ESQUIRLA- MIilenio Semanal Dom, 17/05/2009 - 06:32 — Osorno
Entre las míticas reseñas que se hacen de sus escapes de aparatosos operativos militares, la presencia del Comandante Ramiro —como es llamado Omar Guerrero Solís dentro de la estructura clandestina del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI)— es cada vez más real por las tierras de Guerrero. Tan real como la influencia que provoca el mito de Lucio Cabañas en una región donde hay hombres que se arman soñando una revolución que acabe con la pobreza de sus pueblos. Pobreza de primeros lugares en casi todos los índices de marginación del país.
A finales de 2007 contamos en MILENIO Semanal la historia de este guerrillero, que se fugó el 28 de noviembre de 2002 de la cárcel de Acapulco luego de excavar un túnel junto con otros reos. Al mando de una columna estimada en 50 hombres armados, Ramiro es hoy considerado por las procuradurías de Guerrero, Morelos y Estado de México como “el delincuente más buscado del centro del país”. Tras el citado reportaje, Ramiro envió un mensaje donde se asumía como un miembro más del ERPI, sin pretender ningún protagonismo, y aseguraba que entre los enemigos del grupo guerrillero había que incluir al narco, trenzado en una alianza con el Ejército para traficar droga y tratar de aniquilar a la guerrilla.
Meses después, algunos hechos parecieron darle la razón a las acusaciones de Ramiro: Rogaciano Alba, sempiterno líder de la Unión Ganadera de Guerrero pasó a la clandestinidad, luego de que 20 de sus allegados, entre ellos algunos familiares, fueran ejecutados en una matanza sin precedentes en Iguala y Petatlán. Días después, la Procuraduría General de la República (PGR) filtró expedientes en los cuales se vinculaba a Rogaciano con el narcotráfico. Ya en la clandestinidad, Rogaciano formó un grupo llamado Ejército de Liberación del Pueblo, el cual ha reivindicado algunas ejecuciones al colocar mantas donde dice apoyar al Ejército en la limpia de narcotraficantes. Este narcoparalimitarismo surgido en Guerrero tiene como finalidad acabar con el grupo del narco rival y devolver el “viejo orden”, pero también, de paso, acabar con las expresiones de descontento social como el ERPI y otras más que operan en la zona.
Hace unos días el Comandante Ramiro envió nuevos mensajes desde algún lugar de Guerrero, donde alertó de enfrentamientos sucedidos entre la guerrilla y el narcoparamilitarismo. “Zeferino Torreblanca, El Chapo Guzmán y Rogaciano Alba son los principales responsables de la violencia en gran parte del estado. Los narcos participan en las reuniones que lleva a cabo el Ejército y el gobierno del estado, golpean a un cártel y protegen a otro; pero en esencia son iguales, porque asesinan, secuestran y torturan”.
Eric Hobsbawm, en su libro Bandidos, explica que el bandolerismo social es un fenómeno universal que se da en sociedades agrícolas compuestas de campesinos y trabajadores sin tierra oprimidos y explotados. Para Hobsbawm, una epidemia de bandolerismo representa algo más que hombres tomando por la fuerza de las armas lo que necesitan antes de morir de inanición: puede reflejar la distorsión de toda una sociedad, la aparición de estructuras y clases sociales nuevas o la resistencia de comunidades o pueblos enteros frente a la destrucción de su forma tradicional de vida.
Algo así sucede en Guerrero y un día de estos nos va a estallar en la cara.
Historias de Casos de Privatización de recursos naturales, Violación a Derechos Humanos, Censura, Guerrillas y Otros... Crónicas de Masacres anunciadas, esa es la historia y el pueblo en marcha siempre...Este es Guerrero en pie de lucha Atte: Hercilia Gato... La relidad segun el GatoNegro
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domingo, 13 de diciembre de 2009
jueves, 18 de junio de 2009
Los comicios serán un espejismo hasta que las fuerzas ciudadanas se renueven: Montemayor
El escritor considera que la “resistencia retórica” impide saber qué tan cerca está una guerra civil
Elio Henríquez
Corresponsal (La Jornada)
San Cristóbal de Las Casas, Chis., 25 de mayo. “La resistencia retórica del país nos impide comprender a qué grado la crisis del narcotráfico y de las organizaciones guerrilleras en México constituye ya un preámbulo de guerra civil”, afirmó el escritor Carlos Montemayor.
Sobre los comicios del 5 de julio para renovar la Cámara de Diputados, opinó que las elecciones serán “un espejismo mientras las fuerzas ciudadanas no se renueven, no crezcan y no intervengan de manera decisiva en los procesos electorales, que cada vez más representan una disputa entre elites de partido y no de proyectos nacionales de base ciudadana”.
Sostuvo que cada vez las dirigencias de los partidos políticos “son más semejantes. Sus diferencias son esencialmente escénicas, no de sustancia”, por lo que “la salida o el cambio saludable político en México no puede derivar de las elites de los partidos políticos; solamente puede surgir de un cambio sustancial de las acciones, fuerzas o transformaciones ciudadanas”.
En entrevista, consideró que la reciente declaración del ex secretario de Hacienda José Ángel Gurría de que la economía de México “‘es un desastre’, es muy adecuada, pues estamos ante la demolición por los efectos de las políticas neoliberales de México. El país está en demolición, no como dice retóricamente Felipe Calderón, que en el camino correcto. Está en la demolición, en el abismo, en la caída precipitada del desmantelamiento total”.
El término “Estado fallido”, dijo, es un concepto forjado desde la perspectiva de los analistas y asesores del Pentágono en Washington, “pero sus conclusiones no están muy alejadas de la realidad económica del país, que está en el sótano del desarrollo económico del continente”.
México “está en bancarrota, no tiene recursos propios ni en ciencia, salud, pensiones, seguridad social ni en seguridad pública”.
El escritor e historiador se refirió también a la tendencia oficial de criminalizar la protesta, y señaló que “adelantarse en términos legislativos y judiciales a la criminalización de la inconformidad social es confesar que las condiciones sociales, políticas y económicas de México van a detonar un proceso de inconformidad social creciente”.
–Hay advertencias de que el país podría sufrir una guerra civil –se recordó al autor de Guerra en el paraíso.
–Las guerras civiles tienen una tipología en el derecho internacional muy clara. La tradición mexicana acerca de sus conversiones sociales ha sido también muy explícita, y vigorosamente expuesta en foros nacionales e internacionales. México ha criminalizado siempre la inconformidad; no ha firmado los protocolos de Ginebra sobre los conflictos bélicos internos. El Ejército Mexicano se ha opuesto siempre a suscribir los convenios internacionales que protejan los derechos de combatientes internos.
“La guerra civil, los alzamientos armados, las rebeliones, los movimientos guerrilleros han sido siempre considerados por el gobierno mexicano, priísta o panista, como delincuencia. La criminalización de la inconformidad social ha conducido a una cerrazón total de comprensión social y jurídica de la inconformidad social; por lo tanto, el surgimiento de una guerra social sería un trastocamiento no sólo de la estructura política del país, sino de la inercia de conceptualización política de la inconformidad social en México. Esta resistencia retórica del país nos impide comprender a qué grado la crisis del narcotráfico y de las organizaciones guerrilleras en México constituyen ya un preámbulo de guerra civil.”
–¿Los grupos guerrilleros en México tienen fuerza?
–No sabemos el nivel de penetración que tienen las organizaciones guerrilleras. Por los comunicados recientes del Ejército Popular Revolucionario (EPR), o por las entrevistas que ha dado, podemos suponer que hay un crecimiento de las bases sociales. No sabemos cuál es la extensión del crimen organizado del país, cuál es el nivel de infiltración que el crimen organizado ha conseguido en las estructuras policiales y castrense, e incluso políticas y administrativas del país.
Montemayor aseguró que México “ha perdido de manera significativa el control de la información de seguridad nacional que podría tornar comprensible el desarrollo de la inconformidad social legal, clandestina y armada, y por otro lado el crecimiento de las organizaciones del crimen organizado”, por lo que “es lógico que si el Estado ha perdido el control de la economía, de las empresas públicas y de los puntos neurálgicos de mercado interno y de control económico, es lógico que haya perdido también el control de la seguridad interna, política y social”.
Elio Henríquez
Corresponsal (La Jornada)
San Cristóbal de Las Casas, Chis., 25 de mayo. “La resistencia retórica del país nos impide comprender a qué grado la crisis del narcotráfico y de las organizaciones guerrilleras en México constituye ya un preámbulo de guerra civil”, afirmó el escritor Carlos Montemayor.
Sobre los comicios del 5 de julio para renovar la Cámara de Diputados, opinó que las elecciones serán “un espejismo mientras las fuerzas ciudadanas no se renueven, no crezcan y no intervengan de manera decisiva en los procesos electorales, que cada vez más representan una disputa entre elites de partido y no de proyectos nacionales de base ciudadana”.
Sostuvo que cada vez las dirigencias de los partidos políticos “son más semejantes. Sus diferencias son esencialmente escénicas, no de sustancia”, por lo que “la salida o el cambio saludable político en México no puede derivar de las elites de los partidos políticos; solamente puede surgir de un cambio sustancial de las acciones, fuerzas o transformaciones ciudadanas”.
En entrevista, consideró que la reciente declaración del ex secretario de Hacienda José Ángel Gurría de que la economía de México “‘es un desastre’, es muy adecuada, pues estamos ante la demolición por los efectos de las políticas neoliberales de México. El país está en demolición, no como dice retóricamente Felipe Calderón, que en el camino correcto. Está en la demolición, en el abismo, en la caída precipitada del desmantelamiento total”.
El término “Estado fallido”, dijo, es un concepto forjado desde la perspectiva de los analistas y asesores del Pentágono en Washington, “pero sus conclusiones no están muy alejadas de la realidad económica del país, que está en el sótano del desarrollo económico del continente”.
México “está en bancarrota, no tiene recursos propios ni en ciencia, salud, pensiones, seguridad social ni en seguridad pública”.
El escritor e historiador se refirió también a la tendencia oficial de criminalizar la protesta, y señaló que “adelantarse en términos legislativos y judiciales a la criminalización de la inconformidad social es confesar que las condiciones sociales, políticas y económicas de México van a detonar un proceso de inconformidad social creciente”.
–Hay advertencias de que el país podría sufrir una guerra civil –se recordó al autor de Guerra en el paraíso.
–Las guerras civiles tienen una tipología en el derecho internacional muy clara. La tradición mexicana acerca de sus conversiones sociales ha sido también muy explícita, y vigorosamente expuesta en foros nacionales e internacionales. México ha criminalizado siempre la inconformidad; no ha firmado los protocolos de Ginebra sobre los conflictos bélicos internos. El Ejército Mexicano se ha opuesto siempre a suscribir los convenios internacionales que protejan los derechos de combatientes internos.
“La guerra civil, los alzamientos armados, las rebeliones, los movimientos guerrilleros han sido siempre considerados por el gobierno mexicano, priísta o panista, como delincuencia. La criminalización de la inconformidad social ha conducido a una cerrazón total de comprensión social y jurídica de la inconformidad social; por lo tanto, el surgimiento de una guerra social sería un trastocamiento no sólo de la estructura política del país, sino de la inercia de conceptualización política de la inconformidad social en México. Esta resistencia retórica del país nos impide comprender a qué grado la crisis del narcotráfico y de las organizaciones guerrilleras en México constituyen ya un preámbulo de guerra civil.”
–¿Los grupos guerrilleros en México tienen fuerza?
–No sabemos el nivel de penetración que tienen las organizaciones guerrilleras. Por los comunicados recientes del Ejército Popular Revolucionario (EPR), o por las entrevistas que ha dado, podemos suponer que hay un crecimiento de las bases sociales. No sabemos cuál es la extensión del crimen organizado del país, cuál es el nivel de infiltración que el crimen organizado ha conseguido en las estructuras policiales y castrense, e incluso políticas y administrativas del país.
Montemayor aseguró que México “ha perdido de manera significativa el control de la información de seguridad nacional que podría tornar comprensible el desarrollo de la inconformidad social legal, clandestina y armada, y por otro lado el crecimiento de las organizaciones del crimen organizado”, por lo que “es lógico que si el Estado ha perdido el control de la economía, de las empresas públicas y de los puntos neurálgicos de mercado interno y de control económico, es lógico que haya perdido también el control de la seguridad interna, política y social”.
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