lunedì 10 dicembre 2012

Con miedo constante y en la marginación, viven los desplazados en Puerto las Ollas


Improvisan casas de madera y cartón, sin acceso a agua potable y servicios básicos

Con miedo constante y en la marginación, viven los desplazados en Puerto las Ollas

ARTURO DE DIOS PALMA ( Corresponsal)
Puerto las Ollas, 7 de diciembre. Las 105 personas, entre mujeres, hombres y niños, que se desplazaron de la comunidad de La Laguna a Puerto las Ollas, no sólo tienen en común el temor de vivir bajo la constante amenaza de morir por un grupo delincuencial, sino también los une la marginación y la indolencia gubernamental.
La mayoría son niños y adolescentes, 68 según el registro levantado por las organizaciones sociales que los han respaldado, bien se les puede llamar sobrevivientes. En los últimos siete años, dijo Bertoldo Martínez Cruz, representante del Frente de Organizaciones Democráticas del Estado de Guerrero, han muerto aproximadamente unos 30 vecinos de La Laguna, todos han tenido como huella la indeleble la violencia de su muerte.
La Laguna es una comunidad asolada desde hace muchos años atrás. La lucha por detener la tala inmoderada y por el control del territorio tiene aproximadamente unos 15 años. Sin embargo desde 2011 a la fecha, la violencia en contra de la comunidad se ha recrudecido.
Hace un año, en mayo, 148 personas, 43 más que en 2012, se desplazaron de La Laguna a Puerto las Ollas. Las mismas razones, los mismos miedos: morir a manos del grupo de la delincuencia organizada.
Pero el desplazamiento de este año es diferente. En esta ocasión las 105 personas ya no salieron con su líder, Juventina Villa Mojica, que fue asesinada justo el día en que estaba planeada la huída. Pero en el fondo, este nuevo desplazamiento es igual al anterior. Los pobladores de La Laguna se enfrentan nuevamente a la marginación, la vida casi, casi inhumana.
La comunidad de Puerto las Ollas, donde se encuentran actualmente, es pequeña, no más de 20 casa son las que se encuentra ahí. Por ahora, está dividida: la calle, principal, si así se le puede llamar al camino de terracería que atraviesa la comunidad, separa a desplazados y a nativos.
De un lado, en una lomita, están los 105 desplazados, tres o cuatro casitas, construidas de pedazos de madera, cubiertas de cartón, con piso de tierra, sin agua potable, sin luz eléctrica, sin drenaje, teniendo tres piedras como cocina y el monte como baño. Tampoco tienen una escuela, o por lo menos un aula donde puedan estudiar los 68 niños y adolescentes; no tienen, en caso de una enfermedad, un lugar donde un médico los atienda. No tienen ni sus hogares, ni sus tierras ni animales.
Allá en su pueblo, dejaron sus 130 vacas y sus 30 marranos, pero también tuvieron que abandonar las 200 cargas de maíz que lograron sacar de las 15 hectáreas que sembraron este año y la pequeña aula donde los niños eran atendidos por cuatro profesores.
Del otro lado está Puerto las Ollas, donde las condiciones son similares, pero no tan lacerantes. Ahí tienen un aula, donde asisten los niños a estudiar, tienen tierras donde sembrar, por lo menos para su autoconsumo.
Puerto las Ollas, donde están las comunidades, está a casi cuatro horas de la civilización, de los servicios, de la educación, pero muy lejos de la justicia.

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2012/12/08/index.php?section=sociedad&article=005n1soc

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