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jueves, 8 de marzo de 2012

A 10 años de su violación, recibe Inés Fernández la disculpa oficial

Cumple México la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos

A 10 años de su violación, recibe Inés Fernández la disculpa oficial

Aunque tengan las autoridades a su lado, no les resolverán nada, dice la agraviada a asistentes
MARGENA DE LA O ( )
Chilpancingo, 6 de marzo. Inés Fernández Ortega entró, y los aplausos se oyeron más fuertes que los anteriores. Diez años después de que emprendió su lucha por justicia y castigo a los soldados que la violaron sexualmente, el Estado mexicano, obligado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh), reconoció su responsabilidad.
La acompañaron Obtilia Manuel Eugenio, dirigente de la Organización de Pueblos Indígenas Me’phaa (Opim); su marido, Fortunato Prisciliano Sierra, y el director del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, Abel Barrera Hernández.
Dos campesinos mayores veían hacia el templete que armó temprano el estado mayor presidencial en la plaza de Ayutla.
–¿Quién viene del gobierno? –preguntó el hombre a quien los años han dejado más huellas.
—Quién sabe quién pendejos venga –contestó el otro.
Antes que Inés, subieron al templete el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré; el gobernador, Ángel Aguirre Rivero; la titular de la PGR, Marisela Morales Ibáñez, y demás funcionarios.
Para el mandatario había mensajes personalizados al comenzar el acto: “Aguirre, asesino de estudiantes, ¡Justicia!”, era una de las tres cartulinas que sostenían brazos de hombres jóvenes en varios puntos del área del acto. Los ojos de Aguirre siguieron la frase y su rostro cambió; Poiré se acercó a su oído, pareció que le preguntaba qué pasaba.
Aun cuando los funcionarios estatales y delegados federales encabezaron el área de asistentes, destacaron los miembros de organizaciones como el Cecop, la Opim, la Crac, el Movimiento Lucio Cabañas Barrientos, la Red Guerrerense de Derechos Humanos, las Brigadas Internacionales de Paz, de los cinco pueblos de Tecoanapa, que ovacionaron a Inés Fernández cuando dijo que no creía, a pesar de que estuvieran ahí, que las autoridades cumplieran.
Tres de las cuatro ocasiones que la Corte ha obligado al Estado a ofrecer disculpas y reconocer su responsabilidad han sido por casos de Guerrero: Rosendo Radilla, Valentina Rosendo e Inés Fernández.
“Señora Inés Fernández Ortega: a usted, a su esposo, Prisciliano Sierra, y a sus hijos Noemí, Ana Luz, Colosio y Nélida, en mi carácter de secretario de Gobernación y a nombre del Estado mexicano, le ofrezco las más sentidas y sinceras disculpas por los hechos ocurridos hace casi una década en los que resultaron gravemente lesionados sus derechos”, dijo Poiré al cumplir la sentencia de la Coidh.
Literalmente exhibidos
¡Inés, Inés, Inés!, se oyó a unísono de los asistentes. Tras un discurso en su lengua (tlapaneco) claro, sin titubeos, apretó los labios, llevó dos de sus dedos de la mano derecha a sus ojos, y lloró por un instante.
“Quiero decirles a todos ustedes, hombres, mujeres y niños, que aunque tengan las autoridades a su lado, no le van resolver nada”, un traductor dijo a nombre de Inés. “¡Tssssssssssssss!”, se oyó de los asistentes, y a algunos de los servidores públicos se les vio pasmar los gestos, y a otros, mover las manos.
“Por ejemplo, el secretario de Gobernación, aunque esté presente y yo quisiera platicar con él, no me permitiría hablar con él porque yo hablo una lengua indígena, hablo tlapaneco”. Fue en ese momento cuando por primera vez el secretario de Gobernación dirigió su vista a Inés Fernández, que hablaba de pie.
De Aguirre también se quejó: “al gobernador quiero decirle que, aunque esté aquí presente, no va a cumplir con las necesidades mi pueblo, precisamente por eso busqué en otros lados justicia, porque realmente aquí no me atendieron”. Las gente movió la cabeza de arriba a abajo, como dando un sí.
Al alcalde de Ayutla, Armando García Rendón, y al secretario general de Gobierno, Humberto Salgado Gómez, les reprochó que las veces que les buscó, al primero para pedirle una obra de electrificación para su pueblo (Barranca Guadalupe, en ese municipio), y al segundo, la construcción de una escuela, la ignoraron. El secretario y el gobernador sonrieron nerviosamente, y el alcalde prefirió quedarse tal cual, sin gestos. A Aguirre, la mujer indígena le exigió que ahí, delante de ella y de la OPIM como testigo, les firmara los que proyectos que pudiera cumplir.
El Estado mexicano le pidió disculpas públicas a Inés Fernández Ortega por la violación que sufrió de soldados. La indígena aseguró que la militarización en los pueblos no ha parado, que es recurrente que los soldados entren hasta las comunidades vestidos de civil; incluso “andan por aquí”.
Me puede costar la vida
“Cuando los militares violaron a Inés Fernández Ortega, lo hicieron porque ven a la mujer como un botín de guerra; también porque con este acto nos dicen que pueden hacer lo que quieran y no pasa nada porque ellos tienen las armas”. Con eso Obtilia Manuel Eugenio emepezó su particpación en el acto, a sabiendas, dijo, de que lo que denunciaba podría costarle la vida.
–Cuando se levantaron en armas los indígenas zapatistas en Chiapas –agregó–, el gobierno mexicano hizo una guerra para acabar con los pueblos indígenas de México. En nuestro estado, en 1998, los soldados mataron a 11 indígenas mixtecos en la comunidad de El Charco, en este municipio, y los responsables no han sido castigados. También, de manera forzada, esterilizaron a decenas de hombres indígenas en este municipio.
Aguirre sólo frunció el ceño cuando escuchó esta segunda parte de la participación.
La dirigente de la OPIM se quejó de que sus pueblos están abandonados por las autoridades, y no tienen justicia, ni seguridad. De hecho, “lo que estoy diciendo y voy a decir ahora me puede costar la vida: hace todavía siete años, Ayutla era un pueblo muy tranquilo; en 2008, cuando Zeferino Torreblanca era gobernador, él fue el principal represor de nuestra organización y de todo el movimiento social del estado. En su gobierno se estableció la delincuencia organizada, y ésta, junto con policías y militares, formaron grupos de narcoparamilitares”.
Todos ellos, aseguró, son responsables de la muerte de los dirigentes de OFPM, Raúl Lucas y Manuel Ponce, y de Lorenzo Fernández (hermano de Inés), entre otros.
Acusó a los hermanos Remigio Cantú, de El Camalote, Ayutla, de ser “peones” de un grupo paramilitar.
Tlachinollan
“Lo ordenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en su sentencia no se agota con este acto”, asentó Abel Barrera, director de Tlachinollan.
Agradeció a Inés Fernández por haberle permitido acompañarla en su ejemplar lucha de la que, pidió, “empieces a acariciar ese fruto, todavía escaso en Guerrero, que es la justicia; de forma que este acto signifique la reunión de lo que ha permanecido separado, sin armonía, desde el 2002, y traiga para ti y los tuyos una brisa de paz”.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Inés Fernández y Valentina Rosendo, con acceso a sus expedientes, celebra Tlachinollan

Concretan autoridades y ONG el cumplimiento del fallo de la Coidh

Inés Fernández y Valentina Rosendo, con acceso a sus expedientes, celebra Tlachinollan

CITLAL GILES SÁNCHEZ ( )
Chilpancingo, 5 de noviembre. A un año de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) emitiera las sentencias en contra del Estado mexicano por las violaciones sexuales que cometieron militares contra las indígenas me’phaa Inés Fernández y Valentina Rosendo, organizaciones sociales y representantes de la Secretaría de Gobernación trabajan sobre el tema de justicia, educación, reparación comunitaria así como el reconocimiento de la responsabilidad del Estado. A partir de esta fecha, las indígenas podrán tener acceso a sus expedientes, señaló Centro de Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan.
Desde hace un año, fecha en que la Coidh notificó las sentencias contra el Estado por las agresiones sexuales, tanto Inés Fernández como Valentina Rosendo, la Organización del Pueblo Indígena Me´phaa (OPIM) y Tlachinollan han pugnado por su total cumplimiento.
Las organizaciones acordaron con autoridades del estado establecer una metodología en la que se contemplan siete ejes de trabajo que son justicia, educación y salud; reparaciones comunitarias y políticas públicas; reconocimiento de responsabilidad; reformas legislativas, capacitación e indemnización, trabajos que están coordinados por la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación. “Actualmente nos encontramos trabajando en los ejes de justicia; educación y salud; reparaciones comunitarias y políticas públicas y el reconocimiento de responsabilidad”, indicó Tlachinollan.
Sin embargo, lamentó que a un año de que el Estado fue sentenciado “no se han presentado avances sustantivos”, por lo que seguirán pugnando para dejar precedentes que reduzcan los márgenes de discrecionalidad en el cumplimiento de sentencias y recomendaciones emanadas de órganos internacionales de protección a los derechos humanos.
En el comunicado, Tlachinollan resaltó que raíz de la insistencia de las víctimas y sus abogados, se logró que la Procuraduría de Justicia Militar remitiera los expedientes a la PGR, y posteriormente turnados a la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, por lo que “partir de que ahora Inés y Valentina tienen acceso a los expedientes, han vuelto a constatar las negativas implicaciones que tiene la extensión del fuero militar en los casos de violaciones de derechos humanos”.

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/11/06/index.php?section=politica&article=003n2pol

sábado, 30 de julio de 2011

Exigen Valentina e Inés que militares que las atacaron sean juzgados por civiles


La Sedena obstruye la justicia; las indígenas me’phaa, con amenazas de muerte

Exigen Valentina e Inés que militares que las atacaron sean juzgados por civiles

No hay voluntad del Estado para procesar el caso y cumplir la sentencia de la Coidh, señalan
LUCIANO TAPIA (Corresponsal)
Ciudad de México, 28 de julio. Acompañadas por representantes de organismos de Derechos Humanos, las indígenas me’phaa Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú, atacadas sexualmente por soldados, demandaron formalmente a la Procuraduría General de la República (PGR) y a la Procuraduría de Justicia Militar que sus casos sean investigados en el fuero civil, para cumplir con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) y la reciente determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que avala y da carácter de obligatoria a la disposición del órgano internacional.
Luego de presentar los escritos ante la PGR y la Procuraduría de Justicia Militar, Inés Fernández y Valentina Rosendo ofrecieron una conferencia de presa en el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos).
Inés, en su idioma materno, con la traducción de Obtilia Eugenio Manuel, dirigente de la Organización del Pueblo Indígena me’phaa (OPIM), denunció que a pesar de que el Estado mexicano se ha comprometido a cumplir las sentencias de la Coidh, no ve que haya voluntad para hacerlo, además de que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), mediante la Procuraduría de Justicia Militar, retiene los expedientes.
“Yo no veo que haya avances de ningún tipo; incluso, me prometieron becas para mis hijos, además de otras cosas, pero lo cierto es que no llega nada, tampoco hay detenidos. El gobierno no quiere que se haga justicia, me están engañando”, denunció Fernández Ortega.
Por su parte, Valentina afirmó que desde febrero de 2002, cuando fue atacada sexualmente por los militares, ha tenido que recorrer un camino largo, desgastante, de sufrimiento y bajo amenazas de muerte, pero al fin ha logrado ser escuchada por los órganos internacionales, “junto con Inés, seguiremos luchando hasta que se haga justicia”.
Acompañaron a Inés y Valentina Abel Barrera Hernández, director del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan; Sergio Méndez Silva, de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos; Édgar Cortéz, director del Instituto Mexicano para los Derechos Humanos y la Democracia, y Agniezcka Racksynska, secretaria ejecutiva de la Red de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los derechos para todas y todos”.


viernes, 27 de mayo de 2011

Valentina lleva su caso a Europa

Valentina lleva su caso a Europa

CITLAL GILES SÁNCHEZ
Chilpancingo, 25 de mayo. Valentina Rosendo Cantú, indígena me’phaa torturada y abusada sexualmente por militares hace 11 años, inició una gira por países europeos para denunciar el incumplimiento por parte del Estado mexicano de la sentencia que dictó la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) en el rubro del fuero militar.
La gira que inició este miércoles Valentina Rosendo, es coordinada por Amnistía Internacional, Brigadas de Paz Internacional y el centro Tlachinollan, quienes recorrerán Alemania, Francia, España y Reino Unido.
En octubre del año pasado la Coidh emitió la sentencia contra el Estado Mexicano por violación a los derechos humanos tanto de Valentina Rosendo como de Inés Fernández Ortega quien también fue violada por militares en el mismo año.
A siete meses de que saliera dicha sentencia, el Estado no ha dado cumplimiento total a la misma, pues uno de los puntos centrales es que dichas sentencias ordena al Estado que se haga una investigación por la jurisdicción penal ordinaria, es decir, la civil, y no la militar en la que actualmente está la indagatoria, “en abierto desacato a lo establecido por la propia Coidh, según la cual la Jurisdicción Militar no es competente para conocer casos de violaciones de derecho humanos cometidas por miembros del ejército”, destacó Amnistía Internacional.
Ante este incumplimiento por parte del presidente Felipe Calderón, Valentina Rosendo solicitará que la comunidad internacional demande al Ejecutivo que las investigaciones que continúan en la Procuraduría de Justicia Militar sean remitidas al fuero civil y queden a cargo de la Procuraduría General de la República como lo ordenó la Coidh.

jueves, 7 de octubre de 2010

Insta AI cumplir fallo de Coidh a favor de las indígenas violadas

Urge el organismo a la investigación de los funcionarios que obstaculizaron el caso

Insta AI cumplir fallo de Coidh a favor de las indígenas violadas

Celebra el diputado Viterbo Aguilar sentencia de la Corte en el expediente de Inés y Valentina
LUCIANO TAPIA Y
 CITLAL GILES SÁNCHEZ (Corresponsal y reportera)
Ciudad de México, 5 de octubre. Amnistía Internacional (AI) conminó a las autoridades federales y estatales de México a implementar de forma inmediata todas las medidas para cumplir con las nuevas sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) en materia de violencia contra mujeres indígenas, víctimas de violación sexual por soldados en Ayutla, en 2002.


El organismo criticó la actitud del Estado y estableció una serie de medidas obligatorias para reabrir la investigación penal en la justicia ordinaria, investigar a los funcionarios que obstaculizaron las investigaciones del caso de Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú.

En un comunicado emitido por Arturo Ávila Salazar, de la oficina de Comunicación y Proyectos Tecnológicos de Amnistía Internacional México, se señala que ya es hora de garantizar la verdad, justicia y reparación, y señala que desde 2002 el Estado se ha negado a reconocer que las dos mujeres sufrieron la violación sexual. Sin embargo, las decisiones de la Corte en ambos casos son contundentes en señalar que las mujeres sufrieron la violación sexual de soldados.


En las sentencias se estipula la obligación de México –todavía no cumplida– de terminar con la aplicación de la justicia militar en la investigación y procesamiento de miembros del ejército en casos de violaciones de derechos humanos.
Agrega que, de nuevo, el compromiso de México de cumplir con sus obligaciones en materia de derechos humanos está bajo la lupa.

En menos de un año, la Corte Interamericana ha emitido cuatro sentencias contra México en casos de graves violaciones de derechos humanos e impunidad. Las medidas tomadas para implementar estas sentencias –de cumplimiento obligatorio para las autoridades– han sido muy limitadas hasta ahora. Amnistía Internacional urge su acatamiento pleno y efectivo.

La organización se mantendrá alerta ante la actitud que adopte el Estado mexicano, dice el documento.
Por su parte, en Chilpancingo, el diputado Rutilio Viterbo Aguilar celebró el fallo de la Coidh a favor de las indígenas me’phaa Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú.

En la sesión del Congreso, en el rubro de las intervenciones, Viterbo Aguilar detalló que el pasado viernes, la Coidh falló a favor de las indígenas guerrerenses, luego de que en 2009 iniciaran la demanda ante la Coidh por las agresiones sexuales sufridas a manos de soldados.

 http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/10/06/index.php?section=sociedad&article=005n1soc


martes, 5 de octubre de 2010

“Por dignidad” se debe cumplir sentencia de la Coidh: Valentina

Acuerdan la creación de un frente nacional para demandar que se acate el fallo
“Por dignidad” se debe cumplir sentencia de la Coidh: Valentina

Reclama la indígena violada por soldados que se haga justicia también para Inés Fernández

LUCIANO TAPIA (Corresponsal)

Ciudad de México, 4 de octubre. La indígena me’phaa Valentina Rosendo Cantú dijo que si el gobierno mexicano “tiene dignidad”, debe cumplir las sentencias emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Coidh) en los casos de ella y el de Inés Fernández Ortega, violadas sexualmente por soldados en 2002.

Por su parte, el ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza; la directora para el programa de Centroamérica y México del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional, Alejandra Nuño, y el director del centro de derechos humanos Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, anunciaron que se creará un frente común en todo México con las organizaciones sociales para vigilar y hacer que el fallo de la Corte Interamericana se cumpla.

“Que los militares responsables vayan a la cárcel y se les castigue conforme a la ley. Ya basta de amenazas y de las persecuciones contra mi persona y mi familia, si no he regresado a mi pueblo es porque no hay garantías”, dijo Valentina Rosendo Cantú, quien manifestó que a consecuencia de la denuncia que hizo, fue señalada e incluso abandonada por su esposo, y ha tenido que hacer frente a una serie de necesidades para sacar adelante a sus hijos.

Ante los representantes de los medios de comunicación y de organismos de derechos humanos, Rosendo Cantú, que asistió a la sede del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, relató parte de los momentos dramáticos al ser agredida física, psicológica y verbalmente por sus verdugos.

Sostuvo que en México en lugar de proteger a las víctimas se protege a los violadores. “A mí –agregó– nunca me creyeron las autoridades del estado de Guerrero, fue por eso que al ser escuchada por los organizaciones sociales de derechos humanos, el caso fue ventilado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ahora espero que el Estado mexicano cumpla”.

Emilio Álvarez Icaza, Alejandra Nuño, Abel Barrera Hernández y el asesor de Tlachinollan, Mario Patrón Sánchez, informaron que se está conformando una comisión de defensores para sostener las primeras reuniones con el Ejecutivo federal, con los congresistas federales y que estos delitos no queden impunes.

Patrón Sánchez, señaló que actualmente hay 108 defensores de derechos humanos que cuentan con medidas precautorias.

Abel Barrera Hernández, denunció que en Guerrero hay casos por aclarar, como la masacre de El Charco, además de las víctimas de la guerra sucia, que dejó más de 600 desaparecidos.

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/10/05/index.php?section=sociedad&article=004n1soc

viernes, 22 de mayo de 2009

Llega el caso de la me’phaa Inés Fernández a Corte internacional

Organizaciones de derechos humanos anuncian el proceso en el Distrito Federal
Llega el caso de la me’phaa Inés Fernández a Corte internacional

El procedimiento, por incumplir recomendaciones anteriores; esperan los alegatos oficiales

La mujer fue violada por militares en 2002 y el gobierno de México desechó su denuncia

ROBERTO RAMIREZ BRAVO


La Corte Interamericana de Derechos Humanos recibió el caso de la indígena me’phaa Inés Fernández Ortega, violada por militares, luego de que el 7 de mayo pasado la Comisión Interamericana lo remitió a esta instancia.

Según explicó el abogado del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan, Vidulfo Rosales Sierra, este hecho implica el comienzo del proceso judicial al que está siendo sometido el Estado mexicano en este tribunal internacional. Si bien aclaró que todavía viene un periodo de alegatos en el que se tienen que desahogar la admisibilidad y el fondo del caso, según los cuales se le da la oportunidad al Estado mexicano para que alegue la existencia de algún proceso en curso o cualquier otra causa para considerar que es inadmisible el procedimiento; y debe establecerse el fondo del asunto, en este caso, demostrar que hubo violaciones a los derechos humanos.

Fernández Ortega fue violada sexualmente y torturada por soldados en la sierra de Ayutla en 2002. Tres años más tarde, la Comisión emitió recomendaciones al gobierno de México, además de medidas cautelares, que no fueron atendidas, así como la reparación del daño, que el gobierno también incumplió.

Este es el segundo caso de México que llega a la Corte Interamericana en el que están involucrados elementos del Ejército, y el segundo en general correspondiente a Guerrero.

La decisión de la Comisión Interamericana se dio a conocer en la ciudad de México, en una conferencia en la que estuvieron, entre otras personas, el director del Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde), Ernesto López Portillo; Edgar Cortés, secretario de la red nacional de organismos civiles de derechos humanos Todos los Derechos para Todas y Todos; Jorge Romero, director de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, y Abel Barrera Hernández, director de Tlachinollan.

El Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil, en inglés) y Tlachinollan, las organizaciones que promueven legalmente el caso, hicieron saber en un comunicado que esperan que el Estado mexicano haga frente a sus obligaciones internacionales, cumpliendo con lo dispuesto por la Corte Interamericana y adopte todas las medidas necesarias, para que los beneficiarios de dichas medidas de protección y los defensores de derechos humanos en Guerrero puedan llevar a cabo su labor en condiciones de seguridad y sin temor a que su vida o su integridad personal se vea afectada.

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2009/05/22/index.php?section=sociedad&article=006n1soc

lunes, 20 de abril de 2009

“No podemos trabajar ni salir de nuestra comunidad”: Manzanares

La detención de indígenas, parte de la estrategia oficial para desaparecer a la OPIM
“No podemos trabajar ni salir de nuestra comunidad”: Manzanares

Pidieron a misión europea tramitar medidas cautelares para defensores de derechos

CITLAL GILES SANCHEZ 

Después de estar varios meses encerrado en la cárcel, no es fácil salir y hacer una vida normal, y para Orlando Manzanares Lorenzo, integrante de la Organización de los Pueblos Indígenas Me’phaa (OPIM), quien estuvo preso durante 11 meses por un delito que no cometió, es aún peor, porque “no podemos hacer nada, no podemos trabajar, no podemos salir de nuestra comunidad, es como si estuviéramos encerrados pero dentro de nuestra casa”.

De estatura media, complexión delgada y con la tristeza reflejada en su rostro, Manzanares Lorenzo recuerda cuando fueron acusados del asesinato de Alejandro Feliciano García, un informante del Ejército, el 1º de enero de 2008. El delito lo fabricó la gente del cacique Romualdo Remigio Cantú, quien es gente del gobernador, asegura.

A un mes de que fueron puestos en libertad cuatro de los cinco me’phaa, sus sentimientos son encontrados, pues por un lado está la felicidad de estar fuera de la cárcel, pero al mismo tiempo triste porque su vida después del encierro cambió drásticamente, ya que al salir de sus viviendas corren el riesgo de ser asesinados en cualquier momento.

Su caso y el de sus compañeros causó movilizaciones y protestas e incluso hubo pronunciamientos de países de la Unión Europea y de Amnistía Internacional, hasta su liberación.

“No es fácil, no tengo trabajo, no puedo salir de mi comunidad, no puedo andar en la calle por el temor de que me vayan a matar, los cuatro que salimos no podemos andar saliendo o trabajar fuera, es una vida difícil y para mantener a la familia no se puede”, lamenta.

Deja escapar un suspiro y lamenta que la cárcel no sólo les robó la libertad, sino su vida completa, pues aunque están libres, siguen presos por el temor a que algo les suceda, “no andamos libres, no hay libertad de andar como antes y buscar estar bien; no estamos contentos ni felices, porque la verdad andamos en peligro; estamos libres, pero haz de cuenta presos, porque no podemos andar fuera de nuestra comunidad”.

Admite sentir mucha tristeza al recordar el día de su detención, y el que su compañero de lucha, Raúl Hernández Abundio, siga preso por un delito que inventó el gobierno para desbaratar la OPIM.

“Sabemos que el gobierno tiene personas en las comunidades para que lo apoyen y poder chingarnos a nosotros, el gobierno busca la manera de privar nuestra vida y desbaratar nuestra organización”.

Sostuvo que el encarcelamiento que sufrieron es por venganza del gobierno, en represalia por las exigencias que han hecho de apoyos para las comunidades indígenas, así como las denuncias hechas por las violaciones sexuales de Inés y Valentina, la esterilización de los indígenas de El Camalote, “y eso le molesta al gobierno y por eso no quiere que nos organicemos, porque no le conviene al gobierno, pero estamos dispuestos a luchar porque es nuestro derecho vivir en mejores condiciones”.

Durante la estancia de los representantes de Alemania y Francia, solicitaron que pidan al gobierno de México y de Guerrero medidas cautelares para los defensores de derechos, porque se las han negado, aunque de antemano sabe que “no nos las van a dar”.


http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2009/04/19/index.php?section=sociedad&article=004n1soc

viernes, 10 de abril de 2009

Inés, violentada sexualmente por militares en Guerrero

No sé que más quiere el gobierno, solo pedimos justicia

Por Sandra Torres Pastrana/enviada

Ayutla de los Libres, Gro. (CIMAC).- A mí me violaron militares, el año pasado me mataron a mi hermano Lorenzo, integrante de la Organización de Pueblos indígenas Me´phaa (OPIM) y quién me apoyó en todo momento para hacer mi denuncia.

Además, el hermano que me queda, Ocotlán, está amenazado de muerte junto con mi esposo, dos de mis sobrinos miembros de la OPIM estuvieron en la cárcel injustamente. Vivo con miedo por mi hijos y por mí, no sé que más quiere el gobierno, nosotros lo único que hemos pedido es justicia.

Así resume Inés lo que ha sido su vida desde el 22 de marzo de 2002, cuando fue atacada sexualmente por militares en su casa, en Barranca Tecuani, comunidad en Ayutla de los libres, Guerrero. Su relato es conocido por Cimacnoticias a través de su traductora y presidenta de la OPIM, Obtilia Eugenio Manuel, pues Inés solo habla Me´phaa.

Dice Inés que la impunidad que hay alrededor de cada una de las injusticias a las que han sometido a su familia y a otros miembros de la OPIM es porque al gobierno le enoja que ellos se organicen y porque su caso llegó hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), porque las autoridades del país no me pudieron arreglar su problema.

El caso de Inés fue presentado ante la CIDH en junio de 2004, después de agotar las instancias de justicia nacionales, lo que se tradujo en un evidente estado de impunidad y falta de acceso a la justicia que prevalece en México. El 12 de octubre de 2007, compareció a una audiencia pública, junto con Valentina, otra indígena tlapaneca violada también por militares ese mismo año.

Inés asegura: “la justicia no existe para nosotros, nadie ha hecho algo para esclarecer el caso de mi hermano al que mataron el 10 de febrero del 2008, a pesar de tener huellas de tortura y ser hallado en la cabecera municipal de Ayutla, no hay seguridad para la gente que se organiza, no hay gobierno que pueda solucionar los problemas, por eso mejor deciden meter a la cárcel a la gente de la OPIM, solo por organizarse.

Inés dice “yo sé que el gobierno tiene que ver todo lo que pasa en el país, pero también tiene que mirar la discriminación e injusticia a las que estamos sometidas los pueblos indígenas”.

Inés, que acudió a la entrevista en las oficinas de la OPIM, en Ayutla de Los Libres, se ve cansada, preocupada y un poco enferma. Está en Ayutla porque el Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, tuvo que ir por ella a su casa, en Barranca Tecuani, porque el Ejército se presentó en el lugar desde el pasado 2 de febrero.


ME MATARON EN VIDA

Cuando los soldados llegaron, Inés se encerró en su casa, con dolores de cabeza, calenturas y temblores, sus hijos, una niña de 9 años y dos varones de 11 y 5 años, dejaron de ir a la escuela, “Tengo mucho miedo –dice Inés—de que mi hija pueda ser agredida sexualmente por los “guachos”, (así es como la gente de esta región les dice a los miembros del Ejército), como me pasó a mí, o que agredan a mis hijos”.

A pesar de ese miedo, nos sonríe y nos pregunta sobre el trabajo que realiza Cimacnoticias, toma café que nos han preparado otras mujeres miembros de la OPIM que observan a lo lejos.

--¿Qué pasó ahora que los militares entraron de nuevo a tu comunidad?

-- Al ver a los guachos, recuerdo lo que viví y tengo miedo. Desde que fui violada vivo junto al miedo, mi vida es triste, peleo mucho con mi marido.

“Los guachos me robaron la tranquilidad y la de mi familia, como mujer me queda claro que el Gobierno no respeta mis derechos y garantías, como los militares que me violaron; me mataron en vida, ya no soy la Inés feliz que era antes, ahora soy diferente, vivo con miedo”.


--¿Haz tenido algún tipo de acercamiento por parte de alguna autoridad?

-- “A pesar de haber denunciado y pedir justicia, no hay respuesta del Gobierno mexicano, de ninguna autoridad. Ninguna funcionaria, ni diputada, ha intentado ayudarme para que se investigue mi caso”.

“Para mi es claro que ninguna funcionaria o funcionario tiene el interés de solidarizarse con los problemas que tienen las mujeres indígenas y la justicia para sus pueblos”.

“Yo necesitaba apoyo al momento y nadie me lo brindó, ahora que mi caso está en instancias internacionales, que otros países piden justicia, intentan acercarse, pero aún así no hacen nada”.


LA OPIM Y SU FAMILIA

-- ¿Por qué decides incursionar en la OPIM a lado de tu familia?

-- He participado en la OPIM con mi esposo para organizarnos, pedir las necesidades de nuestras comunidades, necesidades que son básicas como tener maestro, médicos, buenos caminos y obras, además porque muchas mujeres se mueren por enfermedad así como muchas niñas y niños.

“Junto con mis hermanos nos fuimos organizando para que los militares no nos robaran nuestras siembras, porque hace varios años los militares se metían a nuestras parcelas y roban lo que sembramos como maíz, calabaza y plátanos, esto fue otra circunstancia que nos obligo a organizarnos”.


--¿Tú mamá y papá pertenecen a la OPIM?

-- “Mi mamá es parte de la OPIM y mi padre nunca conoció esta forma de organizarnos. Lo que le pasó a él fue otra de las circunstancias que nos hizo ser integrantes de la OPIM: yo lucho por él, porque lo asesinaron quemándolo en 1999 en la comunidad y nunca supimos quién lo hizo”.

“Aunque ese día mi papá estaba borracho, solo un cobarde pudo quemarlo, a partir de ahí eso fue lo que nos hizo estar en la OPIM, porque yo y mis hermanos queríamos investigar por qué le hicieron eso a nuestro padre y quién lo hizo”.

Inés es la única mujer en su familia y tenía dos hermanos varones: el más pequeño, Ocotlán, vive amenazado de muerte y el mayor Lorenzo Fernández Ortega, fue asesinado hace un año. “Él era quien más me apoyó cuando fui violada por los militares, siempre me iba ha ver y estaba al pendiente de mí”.


DENUNCIA CONTRA LOS MILITARES

-- ¿Cómo decides denunciar el abuso de los militares?

-- “Es muy difícil lo que me pasó, aún no lo puedo contar con detalle y no lo puedo repetir, pero yo quise ser ejemplo para las mujeres de la zona que sufren violación por los militares, para que vayan y denuncien, pero como les tienen miedo no solo a los militares sino también a sus maridos, esto las hace callar”.

“Yo denuncie por la fuerza y el apoyo que me brindó mi familia y en especial mi hermano Lorenzo, porque además yo sé que hay muchas mujeres que son violadas y no denuncian por miedo, porque dicen “ellos traen armas”, “a ellos los mando el gobierno”, “ellos fácil te matan”, eso piensan las mujeres y hombres de la comunidad y quiero que cambien, que denuncien cuando se violen sus derechos”.

-- ¿Recibiste algún apoyo después de que te atacaron sexualmente?

-- Cuando me violaron los militares no recibí ningún apoyo, ni la del comisario de mi comunidad porque pertenece a otro grupo, que está en contra de la OPIM. En la comunidad. al momento de ser violada me decían, “hay viene mujer de guacho, quién sabe cuánto aguantó”. Pero ya después de que se dieron cuenta de cómo se sufre, ya te respetan y te dan apoyo, pero sobre todo de la gente que pertenece a la OPIM”.


-- ¿Cuándo es que te sientes más segura y se te quita el miedo?

-- Cuando estoy con las mujeres de la OPIM y me dicen que no estoy sola, que están conmigo.


--¿Has pensado en salirte de tu comunidad?

-- No lo he pensado, porque soy de una comunidad y no tengo dinero, si salgo a otra comunidad tengo que comprar terreno para sembrar, por eso no me salgo, mi parcela no la puedo dejar sola. Aunque a veces pienso que en algún momento voy a tener que salir, si acaso el gobierno se enoja mucho más y mande más militares, porque parece que quieren llenar de militares.


La casa de Inés en Barranca Tecuani es pobre, de difícil acceso porque, efectivamente, está entre barrancas. En las escarpadas laderas siembran maíz, calabaza, chile, frijol y cada siembra y cosecha constituye una verdadera proeza, por eso el robo de sus productos por parte de militares es aún más oprobioso. De esas cosechas tienen que comer todo el año.


--¿Qué pasó en tu parcela, Inés?

-- Los guachos entraron a mi parcela, yo no tengo sembrado otra cosa, no pueden decir que tenemos droga, por eso pido que suban los periodistas y vean lo que sembramos.

Maíz, calabaza y chile es lo que se ve en la milpa de Inés, que evidencia también la destrucción y el saqueo que, explica ella, hicieron los militares.

Bajamos a las barrancas con Fortunado, el esposo de Inés; con Obtilia, con una abogada, dos abogados y otros miembros del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, quienes fueron a levantar la queja y a documentar el robo.

Fortunato les dice a los abogados, a través de Obtilia, que él solo vio a los guachos de lejos y no había bajado a su parcela. Reitera que lo hay en su parcela es lo que su familia tiene para comer todo el año.


--¿Cuál es tu mayor sueño, Inés?

-- Mi sueño es vivir tranquila con mis hijos, con mi esposo y toda mi familia. A pesar de todo lo que me pasó, quiero tratar de hacerlo, pero cuando lo intento ahí están de nuevo los guachos otra vez en mi comunidad y me reviven lo que me ha pasado no me dejan vivir en paz.

Mientras, el Centro de Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan, está en espera de que el Estado mexicano atienda la recomendación que le hizo la CIDH en noviembre pasado, que se repare el daño y se castigue a los responsables.

Pero si el Estado no las acepta, la CIDH emitirá un Informe final o el caso se irá a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), como lo pidió en diciembre pasado Tlachinollan.


09/STP/GG

lunes, 9 de febrero de 2009

Indígena violada sólo encuentra burlas en siete años de reclamo de justicia

Inés Fernández ha sido amenazada por autoridades; le dicen que los derechos humanos no sirven
Indígena violada sólo encuentra burlas en siete años de reclamo de justicia

En lugar de asumir su caso el gobierno manda al Ejército a hostigar comunidades

Tuvo que recurrir a la CIDH, en Estados Unidos, para que escucharan su denuncia

CITLAL GILES SANCHEZ 

A siete años de que militares la abusaron sexualmente, Inés Fernández Ortega, indígena me’phaa, tiene la esperanza de que se haga justicia algún día. Lamenta que en México y en Guerrero no se haya hecho nada para investigar su caso. Al contrario, denuncia que ha recibido burlas y amenazas de las autoridades, que le dicen que los derechos humanos no sirven y no valen.

En su entorno familiar las cosas dieron un cambio total, pues de ser una joven contenta y feliz con su familia, desde 2002 su vida se ha desarrollado entre problemas con su esposo, Fortunato, además de estar enferma de los nervios y llena de temor a que le vuelva a suceder lo mismo.

Con ayuda de Obtilia Eugenio Manuel, quien traduce del me’phaa al español, Inés –quien siempre anda con la cabeza agachada y con un tono de voz que apenas se escucha– relata lo que ha tenido que vivir a raíz del ataque sexual de los soldados.

Con tan sólo 31 años de edad, Inés dice sentirse muerta en vida, y aunque de vez en cuando suelta un esbozo de sonrisa, se le apaga cuando tiene que recordar lo que sucedió un día de marzo de 2002, cuando un grupo de militares entró a su comunidad, Barranca Tecuani, y abusó sexualmente de ella y de otra indígena.

Inés comenta que a pesar de que lo denunció, las autoridades de Ayutla nunca le hicieron caso, incluso critica a los gobiernos estatal y federal de no hacer investigaciones de lo sucedido, y al contrario, envían a más militares para intimidar y hacer que desistan de las denuncias.

“Ni el gobierno de México, ni el estatal han hecho algo, porque si de verdad hubieran hecho investigaciones ya estuvieran detenidos los que me hicieron daño, ya llevo varios años pidiendo justicia y nunca llega”, comenta.

Por eso dice tuvo que ir Washington, Estados Unidos, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para denunciar la agresión sexual que sufrió y es ahí donde tiene puestas sus esperanzas.

Toma un poco de aire y asegura que reconoce al militar que la violó, incluso dice que en las incursiones que han hecho después de 2002 lo ha visto, y por eso se enferma de los nervios y del miedo.

“He llegado a ver a la persona que me hizo daño, que mató mi vida, y no estoy tranquila; reconozco a las personas que me hicieron daño, y lo dije en el Ministerio Público, qué color eran, que eran altos, con uniformes, que cargaban armas, esas son suficientes pruebas que les di, pero ellos dicen que yo no quiero declarar más, pero tampoco ellos dan la confianza para decirles” reprocha Inés.

En su idioma, Inés critica el actuar del gobierno contra los indígenas, contra los pobres, pues aunque sabe que el gobierno está para apoyar a los más necesitados y para defernderlos, en realidad no es así.

“Nunca tuve un apoyo del gobierno que me dijera ‘Inés no te sientas sola, va a haber justicia’; ni uno de ellos vino a apoyarnos, ni una mujer funcionaria vino a verme, a decirme ‘yo estoy contigo Inés’, ni una”, lamenta.

Al contrario, dice que las autoridades les dicen que los derechos humanos no sirven, que ellos, como son indígenas, no valen nada “que como sea nos vamos a morir”.

Y hay momentos que lo creen, al vivir en esas condiciones, donde los militares les preguntan su nombre, les toman fotos, y si son de la OPIM, les dicen que se cuiden porque en cualquier rato van a acabar con ellos, y que si no quieren morirse que se salgan de la lucha, “eso dicen los guachos”.

Dice que la edad en las mujeres no es impedimento para que los militares abusen de ellas, pues tiene conocimiento que han violado tanto a mujeres jóvenes como a las que tienen una edad mayor, pero que al denunciar el gobierno les responde que no es cierto, “pero ellos qué saben, no saben cómo vivo, no saben lo que viví, porque no vienen a investigar; no decimos mentiras, ahí están los guachos. En mi país no hay gobierno, sólo mandan los que tienen mucho poder, mucho dinero”.

Inés toma nuevamente aire y asegura que su vida ha cambiado desde aquel día, ya que antes de su violación ella era alegre, estaba contenta, vivía feliz con sus hijos y con su esposo, pero después todo cambió.

“Ya todo es diferente, lloro demasiado, estoy cansada, no salgo de mi casa por el temor a los militares que están allá en mi comunidad; desde el domingo en la tarde que los vi yo ya estoy enferma de miedo, me da calentura, me pongo nerviosa, ya no dejo que mis hijos vayan a la escuela por estar pensando que les puede pasar por lo mismo que yo pasé y yo no quiero que a mis hijos les pase esto, yo siempre estoy encerrada”, explica.

La relación con su esposo también cambió, porque le dice que “soy la mujer de los guachos porque me violaron, pero no fue mi voluntad”.

El que estén los militares en su comunidad la enferma, porque le recurdan a cada rato la violación que sufrió a manos de ellos, “casi matan mi vida, a mí ya casi me mataron con lo que me hicieron, me dañaron mucho”.

A las mujeres de su comunidad Inés le recomienda que ya no caminen solas y que si ven llegar a los militares corran a esconderse y que no salgan, para que no les pase lo mismo.


http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2009/02/08/index.php?section=sociedad&article=004n1soc

miércoles, 14 de enero de 2009

Valentina, violada por militares en La Montaña, espera la justicia

Valentina, violada por militares en La Montaña, espera la justicia

Difusión Cencos México D.F., 14 de enero de 2009

Nota: Cimac
Sandra Torres Pastrana/enviada

Cuando vivía en mi pueblo, Barranca Bejuco, en La Montaña, tenía mi casa, mis animales, no tenía que comprar agua, hay de todo. Por eso salir de ahí y vivir en una ciudad fue como llegar a un mundo extraño, tengo que comprar todo, he tenido que aprender español, entrar a trabajar y enfrentar el abandono de mi esposo. Y así como fui fuerte para denunciar lo que me pasó con los soldados que me violaron, ahora tengo que serlo más para salir sola adelante con mi hija.

Son palabras de Valentina, indígena Me´phaa (tlapaneca) oriunda de la Comunidad de Caxitepec, municipio de Acatepec, Guerrero, quien en entrevista exclusiva con Cimacnoticias narra cómo cambió su vida a partir de que fue torturada sexualmente por militares el 16 de febrero de 2002, cuando apenas tenía 17 años de edad.

El caso de Valentina, junto con el de Inés, también Me´phaa igualmente atacada sexualmente por soldados del Ejército Mexicano el 22 de marzo de 2002, en la comunidad de Barranca Tecuani, municipio de Ayutla de los Libres, fue llevado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a donde llegan los casos que han agotado las instancias nacionales de justicia.

Las denuncias de Valentina e Inés se hicieron ante el Ministerio Público (MP) del fuero común de Ayutla de los Libres, pero este se declaró incompetente y fue turnada al Ministerio Público Militar. Y aunque se buscaron amparos para que fueran las autoridades civiles quienes juzgaran a los militares, no procedieron, detalla a esté medio Teresa de la Cruz, coordinadora del área de difusión del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan.

Destaca de la Cruz que pronto la justicia militar cerró los casos porque supuestamente las víctimas no estaban interesadas en el caso, al no responder a sus citatorios. Pero si Inés y Valentina no acudieron, fue porque era infundada la competencia militar en el caso, además de que cualquier investigación sería parcial.

El caso de Valentina se presentó ante la CIDH en noviembre del 2003 y el 12 de octubre del 2007 acudió a la sede del organismo en Washington a una audiencia pública del organismo.

Teresa de la Cruz, coordinadora del área de difusión del Centro de Derechos Humanos de La Montaña Tlachinollan, señala que Valentina y ese organismo, que es peticionario ante la CIDH, están en espera del Informe de Fondo que emita dicha Comisión, cuyo retraso ha obedecido a que el Estado mexicano le envió en noviembre un informe pidiéndole que no emita su Informe, porque asegura que está practicando algunas diligencias.

Sin embargo, explica De la Cruz, en diciembre pasado Tlachinollan, afirmó que toda investigación que realiza el Estado mexicano es ineficaz, porque no se aclara la competencia, es decir, qué institución es responsable de hacer la presunta investigación.

El Estado mexicano dijo que la Procuraduría General de la República estaba practicando las diligencias, cuando en realidad era la Procuraduría estatal la encargada. “Y esto para nosotros no tiene validez, dice De la Cruz, porque la Procuraduría estatal sólo está investigando civiles, cuando fueron militares los que violaron a Valentina. Por eso en nuestro escrito de diciembre solicitamos que la CIDH ya emita el Informe de fondo.

NOSTALGIA

Valentina siente nostalgia por su familia, integrada por cuatro hermanas y cuatro hermanos, donde ella es la mayor, extraña su casa, extraña sembrar jamaica, maíz, frijol, calabaza y chile, criar gallinas, guajolotes y chivos y tiene un gran miedo de que alguien se entere dónde vive.

De mirar triste, baja la vista cuando habla “de lo que le pasó”, como llama a la tortura sexual a la que fue sometida por un grupo de militares. Pero al hablar de justicia reaparece brillo en su mirada y la voz se torna fuerte.

-- ¿Por que decidiste vivir en Chilpancingo?

-- Desde lo que me pasó en Barranca Bejuco tuve que salir huyendo, porque la gente de la comunidad, después de haber denunciado lo que me pasó, no me trató igual, me empezaron a rechazar, decían que por mi culpa no recibían apoyos del Gobierno.

“Ahora ya tengo cinco años viviendo aquí, actualmente rento, vivo con mi hija de siete años y con mi hermana que estudia la secundaria y tiene dos años viviendo conmigo”, detalla.

-- ¿Qué fue lo que pasó con tu esposo?

-- Él salió conmigo y mi hija de la comunidad, estuvo viviendo con nosotras como cinco meses pero después se fue, la verdad es que siempre me rechazó por todo lo que pasó, me decía que nadie me iba a querer por todo lo que pasé, que iba a estar sola siempre. Además, con él fui víctima de maltrato físico, ya que me pegaba.

“Llegué a un límite en el cual ya no quería vivir más, pensé en el suicidio, caí en una depresión en la que sólo pensaba en cómo le iba hacer para pagar mi renta y los gastos, pensaba en cómo los que me hicieron daño no han pagado y están libres, como si nada, y a mí me había dejado mi esposo, lejos de mi familia. Perdí mi casa y todo”.

-- ¿Cómo saliste de este proceso?

-- Gracias a mi mamá, mi familia y dios hoy estoy aquí, las palabras de mucha gente cercana me han ayudado. Busqué un trabajo y actualmente tengo dos turnos, en la mañana cuido a unos bebés con una señora y por la tarde trabajo en un boutique de ropa.

“Mi jornada empieza muy temprano: llevo a mi hija a la escuela, saliendo del trabajo la voy a traer y de ahí se va conmigo a mi otro trabajo y estamos juntas hasta que salgo de la boutique y nos vamos a casa, cuando tengo que salir por algo mi hermana me apoya y me cuida a mi hija”.

-- ¿Cuándo fue la última vez que visitaste tu pueblo y cambió la actitud de la gente?

-- Tiene cinco meses que no visito mi comunidad, últimamente he estado viendo más continuamente a mi familia. Recién llegué, tenía como dos o tres años que no iba pero ahora es distinto.

“Antes cuando iba a mi pueblo las personas se me quedaban viendo mal, ahora ya no. Desde que supieron que fui hasta Washington a arreglar lo de mi asunto cambiaron. Ahora hasta me saludan y me preguntan cómo estoy, que dónde vivo, que cómo va mi caso”.

-- ¿Hubo discriminación o ataques a tu familia?

-- Sí, mucha discriminación hacia mi familia. La que más lo resintió fue mi mamá, le decían “no supiste educar a tu hija”, “fue por su propio bien lo que le pasó”. Mi mamá, a pesar de esto, nunca hizo caso, siempre me apoyó, no con dinero pero sí con sus palabras.

-- ¿Cómo es la vida de las mujeres en tu comunidad?

-- Las mujeres de mi comunidad tratan de vivir, no hay médico, los maridos las maltratan, si las ven platicando con un hombre les pegan. Me duele lo que pasan ellas porque no ponen limites para que no se dejen y las siguen maltratando, y pobres, pues más.

“Además, si se va uno de la comunidad --como en mi caso, que estudie 2 años de secundaria en Chilpancingo-- y llegas hablando un poco más de español te cierran las puertas y no salen. Más cuando van militares a las zonas, ya las hijas e hijos no van a la escuela, las mujeres ya no salen a trabajar porque les da miedo, porque ellos traen armas y saben que están en peligro”.

-- ¿A que edad se casan las mujeres de tu comunidad y que oportunidades de estudio tienen?

-- Pues solo se estudia hasta la primaria y no siempre la terminan. A veces se salen de cuarto año y si ya estás grande te casas. Yo estudié hasta segundo de secundaría porque mi mamá se enfermó y tuve que regresar a mi comunidad, pero quería seguir estudiando. Como ya no se pudo, me casé a los 15 años, cuando mi esposo tenía 21. Actualmente me gustaría estudiar pero no puedo por el tiempo y el dinero.

MILITARES, TORTURA Y ABUSOS

-- ¿Cuándo fue que se empezó a agudizar la militarización en la zona donde vivías?

-- Desde el 2000 se empezaron a agudizar los problemas en las comunidades, se vieron más militares. Pero antes de que yo denunciara mi violación, ya se sabía de otros casos de violaciones en mi comunidad. Supe de una mujer que denunció, pero el comisario no hizo caso. Les dijo a ella y sus familiares que si ponían denuncia iban a meter en problemas a la comunidad, porque los militares son empleados del gobierno y nosotros solo somos pobres, qué tal si vienen y nos matan. Y así dejaron pasar ese caso.

-- ¿Cómo fue que decidiste denunciar?

-- Denuncié gracias a que un tío de Barranca me dijo que yo no podía quedarme callada, porque, si no lo hacía, todo iba a seguir igual. Él me acompañó y bajamos caminando a Ayutla para poner la denuncia.

“Durante dos años saqué fuerzas para estar bajando y subiendo de la montaña con mi tío, pasábamos hambre y como no había carro caminábamos 8 horas y cuando agarrábamos carro tardábamos 4 horas. Pero hace tres años lo mataron, lo asesinaron y sus hijos no pusieron denuncia por miedo y mejor se quedo así”.

-- ¿Cómo se llamaba tú tío y por qué crees que lo asesinaron?

-- Él se llamaba Encarnación Rosendo Morales, es hermano de mi papá, él hablaba más español, estudió más y entendía más que las cosas no debían quedarse sin denunciar y pues allá entre más hables español la gente no te quiere, te ve mal y si estudias pues más y hay mucha gente a la que no le gusta.

-- ¿Cómo te has sentido desde que tu caso está en la CIDH y cómo fue el proceso?

-- Fue una experiencia linda y triste, porque tuve que ir hasta Washington para que se me haga justicia, porque el Gobierno de México no escucha y porque hay muchas mujeres que no denuncian por vergüenza o por miedo a sus maridos o su familia.

“Fui con Inés y su traductora Obtilia Eugenio, los abogados Mario Patrón y Alejandro Ramos. A partir de ir a la CIDH, sentí que las cosas podían cambiar y puede haber justicia para las mujeres, sólo que tienen que saber que no deben callar sino luchar para que las cosas no se queden sin resolver”.

-- ¿Vives con miedo?

-- Si con mucho miedo y resentimiento hacia los militares por la situación que viví, nadie sabe dónde vivo ahorita, porque antes en la primera casa que viví llegaron unos tipos a preguntar que quién era y de dónde venía, así que salí huyendo también de esa casa y ahora ya nadie sabe dónde vivo.

-- ¿Qué esperas?

-- Lo único que pido es que se me haga justicia, que las mujeres de las comunidades de La Montaña de Guerrero no tengan que enfrentarse a la violación de militares, como si fuera algo cotidiano, y que el Gobierno no escuche.

“Yo voy a seguir luchando para que los militares que atentaron contra mí paguen, estoy triste porque siete años después de lo que me pasó aún no hay justicia y estoy sola y lejos de mi familia. Y aunque sé que es un proceso largo, voy a luchar hasta que encuentre la justicia y cuando llegue voy a regresar a mi pueblo a sembrar jamaica junto a mi familia”.

Chilpancingo, Gro., 13 enero 09 (CIMAC)
09/STP/GG

www.cencos.org

Comunicado del Movimiento Ecuménico Por Los Derechos Humanos- MEDH

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