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domingo, 6 de enero de 2013

“Es peor informar del narco que de la guerra. Aquí no hay trincheras”


La periodista mexicana ha puesto su interés en los desplazados por la guerra contra los cárteles

La periodista Marcela Turati (México, 1974) da un consejo por si alguien quiere ir a cubrir una información sobre narcotráfico a un lugar conflictivo. “La clave es no decir que eres periodista hasta el final. Y luego te vas corriendo al aeropuerto”. Eso, los que pueden irse. Porque los que trabajan sobre el terreno se convierten en perpetuos corresponsales de guerra. “Yo creo que es aún peor”, asegura, “porque además de testigo te conviertes en objetivo. Y aquí no sabes dónde están las trincheras. No sabes si el alcalde o el policía con el que hablas es un traficante”. Ella hace un trabajo que en su país ha costado la vida a 50 compañeros en los últimos seis años. Pero habla con tanta pasión de su oficio que se olvida de desayunar. Entonces dejamos de preguntarle y la obligamos a comer un poco. Y luego nos sigue contando.
Turati, redactora de la revistaProceso, ha sido noticia dos veces en los últimos días. Este jueves la Nieman Foundation para el periodismo en Harvard le ha concedido el Premio Louis Lyons a la conciencia e integridad en el periodismo “por su papel en la formación y protección de los reporteros en México y como abanderada de quienes arriesgan su vida para narrar la ola de violencia”. Y a primeros de este mes, cuando se celebró esta entrevista, presentó en la Feria Internacional de de Guadalajara Entre las cenizas, un libro colectivo elaborada junto a otros compañeros de la Red de Periodistas de a Pie, de la que es fundadora, en el que se repasa la guerra contra el narco del sexenio de Felipe Calderón desde el punto de vista de las víctimas.
“Casi toda la crónica de este período se ha hecho en clave de horror”, cuenta. “Pero decidimos fijarnos en quienes han sufrido. Y no solo en los que están tirados en el piso, sino en los que resistieron y consiguieron cambiar algo con pequeños actos solidarios sostenidos en el tiempo. La gente que decidió dejar la parálisis e intervenir en la historia”. En el texto que Turati escribió para el libro, se habla de los desaparecidos. Muchos no regresarán pero sus familias, enojadas y huérfanas de autoridades, presionaron y lograron leyes y protocolos de búsqueda para quienes sigan desapareciendo. En otro capítulo, las protagonistas son las mujeres sanadoras de Juárez, que aprenden tanatología o terapias florales para sacar a los hombres del duelo y aliviar a las viudas. “Esas gotitas constituyen un acto de amor y marcan el camino para que el Gobierno sepa a quiénes ayudar, dónde y hasta cómo”, explica.
Ante la crueldad, la escritora cita a un forense: "Ahora rezo por los vivos"
Los movimientos ciudadanos pueden presionar pero se necesita del Estado para emprender grandes cambios. ¿Qué le pide al nuevo Gobierno de Peña Nieto? La periodista no duda. “Hay que crear un sistema integral de protección a la víctimas. Y depurar el sistema judicial, hacerlo fuerte y llenarlo de gente honesta que investigue los crímenes. Si resultan impunes, el sicario queda en el inconsciente colectivo de las familias golpeadas: los adolescentes dejan la escuela, las mujeres tienen que trabajar el doble y si les queda fuerza, pedir justicia, los niños crecen con un enojo incontenible. Las víctimas deben tener asistencia sanitaria, atención psicológica, educación asegurada, pero sobre todo, necesitan saber que alguien paga por el delito”.
Eso son sus deseos. Pero es escéptica. “Creo que la guerra va a seguir. Aparentemente la violencia se ha normalizado, a niveles altísimos. Pero temo, y comparto ese miedo con otros periodistas, que no disminuyan los crímenes, que simplemente se hable menos de ellos. Hay gente que celebra que ganara un partido con experiencia de gobierno. Pero también tiene experiencia en controlar muy bien los medios. En los Estados gobernados por el PRI con senadores y diputados priístas no habrá contrapesos. Y eso me asusta”.
Al escuchar a Turati uno se admira de la extraordinaria vocación de muchos periodistas para seguir ejerciendo en condiciones tan terribles. “Hay reporteras muy valientes a las que sus propios esposos les piden que no vayan a buscar a los niños a la escuela, porque son un factor de riesgo. Y cargan con la culpa de sentirse tóxicas en su familia, pelean por la pasión del oficio y al tiempo piensan que pueden matar a sus hijos”. Y es que, aunque ese amor a la profesión no se pague con la muerte, se paga casi siempre con un gran desgaste psicológico. “Unos se ven como suicidas y si se acaba la violencia en su ciudad, se trasladan a otra. Otros se convierten en almas en pena, aunque todo haya pasado. Un compañero fotografió 19 cadáveres en diferentes lugares de Juárez en ocho horas. ¿Cómo te vas a casa luego con eso?”, se pregunta.
Por eso en la Red de Periodistas no solo enseñan protocolos de seguridad. También se preocupan de fomentar el autocuidado emocional. “En Veracruz han matado a nueve reporteros”, cuenta Turati. “Y sus compañeros nos decían: ‘Necesitamos psicólogos para terapias colectivas, nos da miedo salir de casa’”. En los talleres que organizan una de las estrategias consiste en convencerles de que no se culpen, de que no se sientan malas personas por los ataques de ira que enturbian su vida familiar: “Porque muchas de sus reacciones forman parte de un estrés postraumático, como el de los combatientes de un conflicto bélico”.
Seamos terriblemente optimistas y pensemos que mañana se acaba la violencia ¿Qué pasa con los asesinos? Hay gente por la calle con cientos de crímenes a sus espaldas. Turati no tiene una respuesta. “Son víctimas victimarias”, reflexiona. “Hice un reportaje con sicarios y a casi todos los echaron de la secundaria por ingobernables. Y pensé: ahí hay una política pública que crear. Son gente criada en la impunidad, sin respeto por la vida. Detuvieron a un hombre en Juárez y su hijo de nueve años explicó: ‘Mi papá se dedicaba a cortar cabezas’. ¿Qué haces con eso?”. Y concluye con la reflexión de un forense que examinó 55 cadáveres torturados que sacaron de un pozo: “Antes rezaba por los muertos. Ahora también rezo por los vivos’”. 14 DIC 2012 - 22:25 CET

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/12/14/actualidad/1355516993_144698.html

jueves, 16 de diciembre de 2010

El narco dictando agenda

El narco dictando agenda

miércoles, 15 de diciembre de 2010
Curioso y sospechoso el empeño que Felipe Calderón ha dedicado a Michoacán. Y no por creer que sus motivaciones son auténticas pues bien sabemos que lo mueve el sentido fraternal de procurar que su familia, y familiares, cuenten con buenos empleos para que ellos vivan mejor que nadie. El Estado ha dedicado a reducir la situación de violencia en Michoacán a meros discursos entre buenos y malos. Los malos, según ellos, son los que “secuestran, roban, matan”. La realidad parece ser muy distinta a lo que el gobierno federal de facto alega con desesperación.
Las protestas de los afectados por las acciones de las fuerzas federales han manifestado su descontento por la salvaje intervención de policías federales en operativos unilaterales en donde lo que priva es la brutalidad, el desprecio por los derechos humanos. El mismo alcalde de Apatzingán ha declarado que, si bien está de acuerdo con la intervención federal, no lo está con el abuso de la fuerza policiaca-militar que los ciudadanos han padecido ya que, según dice, existen más de sesenta quejas contra elementos de la policía federal preventiva. Si agregamos las marchas ciudadanas a favor del retiro de esa policía militarista y simpatizante, de lo que se nos ha hecho creer, de un “peligroso cártel de la droga” la situación se complica debido a esos mismos factores.
El hecho es que la maquinaria de propaganda del gobierno federal dirige ahora sus comunicados llenos de pesares, peligros, macabros hallazgos, amenazas y fanfarronerías sin que nos den un motivo para creerles, como usualmente sucede. Y es que ante la carencia de evidencias las dudas saltan. La ferocidad con que la policía federal desata sus ataques contra las plazas, ciudades y carreteras de Michoacán es algo que difícilmente se ve, digamos, en ciudades como Juárez, Tijuana, Monterrey, Reynosa y otras donde quien manda es el narco. Si bien las impresiones no son más que un guiso del total de la realidad, en este caso lo que se aprecia es un golpeteo político; una desmedido temor del gobierno por una organización que compite por las simpatías de los ciudadanos con efectividad inusitada entre los locales quienes no han dudado siquiera en pronunciarse a favor de un presunto grupo criminal. Tal situación asemeja, en casi todo, a las dinámicas sociales y de comunicación de comunidades que apoyan a grupos guerrilleros que se alojan en sus comunidades. Quizás por ello el gobierno federal ha actuado en consecuencia y a tono como la situación lo demanda: mediante el exterminio de una organización que cuestiona su legitimidad, poderío y autoridad.
En paralelo, México no es el único que está perdiendo una “guerra” contra las drogas. Esto no es novedoso ya que mientras los estados persisten hacer encajar un vetusto y fallido Estado de Derecho, los grupos criminales hacen uso de esa misma estructura para adquirir poder de todo tipo. Así lo refleja la entrevista realizada a Marcos Camacho, poderoso narcotraficante brasileño quien, además, es un intelectual cuyas reflexiones sientan las bases del nuevo orden mundial que es ignorado por la negación y negligencia de las autoridades al ser estas cómplices voluntarias, o no, del auge de los señores de la droga.
A continuación un extracto de la entrevista realizada en 2008:
"¿Usted tiene miedo de morir?
Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva "especie", ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. ¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja.! Yo leo mucho leí 3000 libros y leo al Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas "con autorización" de la justicia? Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post miseria. Eso. La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio."
La entrevista completa en el siguiente link: http://bit.ly/hBzz5x
Comentarios: immorfo@gmail.com
Twitter: http://twitter.com/Morf0
Fuente de información, Morf0 - Opinión EMET 

http://www.revistaemet.net/new_emet/noticia.php?id=11560


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