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jueves, 4 de junio de 2009

Represión, respuesta gubernamental a los que defienden el medio ambiente

Represión, respuesta gubernamental a los que defienden el medio ambiente

El Salto, 30 de mayo.- Comunidades que defienden sus recursos naturales y expresan su rechazo a proyectos que afectan su entorno, hoy enfrentan represión y órdenes de aprehensión. Esto es lo único que han obtenido como respuesta de las autoridades cuando demandan resolver conflictos ambientales; los casos más recientes son los de La Gloria, en Veracruz, Ocotlán, en Oaxaca y Azumiatla, Puebla, donde hay 17 detenidos.

La cuarta Asamblea de Afectados Ambientales, a la cual asisten representantes de comunidades que tienen este tipo problemas en al menos 12 estados del país, se desarrolla en esta localidad enmarcada por los malos olores y la contaminación que despide la espuma del río Santiago en la caída de su cascada verdosa.

Provenientes de decenas de comunidades, 174 delegados expusieron las diferentes circunstancias que enfrentan ante la proliferación de obras habitacionales que pretenden desplazarlos de sus localidades y quitarles el agua; la construcción de presas que inundarán sus pueblos; planes carreteros que deforestarán bosques y reducirán la recarga de agua. Un recuento de casos similares, en gran parte de los cuales la salida de la autoridad ha sido la vía judicial contra los pobladores.

Los habitantes de la comunidad La Gloria, ubicada en Perote, Veracruz, que saltó a la palestra internacional porque ahí ocurrió uno de los primeros casos conocidos de influenza A/H1N1, no sólo han enfrentado problemas de salud, sino que cinco de ellos tienen órdenes de aprehensión porque presuntamente participaron, el 10 de enero de 2007, en el bloqueo de la carretera Alchichica-Puebla.

Verónica Hernández, quien está en libertad bajo fianza, explicó que a ella, quien ya no vive en la comunidad, y a cuatro personas más los acusaron del hecho y ni siquiera estuvieron ese día en el lugar. Sin embargo, la maestra de telebachillerato, desde hace cinco años acumula tres órdenes de aprehensión en su contra, entre ellas una por difamación presentada por la empresa Granjas Carroll, a la cual se le atribuye contaminación del aire, agua y suelo desde que se instaló en la zona en 2004.

La profesora dijo que “si algo me pasa, responsabilizo a la empresa, porque tiene tanto poder que a pesar de los daños evidentes ahí se mantiene”. Actualmente vive en la comunidad Las Vigas, muy cerca de La Gloria. De acuerdo con versiones de asistentes a la asamblea, Granjas Carroll acosa con llamadas telefónicas a la gente afectada por sus operaciones.

La resistencia contra la operación de la Minera Cuzcatlán, en San José del Progreso, Ocotlán, ubicado en valles centrales de Oaxaca, llevó a que el 24 de marzo elementos de la Secretaría de Seguridad Pública Federal, la Secretaría de la Defensa Nacional y la policía estatal, hicieran un operativo en el cual las viviendas fueron cateadas. Buscaban detener a Agustín Ríos, cuyo padre se niega a vender terrenos a la empresa, explicó su esposa, Sue Madelaine Ochoa.

En San Andrés Azumiatla, Puebla, empresas inmobiliarias buscan hacerse de 560 hectáreas para construir una zona habitacional con un centro comercial y vías de comunicación. El pasado 17 de abril, topógrafos que estaban trabajando en la localidad despertaron las sospechas de la comunidad, lo cual provocó una gresca que llevó a la detención de 17 personas, entre ellas una mujer embarazada, un niño y una persona con problemas mentales; todos permanecen en prisión, explicó Juan Linares, integrante del Frente por Defensa del Agua y la tierra de Puebla y Tlaxcala. Estos son sólo algunos de los casos que se expusieron este día.

Los asistentes precisaron que su lucha “es para detener la destrucción, el despojo y la privatización que los capitalistas han causado a nuestros territorios, recursos naturales, a nuestra vida misma”.

Consideraron que los empresarios “han decidido acabar con la riqueza natural a costa de millones de personas”. En esta estrategia participan los constructores, asesores ambientalistas, un sector de académicos y las instituciones del Estado “para operar esta guerra de conquista”.

Mientras, aquí en El Salto, con problemas de contaminación por décadas, la situación no cambia y la gente sigue resintiendo los fétidos olores y la espuma que emana del río Santiago, las nubes de mosquitos que proliferan en la zona y los problemas de salud que ocasiona la concentración de descargas de agua residual que llegan desde la Zona Metropolitana de Guadalajara a través del canal de El Ahogado, entubado recientemente y cuya salida se ubica justo bajo la cascada que divide esta comunidad de la de Juanacatlán.

El caso de El Salto es emblemático en Jalisco debido a que fue en este municipio donde se documentó, en febrero de 2008, la muerte de un menor de edad, Miguel Angel López Rocha, que cayó al río Santiago e ingirió sus aguas, lo que le provocó 15 días de agonía por intoxicación. Hasta el momento, aunque las autoridades estatales han reconocido el problema de contaminación del río, no aceptan que la muerte del menor se deba a esto e insisten en que este cuerpo de agua, sobre el que se pretende construir la presa de Arcediano para alimentar a la ciudad de Guadalajara, puede sanearse con dos macroplantas de tratamiento.

 
Angelica Enciso/La Jornada

jueves, 25 de diciembre de 2008

Desoye el gobierno de Jalisco alertas sobre contaminación del río Santiago

Niega riesgos pese a detección de cianuro, arsénico y mercurio; persecución contra activistas

■ En febrero un menor pereció intoxicado luego de haber caído a la corriente

■ La Conagua e investigadores han documentado descargas de empresas químicas, farmacéuticas y destilerías

Mauricio Ferrer (Corresponsal La Jornada)

El Salto, Jal., 14 de diciembre. “Si quiere tener cáncer, véngase a El Salto”, suelen decir los colonos de este municipio, donde las descargas de desechos industriales prácticamente han acabado con la vida en el río Santiago, que divide esta localidad de Juanacatlán.

Estas aguas contienen cobre, así como mercurio, cianuro y arsénico, entre otros elementos y compuestos téxicos.

En febrero Miguel Ángel López Rocha, de ocho años, cayó al río cuando jugaba con otros niños del fraccionamiento Bonito Jalisco. Se intoxicó con arsénico, entró en estado de coma y murió poco después.

La espuma que forma la cascada no es la misma que le ganó a este municipio el nombre de El Niágara Mexicano hace más de 50 años, aseguró Enrique Enciso, de la asociación civil Un Salto de Vida. Hoy basta oler las aguas sobre el puente para empezar a sentir dolor de cabeza, irritación de ojos y comezón debido al ácido sulfhídrico y su hedor característico a huevo podrido.

Raúl Muñoz Delgadillo, presidente del Comité Ciudadano de Defensa Ambiental de El Salto, realizó investigaciones durante tres años y documentó cerca de 650 casos de diversas enfermedades asociadas a la contaminación, entre ellas leucemia, insuficiencia renal y tumores cerebrales.

“Fuimos a las colonias y empezamos a detectar padecimientos. Hay 42 enfermos en la cabecera municipal de El Salto, y desde El Castillo hasta San José del Quince (en la cuenca de El Ahogado) hay unos 75, la mayoría mujeres, además de casos de anencefalia (bebés que nacen sin cerebro)”.

Lo que queda

El río Santiago nace en el lago de Chapala, muy cerca del municipio de Ocotlán, y discurre 475 kilómetros hasta San Blas, Nayarit, donde desemboca en el océano Pacífico.

A finales del siglo XIX los moradores de El Salto pescaban y nadaban en el río, y disfrutaban de días de campo en el relajado ambiente provinciano.

En 1906 apareció la primera industria: Nanutex, que aprovechó la cascada para generar energía eléctrica, y cuyos vestigios persisten, cubiertos de matorrales y grafitis. En 1935 llegó Nestlé, y en 1947 se inició la debacle ambiental en El Salto y Juanacatlán con el arribo de la empresa químico-farmacéutica Ciba-Geigy.

“Se acabó la vida en el río”, cuyas aguas empezaron a teñirse de rojo, morado y otros colores, asegura el estudio Mártires del río Santiago, publicado en abril de 2007 por el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (Imdec).

El documento señala que antes de que la Revolución Industrial llegara a la zona, el Santiago era hábitat de carpas, bagres y peces blancos; además se usaba para regar cultivos de maíz, frijol, trigo, sorgo, garbanzo, jitomate, cebolla, lechuga, zanahoria, mango, durazno, manzana y guayaba, que eran una importante fuente de ingresos para la economía local.

Pero todo cambió “una noche hace 30 años, cuando un olor horrible invadió el pueblo entero. Al día siguiente miles de peces flotaban muertos en el río”. Desde entonces el hedor impregna con tal intensidad el aire de El Salto y Juanacatlán que la gente a veces no puede dormir y debe cubrir con toallas mojadas los resquicios de puertas y ventanas, narra Estela Cervantes en el prólogo del estudio del Imdec.

Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), se han identificado 280 descargas de industrias en el río Santiago, la mayoría del sector farmacéutico, pero también de las industrias alimentaria, textil, de la celulosa y destilerías de tequila.

En su Inventario de descargas en Jalisco, la gerencia regional de la Conagua detalla que Celanese Mexicana, Ciba Especialidades Químicas, IBM, Nestlé y Harinera de Maíz de Jalisco son las empresas que descargan más residuos al río.

Trastornos documentados

En 2006, Francisco Javier Parra Cervantes, médico de la unidad de medicina familiar número 34 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ubicada en El Salto, a unos metros del puente, examinó a niños de la escuela Mártires de Río Blanco expuestos a la fuente de ácido sulfhídrico, y comparó los resultados con los obtenidos en otro plantel.

Los alumnos que inhalaron el aire enrarecido presentaron fatiga, tos, irritación, saturación de oxígeno (una patología respiratoria), secreción nasal, y disminución transitoria del nivel de conciencia.

Con esta investigación Parra Cervantes obtuvo un posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y la primaria fue cerrada.

Sin embargo, el secretario de Salud del estado, Alfonso Gutiérrez Carranza, y otros funcionarios de la administración panista han insistido en que la contaminación no es problema. Sin embargo, la muerte del niño Miguel Ángel López Rocha, la movilización ciudadana y la presión de los medios de comunicación los obligó a investigar la contaminación con metales pesados en El Salto y Juanacatlán.

Tras una espera de meses, la Secretaría de Salud de Jalisco informó que no encontró grandes concentraciones de arsénico en más de 400 muestras, y Gutiérrez Carranza sostuvo que la intoxicación por ese elemento se debe a la ingesta de pescado.

Lo que sí ha habido tras la documentación de padecimientos graves y las insistentes denuncias públicas es la persecución de activistas como Raúl Muñoz Delgadillo, a quien policías de El Salto le sembraron mariguana cuando iba a una manifestación frente al palacio municipal, en septiembre pasado.

Y apenas en noviembre, como hace 30 años, volvieron a aparecer cientos de peces muertos.

Comunicado del Movimiento Ecuménico Por Los Derechos Humanos- MEDH

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