martedì 31 dicembre 2013

La congoja de Esperanza

La congoja de Esperanza


Hercilia Castro


Y líbranos de todo mal…


Esperanza se retuerce, se lleva las manos a la boca, como si fuera a comerse así los problemas, ni si quiera ha disfrutado el recalentado de Navidad en El Barrio como tenía planeado, sigue sin encontrar a su hermana, se equivoca al marcar de número de celular. Necesita sacar a su chamaco de la cárcel.

Vieras cómo me la paso tronándome los dedos, pensando en mi chamaco, yo pensé que se alejaría de sus tíos pero no, no me quiere hablar, no me habla, y yo estoy segura de que anda en malos pasos, nomás de pensar que está cerca de sus tíos y que ya le ofrecieron trabajar en eso la droga- más me pongo nerviosa.
…………..

-¿Y tú hijo?

-Mi chamaco ya cayó, yo tanto que los alejé de la familia pero pues decidió irse con sus tíos, ya anda en la droga allá arriba –en la sierra- no me ha dicho nada, pero yo lo sé porque me dijo mi otra chamaca, le dije que le diga que me hable, total, es mi hijo, qué puede ya hacer.

Esperanza no tiene más estudios que el tercero de primaria terminado, aprendió a ser mujer desde que era niña,  levantándose temprano para hacer el nixtamal, yendo a la milpa con el papá y las hermanas, cortando leña con su madre, con los soldados entrando y matando a los campesinos, en la ignominia al campo y la felicidad de correr por las milpas de maíz, con las costumbres añejas de que el hombre puede hacer lo que se le antoje mientras sea señor de la casa y la mujer sólo obedece.

Allá en la sierra vieras cómo se sufre, a veces no hay para comer, pero antes sufríamos más, antes de que llegara la droga, pero cuando llegó la droga todo cambió. Allá arriba los campesinos la sembramos porque si no te mueres de hambre.


Alta, de ojos claros, cabello largo y oscuro, de cuerpo firme y voluptuoso y tez blanca, madre de cinco hijos, Esperanza relata que siempre ha sido dura la vida para los campesinos, inmersos a dos fuegos, el del Ejército y el narco. Su lógica raya en la simplicidad, si hay de comer todo está bien, si te traicionan, se mata, con la única ley que es la Ley del Talión, ojo por ojo, diente por diente.

Ahora vive en una colonia marginada, lo único a lo que pueden acceder los desplazados por la violencia, aquellos al que el Estado olvidó de dar oportunidades.

Allá en la sierra las reglas son diferentes, todos cargan su cuerno de chivo, no es como acá abajo –la ciudad-   que se arreglan las cosas en los juzgados, que todo lo resuelven con demandas, allá no, allá si hay problemas lo arreglan de otra manera.

Ella sabe lo que es vivir entre familias que se han hecho al narcotráfico y quienes no, por eso mismo huyó hace 17 años de la Sierra de la Costa Grande, cuando tuvo que decidir entre que sus hijos vivieran alejados de los grupos del narco o darles una vida con estrecheces pero tranquila.

Yo sé cómo se siembre la droga, yo corté la amapola, sé cuándo se debe cortar, cuando está buena la leche, la goma, dice mientras sigue barriendo.

Originaria de Corrales, municipio de Petatlán, Esperanza conoce los atajos y caminos de terracería, las carencias de la sierra, el abandono oficial a la educación, la salud y principalmente al campo.

La sierra de Petatlán que en el último sexenio del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa sufrió más incursiones militares a las comunidades, donde los pobladores sufrieron desde tortura, hasta saqueo de sus hogares.

Yo me vine para abajo –la ciudad- porque me cansé de huir, me cansé de tanta violencia, mi marido era matón de Roga (Rogaciano Alba Álvarez) pero me cansé de que siempre andábamos de un lado para otro, huyendo, y de pensar que mis hijos se iban a morir en cualquier momento, por eso hui.

Esperanza es una de las tantas mujeres que crecen entre el machismo y el abandono, mujeres que van a ciegas, teniendo hijos y observando cómo sus familias se dividen, entre la necesidad de alimentar a los hijos y la de defender con las armas a sus pueblos.

Al menos, eso es con lo que coincide el activista del Frente de Organizaciones Democráticas del Estado de Guerrero (Fodeg), Bertoldo Martínez Cruz, quien expresa que “Los campesinos no tienen más que dos caminos, hacerse a la droga o a la guerrilla”, subrayando que el factor para esas decisiones es el abandono del gobierno a las comunidades en la entidad.

La llamada Guerra contra el Narcotráfico, instaurada por Calderón Hinojosa no rindió los frutos que esperaba, contrario a ello, se acrecentó el problema de las violaciones a los derechos humanos.


Por ejemplificar, el pasado 28 de junio, comuneros de la sierra baja de los municipios de Tecpan y Petatlán, denunciaron la tortura contra dos jóvenes por parte de elementos de la Marina en el punto de Río Frío.

Coyuquilla Norte, Santa Rosa de Lima, Casas Viejas, El Parotal, El Anono, El Anonito, El Camarón, Corrales denunciaron el secuestro y tortura que se hizo a los jóvenes Lorenzo Álvarez Sánchez y Rafael Álvarez Sánchez de 19 y 20 años de edad.

Entre las torturas, Rafael y Lorenzo sufrieron ser atados de pies y manos y durante el interrogatorio, les fueron aplicados jeringazos con chile, sal y limón en las fosas nasales, así como los elementos de la Marina les pusieron bolsas de plástico en la cabeza.


Los comuneros, relataron que le cerraron el paso a los marinos, por lo que no tuvieron más opción que regresarlos a sus familias.

Al final de esa tarde, el coordinador de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Guerrero (Coddehum), Adelaido Memije Martínez, recibió seis denuncias por abusos de mandos del Ejército y por la tortura a los hermanos Álvarez Sánchez.

Dos días antes del 28 de junio, pobladores de Coyuquilla Sur, Los Laureles, Santa Rosa, Arroyo Seco y Coyuquilla Norte  bloquearon la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo en exigencia de que la Marina regresara a “su patrón”, el empresario  de mangos Pablo Valle Torres., quien también fue víctima de tortura.

Esperanza sabe que las cosas son difíciles en las comunidades serranas, “la sierra”, una selva (a pesar de tener grandes bosques) de peligros en la que crecen los jóvenes, y donde es inaccesible la educación, donde las mujeres, pueden morir en un parto a falta de médicos y clínicas de salud.

Sabe que las familias serranas (En toda la entidad) viven entre la espada y la pared, entre los hermanos que “se hacen a la droga” y los campesinos que sin el apoyo del gobierno siguen tratando de cosechar su maíz y frijol, sufriendo que muchas veces no tengan qué comer.

Sabe también, que los campesinos que tratan de llevar una vida fuera del narco, serán los más expuestos a sufrir las vejaciones y tortura por parte de las fuerzas armadas.
Sus manos están curtidas de golpes, hambre y dolor.



Ya salió mi chamaco- dice con una sonrisa que le ilumina la cara.

¿Tú hijo el que está arriba –en la sierra?

-No, mi otro chamaco que está en el Barrio, lo acusó mi nuera de que la golpea porque se enojó pasáramos navidad con ellos, está loca, pero ya salió.


 *Fotografía: Hercilia Castro (Gato)

@HerziliaKatito




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