniel.

La gente en las aceras observa, reticente, toman fotografías, esperan actos “vandálicos”, esperan que “esos encapuchados” destrocen vidrios. Pero no hay infiltrados ni los normalistas van encapuchados, apenas y los de Ceteg llevan mecates a los lados para cuidar la manifestación y sus palos al frente por si llegara la policía a molestar. Pero no, no es necesario. Van miles exigiendo justicia, a la una de la tarde, a pleno rayo de sol costeño.

Los normalistas cantan sus consignas, su voz es de guerra, están enojados y con justa razón. Siempre han sido los despreciados, los olvidados, los marginados, los golpeados y asesinados, pero aquí todos estamos vivos. Se da la vuelta al pueblo, en la calle cinco de mayo una chica se mete a cerrar la puerta de vidrio del negocio donde trabaja, pero los manifestantes sólo quieren informar lo que pasa.
Al llegar a la plaza de la Libertad de Expresión comienzan los discursos, los profesores de la Ceteg hacen énfasis en sumarse al dolor de los padres de los desaparecidos. Y es la primera vez en que esa plaza, que hace tributo a su nombre, se llena con más de 100 personas, algo inédito en esa plaza donde sólo los comerciantes y los desempleados van a hacer tiempo.

El padre de Mauricio Ortega dice que no está en Zihuatanejo por gusto “y no vengo por gusto, vengo porque mi hijo está desaparecido. En esa fecha, en ese 26 de septiembre, tengo un hijo todavía aquí que en segundo va, señores en ese momento ese día en la noche me dice mi hijo que a su hermano lo acaban de secuestrar, en ese momento con su mamá, sentimos como una navaja en el pecho, en ese momento le dije a mi esposa me voy, me dijo pues vete. Cómo estará mi hijo, a dónde se lo llevaron, señores ese día no comí por andar buscando a mi hijo en Iguala, se llegaron los 43 padres de familia. Fuimos a buscar a nuestros hijos, a dónde tenían a los muchachos. Fuimos con los muchachos de la normal de Ayotzinapa, fuimos a buscarlos, por en contra a nuestros hijos a los 43, desgraciadamente fuimos de la policía preventiva, fuimos al cuartel, no hay nada. Los padres de familia nos preguntábamos: A dónde cabrones se los llevaron, a poco los enterraron. No es justo. Esos cabrones no sabemos a dónde se los llevaron”.

Reclama, exige que vuelvan, está harto de mentiras, su tono de voz exige a Mauricio, y convoca a los asistentes a que el 20 vayan al Distrito Federal y se saque a Peña Nieto. Le aplauden, su dolor se contagia, su rabia.

La madre de Luis ángel, doña Mercuria Carrillo hace lo mismo, habla de su muchacho y cuenta su dolor “porque desde que mi hijo desapareció me siento muy mal, no sé cómo se encuentra mi hijo, si está vivo, si está muerto, si come, si no come, les pido que nos ayuden a encontrar a los muchachos porque ya estamos muy desesperados los padres porque no encontramos a nuestros hijos”. Su angustia se desborda, termina con un “porque yo, yo siento que me voy a volver loca”.





El llanto empieza a salir de los ojos de muchos de los asistentes, no se puede contener la rabia, la desesperación de esos padres y madres. Incluso la mamá de Daniel, que sabe hoy dónde descansa su hijo, no aguanta el dolor y se le quiebra la voz, está a punto de desmayarse, todos guardamos silencio, todos tiene ganas de ir a sostener a esa madre para que no caiga.

 Va su hija, la detiene y sigue hablando y cuenta que su hijo estudió en la secundaria técnica 52, “dicen que ahí estudian drogadictos, mi hijo no fue drogadicto, mi hijo fue a la preparatoria número 13 (de la UAG) me dijeron tu hijo se va a volver marihuana, no se volvió marihuano, eso no es cierto, en Ayotzinapa no aceptan a cualquier alumno, aceptan a quien verdaderamente quiere servir al pueblo- agarra valor y continúa- Peña Nieto se fue a China a ofrecer empleos, pero a quién se los va a dar si no hay gente profesional, si están truncando sueños, desapareciendo jóvenes que quieren salir adelante, están quitando las escuelas para la gente pobre, dónde va a quedar la gente pobre si no la dejan salir adelante”. No puede más y el llanto le gana.

Así el padre de Magdaleno,  se lee una carta de una madre de los normalistas desaparecidos que termina en un “Te estoy esperando hijo…porque sin ti no voy a sobrevivir”.

Todos los que pasan al frente tiene algo qué decir, algo qué reclamar, hasta una niña pide la palabra. Una profesora lee un escrito defendiendo a los vándalos, “a esos vándalos que hoy luchan por un mejor país”. Al acabar el mitin regresan los padres con los contingente al ayuntamiento a recoger sus cosas para irse a la escuela Sor Juana Inés de La Cruz.

Dan las tres de la tarde, apenas y tenemos tiempo de mandar el avance y redactar la nota completa para irnos a la reunión cerrada de los normalistas con los vecinos, ciudadanos y organizaciones sociales. 

La conferencia para los medios sería a las seis de la tarde, pero la seguridad alrededor de padres y normalistas es demasiada. Los reporteros afuera esperan que les den permiso de entrar, unos comienzan con su deplorable opinión sobre el movimiento, renegando, mal diciendo, como si fuera obligación de los padres volver a contar el dolor que desde hace 55 días atraviesa a la entidad, al país, al planeta entero.

Nos dejan pasar. Entre el jaloneo y el ruego, lo que se deciden y no, permite Juan José Vázquez Miranda vocero de Ayotzinapa que los medios estén presentes. Comienzan las preguntas y se enfocan en lo mismo, qué mensaje darán a los detractores, si harán medidas radicales, la misma pregunta. Se tensa el normalista, está cansado como sus compañeros de saberse perseguido y criminalizado por estudiar en Ayotzinapa. “Ya les aclaramos que no venimos a hacer nada malo” dice enojado.

En el turno de preguntas sólo atinamos a preguntar si los padres de Daniel seguirán en la lucha y qué pasará después del 20 de noviembre, si seguirán las brigadas contesta y se aclara que no es la postura de uno incomodar “sí cierto muchos no conocen la historia de las normales rurales. Para qué queremos saber, nosotros queremos saber dónde están nuestros 43 compañeros. Le pegaron al estudiantado, le pegaron a Zihuatanejo, le dieron a uno de sus jóvenes se los quitaron de la manera más ruin –recibe aplausos- y ahora, después del 20, claro que vamos a seguir hasta las últimas consecuencias, caiga quien deba caer. Lo único que buscamos es que aparezcan nuestros 43 compañeros, eso- pero los papás de Daniel van a seguir- sí, los papás de Daniel van a seguir”.


Vuelven a preguntar sobre la desinformación y criminalización de los jóvenes, de la campaña sucia y Juan José se molesta respondiendo que se tuvo mucho tiempo para hacer preguntas diferentes, aclara que es el gobierno quien desde el 12 de diciembre de 2011 se ha ensañado con la normal, recordando el asesinato de Alexis Herrera Pino y Gabriel de Jesús Echeverría. Al final, los asistentes comienzan a gritarle a los medios que se salgan y a gritar “Prensa, prensa, prensa, si tienes dignidad, habla con la verdad”. Los reporteros se salen enojados y uno se amacha a no salirse.

Al final, los medios hacen su chamba, como pueden y les dicta la tradición, aunque en su imparcialidad se sienta la frialdad y que olvidan nacieron ciudadanos antes que reporteros.
 La reunión privada en la Sor Juana Inés de la Cruz fue al final para concientizar a los asistentes de la lucha de Ayotzinapa. No se vieron estrategias, no se contó algo más, intervinieron los vecinos y los asistentes.

La disculpa

Un hombre se levanta y dice: “Antes que nada, quiero pedirles una disculpa, quiero pedirles una disculpa porque a mí me habían dicho otra cosa de ustedes –el movimiento- y decirles que yo también soy padre de familia, tengo dos hijos. Y los entiendo. Y yo estaría haciendo lo mismo en su lugar y no sé qué más haría si me quitaran un hijo. De todo corazón perdónenme”. Está a punto de llorar, es empleado del ayuntamiento. Todos le aplauden.

La mala propaganda de violentos al movimiento existe, y ese hombre no escapó de la influencia de los detractores, de los que pagan por denostar a los normalistas, de denigrar la humildad y la pobreza, las ganas de salir adelante.

Todos tiene algo que contar, un coraje, una rabia, una frustración, pero no hay quien calle lo mal que le va con el gobierno.

El reclamo

Un profesor reclama en la reunión la pasividad de los mismos de Ceteg, pues en los casi dos meses, son pocos los profesores de Costa Grande los que han ido a apoyar en las marchas y el plantón de Chilpancingo, reclama que vayan, que si de verdad están con el movimiento y que lo mejor que pueden hacer los asistentes es que vayan a la marcha del 20. Reclama la nula participación y algunos profesores callan. No saben qué decir, pues saben así son muchos, sólo apoyan económicamente pero lo más pesado recae en los dirigentes. 

Sin embargo, al movimiento magisterial nada lo detiene porque, uno nunca sabe de dónde sale tanto profesor en las marchas que hace retumbar el estado y contagia de energía para la lucha, para cambiar éste país. Pero eso, no lo saben los profesores.

El discurso

Antonio es de Chiapas, es alumno de tercer año en Ayotzinapa, dicen que apenas tiene 18 años, pero parece de 16. Se para frente a los asistentes y dice “Murillo Karam ya mató tres veces a nuestros compañeros. Eso no se vale, no se vale que jueguen con nuestros sentimientos, que estén con todas esas mentiras, porque sabemos que fue el Estado”.

Sus palabras no son las de un chico convencional son de alguien que ha vivido en la pobreza, las palabras de ese niño que crece con carencias y aprende a valorar lo que tiene y le dan sus padres, las oportunidades que tenga y lo hagan ser un hombre de bien. Habla de la libertad, explica que las trasnacionales y monopolios han vuelto dependiente al mexicano “ustedes ya no son libres, ya no somos libres, porque la libertad no es aquella que se compra”.

“De qué me sirve un pacto si no tengo seguridad, si mi pueblo se está muriendo de hambre”, dice.

Pide a los asistentes que reflexionen, que despierten, que se muevan a defender para que no sean sus hijos los próximos afectados, los asesinados, los desaparecidos. Habla  de que nos debemos de sentir orgullosos de tener bastantes recursos naturales, pero tristes porque “esos recursos naturales ya no les pertenecen”.

“Si eres gusano arrástrate, si eres águila vuela, pero no te quejes cuando te aplasten”, recuerda a Zapata.

Su discurso es nítido, claro, es un líder y continúa hablando de que “en la normal y en la sociedad somos familia. Yo a ustedes los veo como si fueran mis padres”.

No es un simple discurso, muestra la unidad y la fraternidad en la normal, no ve a sus compañeros como eso, son hermanos, en la normal les enseñan a verse como parientes.

“No se metió con estudiantes del Instituto Politécnico –el gobierno-, de la UNAM, se metió con la normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa”, recuerda.

Al final los padres y normalistas de la caravana Julio César Mondragón, uno de los normalistas que fue desollado ese aciago 26 y 27 de septiembre, se retiran y los profes de la Ceteg pasan una ronda de los videos que circulan en internet recordando las masacres que ha vivido éste país, desde el 68 hasta la noche tormentosa de Iguala.

Algunos se retiran, otros comienzan a levantar las cosas, están con los preparativos pues esta noche salen para el DF. Nos ofrecen un plato de frijoles negros con morisqueta y agua de ciruela cimarrona con naranja. La noche cierra, y otra vez el movimiento de Ayotzinapa se fortalece.

La dignidad hoy se llama Ayotzinapa.











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