
Niños, los más vulnerables a estos padecimientos, alerta el director de Salud de Acapulco
No hay infraestructura ni médicos suficientes para enfermos mentales en Guerrero, aceptan
Además de la depresión, también hay alto índice de bipolaridad, esquizofrenia y distimia
MARISOL WENCES MINA
“Realmente nos da pena hablar de eso, es una situación muy triste, pero ni el municipio, ni la Secretaría de Salud cuentan con la infraestructura suficiente para atender los casos de enfermos mentales ni para contabilizarlos”, lamentó el director de Salud de Acapulco, Anselmo Moreno Galeana, en entrevista para La Jornada Guerrero.
No sólo es la depresión, sino también el trastorno bipolar, la esquizofrenia, la distimia, y toda una gama de padecimientos mayores y menores; en los niños destaca el Trastorno por Déficit de Atención (TDA). Todas éstas han elevado su incidencia en Guerrero mientras que no hay instituciones adecuadas para su atención, ni los médicos especialistas suficientes.
En cuanto a instituciones de asistencia social como la estancia Cristo de le Misericordia, hay contradicciones entre funcionarios: mientras Moreno Galena dijo que las condiciones en las que se atiende a pacientes en ese lugar “si bien es cierto que no están de primer mundo, sí están a nivel de la media nacional”, y por otro lado el secretario de Salud en el estado, Luis Barrera Ríos, opinó lo contrario hace unos días, en la inauguración de la Segunda Semana Nacional de Salud: enfático expresó: “ni pensarlo”.
Los niños, población vulnerable
El siquiatra del Hospital Vicente Guerrero del IMSS, Carlos Peralta Sellari, expresó que en ese servicio se atienden alrededor de 120 niños con diagnóstico de TDA o depresión generalmente, independientemente de los casos que acuden por epilepsia o retraso mental. Aseguró que “se ha incrementado el número de niños con depresión, y al mismo tiempo los índices de autoagresión”.
Subrayó que hay que diferenciar al niño travieso del que padece TDA, pues éste “no respeta límites, no obedece órdenes, no aprenden mucho en la escuela porque no pone atención, no porque sean menos capaces intelectualmente”.
Consideró que la esperanza para estos niños, si son bien diagnosticados y tratados, es que “con la adolescencia cambia su actitud y se les puede cambiar su régimen de medicación; algunos quedan totalmente restablecidos, aunque hay otros que también serán adultos con TDA”.
Al respecto, el director de Enseñanza del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez, el siquiatra Ricardo Colín Piana, indicó en entrevista que “la depresión infantil es una realidad porque es una enfermedad con fuerte carga genética: si su padre o su madre, o ambos padecen depresión, el pequeño tiene mayor riesgo de enfermar de depresión que alguien que no tiene familiares de primer grado con la enfermedad; aunque no solamente existe el factor genético, sino una serie de factores ambientales”.
Según el documento de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) Protección de la salud mental en situaciones de desastres y emergencias, entre las causas más frecuentes de traumas se encuentran: “haber sido testigo de la muerte de padres o parientes cercanos de forma violenta; haber sido testigo de combates; haber sido víctima o estar expuesto a desastres naturales y violencia; haber estado como damnificado, refugiado y desplazado; haber participado en movimientos armados (haber matado o visto asesinar); haber sufrido hambres, enfermedades y malas condiciones ambientales y de vida; haber permanecido largo tiempo separado de la familiares sin tener noticia de ellos o pensando que ya murieron”.
Guerrero, como entidad que vivió y vive la guerra sucia, no está exenta de este tipo de casos. Una de las “recomendaciones que han demostrado ser exitosa” en el tratamiento de los traumas en casos de conflictos armados, –de los cuáles según la OPS “se ha demostrado que los efectos sicosociales afectan a varias generaciones”– es “el acompañamiento humano de carácter grupal en momentos significativos, como por ejemplo, en exhumaciones”.
El peligro de tratamientos herbales
Alma Delia ha sido internada en tres ocasiones en el hospital siquiátrico de San Fernando en la ciudad de México; fue enviada desde Acapulco con el diagnóstico de “trastorno de ansiedad generalizada. Posteriormente el siquiatra que la siguió atendiendo cambió su diagnóstico por el de “depresión sicótica recurrente”; después otro médico le dijo que su enfermedad era “trastorno bipolar”.
Meses después, cuando requirió otro internamiento le dijeron que no era bipolar, pero que era probable que tuviera una disfusión en la glándula tiroides, por lo que espera ser atendida por un endocrinólogo.
Mientras tanto ya sabe de memoria una larga lista de medicamentos que ha ingerido: sertralina, fluoxetina, paroxetina, citalopram, valproato de magnesio, olanzapina, alprazolam, clonazepam, diazepam, venlafaxina, leptopsique, quetiapina, haloperidol y lamotrigina.
Cuando comenzó a sentirse “nerviosa”, acudió a la automedicación con suplementos herbales: compró unas pastillas que al principio la calmaron un poco, pero después simplemente no le “hacían nada”.
“Muchas persona suponen que tomar hierbas con efectos curativos puede ser por un lado eficaz y por otro lado inocuo, es decir, que no pasa nada por tomar la hierba de San Juan o la pasiflora o el té de siete azahares. Ahora se sabe que no son totalmente inocuos, sino que realmente muchas de esas plantas tiene principios activos que producen un cambio en el estado de ánimo, pero al no regularse esa cantidad de sustancias activas puede haber una diferencia significativa para que una persona tenga una intoxicación”, asentó el siquiatra Colín Piana, por lo que “no es una situación que se deba tomar con superficialidad o libertad”.
http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2008/06/04/index.php?section=sociedad&article=009n1soc
1 comentario:
Hola, pasando a saludar
Marisol Wences
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