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sábado, 14 de diciembre de 2013

La patria podrida

La patria podrida




Hercilia Castro

La Patria se volvió un mito, un lejano sin nombre. Sin ríos, ni petróleo, bosques, cielos, mares o sonrisas, la patria está podrida.

La patria se hizo trizas, se fue en una firma de padrotes y prostitutas encerradas en un edificio a piedra y lodo, donde adentro unos hacían pantomimas y otros se apresuraban con tal de ya chingarse al país.

La patria no tiene nombre, no tiene nada, todo se fue, identidad ciega de dioses Aztecas, sólo existe la religión de la Cruz aunque no sea su origen.

Matarían como brutos si se tocará a su pequeña morena, prenderían fuego a mi risa si vieran me río de sus creencias.

Hace unas horas se fue a la mierda lo que quedaba de suelo mexicano, pero todos celebramos fiestas, es navidad, el sentido patriótico está en ir a las posadas.

Ya vendrá enero y nos rasgaremos las vestiduras, pondremos hagstag revoltosos, haremos comidilla de los políticos y las mamadas que nos dieron este mes –literal es una mamada-, escribiremos líneas criticando al sistema, chillaremos como niños que buscan a la mami en la oscuridad.

Pero antes paguemos las deudas, la cuesta de enero, la colegiatura, el carro, vayamos de shopping  y compramos el nuevo celular para poder presumirlo en las marchas.

Y berrearemos, renegaremos pero todo quedará igual, la gente no se puede perder Laura Bozzo, tampoco el futbol, la marcha más importante es la de la Lupe, el símbolo patrio más puro el árbol de navidad, qué importa lo ponga Coca-Cola.

Hay que atender las posadas, ser dulces con la familia, emborracharse, ser hipócrita en las posadas, fajar a la vecina aunque esté casada, darle celular a los hijos de seis años para que dejen de fastidiar, hay que drogarse, abotagarse de enajenación como imples bestias, bestias mal paridas que somos en lo que fue un gran país.

¿Qué la patria nos da de comer?, Mentira! Somos nosotros los que pagamos impuestos, pagamos a Hacienda el ISR, IETU,  IVA y lo que nos quiera chingar más, no son sus campos de maíz percudido, abandonado, tasajeado de agroquímicos, lleno de transgénicos, campo abandonado con plagas, donde los cafetaleros perdieron hace años la esperanza.

Campesinos invisibles que mandan de comer a nuestras mesas, doloridas sus manos por mover la tierra, la tierra carcomida y agrietada de tanta resequedad, campesina que de sus manos fregadas hace magia con las manos, pone el nixtamal, lo suaviza, con los ojos vacíos de esperanza, los senos aguados de parir hijos en el campo, a veces sin parteras, mujer que abre las piernas y da vida miserable a 20, 15, 10, seis, cuatro hijos, los hijos que sean; Mujer que pone al fuego la masa, anda hijo vente a echar un taco, ándale viejo, come, que el campo árido te espera, que el patrón se va a enojar, que hay que ir a cuidar el aguacate, debes echarte el pesticida en la espalda, ándale viejito, que no importa la miseria que te den ni el cáncer que te va a matar en cinco años por los químicos, que no importa si mueres, aquí todos morimos, aunque ellos, los de ciudad no se den cuenta.

Pescadores que se emborrachan en la punta de San Esteban, se hacen pendejos en la temporada, que el trasmallero mata al delfín, qué coños importa, lo que importa es que el güerito gringo me compre el dorado, no le hace se mueran las tortugas, Oye pero te han quitado la playa los del hotel, eso no importa, hay que darle cara amable al extranjero ojiazul, aunque venga con sida a infectar a tus hijas, aunque se lleve a sus hijos al extranjero para prostituirlos, qué importa, es güerito ojiazul.

La patria podrida con sus diputados que visten Armani y sus senadoras con bolsitas chic de YSL, sus jueces podridos, llenos como cerdos de dinero ajeno, roídos de ambición y tan gordos que olvidan pueden ir a hacerse con tanto dinero un by pass; La diputada local ahora pugna por equidad de género, pero no cuenta que su hermano que ya fue senador, diputado, presidente del partido izquierdoso, secretario de desarrollo social, otra vez diputado, líder del camino demócrata, la puso como regidora y le cuidó sus puterías; Ella, hace bien su trabajo en el congreso local, avaló la Reforma Laboral y está de acuerdo con la inversión privada aunque sea trata de blancas, qué más da, todo sea por la equidad de género.

Compañero, vamos a informar a la gente de que todo es estrategia del gobierno para despojarlo y privatizar todo, que la gente se mueva, vamos a concientizar a las calles, tenemos que darles la información, no mira compañera, la gente no entiende, tú ponle futbol y ya está, así es la gente, además, para qué te metes en problemas, tú deja al mundo que ruede, como sea, la editorial es la que paga, la que dice todo; pero compañero, no podemos aliarnos al Capital, estos desgraciados quieren matar de hambre a nuestro pueblo, es necesario luchar, no mira compañera, para qué, yo al menos no trabajo después de mi horario y por una nota de 50 pesos no me voy a desgastar, dice el reportero conformista, que vive a base de los favores de los alcaldes, del diputado, del sistema, que no critica, no marcha, no grita, todo en pos de la supuesta objetividad, no hace nada, así sea su hermano el locutor quien ha sido asesinado por el gobierno o el narco.

La patria caída, no se levanta, la pisoteamos, la humillamos con la pasividad, metidos en la internet, metidos en nuestros problemas pero oh malditos chairos cómo queman el árbol de Coca-Cola, pinches pendejos, salen a la calle a protestar, idiotas, ahí andan de revoltosos, maestros argüenderos, estudiantes conflictivos, qué bueno que se chingaron al periodista de segurito andaba en otras cosas, Smeitas huevones, ya, resígnense, no tienen nada qué hacer, ah pero cómo chingan no ven que llego tarde al trabajo, puta madre estos indios ya bloquearon me voy a perder el partido de futbol.

Ahí va la patria, con sus hijos dormidos, sus buenos mexicanos, drogados con chemo, con piedra, con televisión, sus hijos autómatas, descerebrados, mal partidos en ideas, sin ideas, zombis, flacos, tísicos, con parásitos, jodidos, desempleados, desnutridos, convertidos en halcones, analfabetas, frustrados, sin alma, sin espíritu, sin historia, pero hay que rogarle a la virgencita porque ora que sea temporada nos vaya muy bien.

Destruidos, sin futuro, amnésicos seres que olvidan todo, un taco aunque sea, regáleme un taco no tengo dinero, no me alcanza el sueldo, ora el niño se enfermó, ora mi vieja dice que nosotros pagaremos la barda de la escuela, ora vino el proveedor, ora me sale el Coppel que le debo intereses, ora no tengo dinero, de nuevo no tengo dinero, qué haré.

Sumido en su miseria, la miseria más grande que tiene en el ser, su casa de lámina de cartón, sus calles olvidadas, destruidas porque ya se chingaron el ramo 33, con obras a medio hacer desde hace cuatro administraciones, los útiles no llegaron nunca a la escuela, la medicina no llegó al centro de salud de La Laja, no pues ya despidieron al doctorcito, ahora a ver hasta cuando dice el gobierno.

Pero para 2014 protestaremos, que no importa si aprueban reformas, hay que celebrar y comer pavo, romper piñata, quemar cuetes aunque estallen los tímpanos del gato, jódete mundo, esto es nuestra identidad. Identidad, ¿Qué es identidad?.

Huitzilopochtli se ríe, los abuelos lloran en su tumba, no entienden cómo es que los olvidamos, cómo olvidamos fueron los españoles quienes trajeron la plaga, la peste, la viruela y el sarampión, la ignorancia, la sumisión. ¿O fueron los gringos?.

La patria se pudrió, está podrida.




property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL">Hercilia Castro Balderas
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martes, 30 de abril de 2013

Comunicadode la base sindical por el 1 de mayo y marcha en el DF


1 DE MAYO
¡UNIDAD Y ORGANIZACIÓN DE LOS TRABAJADORES PARA DERROTAR LA NUEVA OFENSIVA NEOLIBERAL!
* Por la Construcción de una Central Unitaria, Independiente y Democrática
* En Defensa de Nuestros Derechos y Conquistas
* Contra las reformas neoliberales
* Contra la Precariedad y Por el Trabajo Digno
* Por un Pacto Social Alternativo para Rescatar a la Nación

A todas y todos los trabajadores,
Al Pueblo de México,

Este Primero de Mayo encuentra a las trabajadoras y los trabajadores mexicanos en medio de un nuevo y brutal ataque a sus derechos y conquistas, y frente a una nueva oleada de medidas neoliberales que buscan terminar de saquear a la nación. El “nuevo” gobierno priísta encabezado por Peña Nieto no sólo revive al viejo régimen que padeció México, sino que representa en realidad la continuidad y la profundización del modelo neoliberal que destruye al país desde hace tres décadas y que condujo el panismo en los últimos dos sexenios bajo el cuento de la alternancia.

     Las consecuencias están a la vista. Desde 1976 el poder adquisitivo del salario se ha desplomado en un 75 por ciento y sigue cayendo, al grado de colocarnos entre los últimos lugares mundiales de nivel salarial. El desempleo abierto, no el imaginario de las cifras oficiales, rebasa el 15 por ciento de la población económicamente activa y el empleo “informal” alcanza a otro 40 por ciento. Existen 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan.

     La precarización del trabajo avanza en todas sus formas. La estabilidad en el empleo se desvanece. Los contratos temporales se han constituido en la norma. La perversa práctica patronal de la “subcontratación” continúa expandiéndose alarmantemente. El derecho a la jubilación es acotado sistemáticamente, y cada vez hay que ser más viejos y resignarse a menores pensiones para jubilarse, además de que los fondos de ahorro han sido privatizados, quitando responsabilidades a patrones y estado, y son objeto de la especulación financiera. Especialmente los jóvenes tienen un futuro marcado por el empleo precario e inestable en el que tendrán que conformarse con saltar “de chambita en chambita”. A cambio de nuestra miseria, y gracias ella, tenemos a varios multimillonarios mexicanos en la lista de los hombres más ricos del planeta.

     No bien comienza el “nuevo” gobierno y ya se han venido imponiendo una tras otra reformas neoliberales que persiguen terminar con el trabajo de desmantelar al país en beneficio de los grandes capitales y dar una salida a la crisis que los propios capitalistas provocaron a costa de la precariedad del pueblo trabajador.

     La reforma laboral con la que arrancó el gobierno de Peña Nieto ha elevado a ley las violaciones que se venían dando a los derechos laborales. El objetivo primordial de esta reforma es terminar con la estabilidad en el empleo. La contratación por horas, alargar los periodos de prueba, facilidad y reducción de los costos por despido, son acciones que van en este sentido y que afectan a todos pero, sobre todo, a los jóvenes. Peor aún, los patrones se han envalentonado y, lejos de crear los “millones de nuevos empleos” prometidos, llevan sus abusos más allá de lo permitido por la nueva ley y están practicando despidos masivos y promueven abiertamente la desaparición de sindicatos.

     La “reforma educativa” que le siguió no es sino la imposición de otra reforma laboral que, disfrazada de una falsa evaluación y elevación de la calidad de la enseñanza, elimina la estabilidad en el empleo de los maestros y maestras, y socava el derecho a la educación pública, gratuita y laica.

     Y la cadena de las mal llamadas “reformas estructurales” continúa. Está en marcha la reforma de telecomunicaciones que está concebida para servir a los intereses de los grandes empresarios de la televisión y la telefonía. La “reforma hacendaria” que, con todo el cinismo priísta, busca extender el IVA a medicinas y alimentos, y ampliar la base de recaudación entre quienes sobreviven en la economía informal, mientras que los grandes capitales siguen con todos sus privilegios.

     Pero sobre todo se está cocinando la “reforma energética”, que persigue terminar de privatizar lo que queda de nacional de la industria eléctrica y petrolera. Y, mientras tanto, los neoliberales avanzan también en la entrega de tierras y playas al dinero extranjero, en el otorgamiento a las grandes corporaciones neocolonialistas de minas saqueadoras de nuestra riqueza y destructoras del medio ambiente por todo el territorio. En fin, tenemos cada vez más un estado que entrega la soberanía de la nación y se somete a los dictados de las grandes trasnacionales.


El Saldo de la Ofensiva Antisindical

Para llevar adelante este nuevo asalto a la gente que vive de su trabajo y terminar de saquear los bienes nacionales, los neoliberales panistas y priístas, con la complicidad de muchos que se dicen de “izquierda”, vienen atacando los bastiones del sindicalismo independiente que se opone a sus planes.

     Así, se lanzó una brutal ofensiva contra el SME, poniendo en la calle de la noche a la mañana, con la policía y el ejército, a 44 mil trabajadores, sin mediar proceso legal alguno; la Suprema Corte de Justicia ha pretendido recientemente terminar este trabajo sucio con la más burda resolución digna de una corte sometida a una dictadura. Sin embargo, más de 16 mil electricistas y miles de jubilados del SME mantienen una resistencia heroica y aún están en condiciones de alcanzar una solución al conflicto.

     El sindicato minero ha sido también el blanco de esos ataques y continúa por ya más de cuatro años con las huelgas de Cananea, Sombrerete y Taxco sin resolverse, y con su Secretario General en el exilio, pero continúa resistiendo y viene derrotando una a una las medidas represivas del gobierno y el Grupo México. A la arbitrariedad del cierre de Mexicana de Aviación, está siguiendo la pretensión de un nuevo golpe ahora al contrato de Aeroméxico; medidas dirigidas contra los sindicatos auténticos de ese sector, pero éstos se mantienen en la lucha y en la búsqueda de alternativas.

      Y, por supuesto, el estado tiene en la mira, y reprime y acosa cada vez más, al magisterio democrático que se defiende de la mal llamada “reforma educativa”. El encarcelamiento de la hipermafiosa Elba Esther Gordillo no ha significado en lo más mínimo la democratización del sindicato, pues su mafia sigue en el poder. Sin embargo, las grandes movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que continúa siendo un bastión central del sindicalismo independiente, contra la reforma educativa y por la democracia sindical aún pueden doblegar a los poderes que buscan someterlos.

     La ofensiva antisindical se da en medio del desastre nacional, de la generalización de la violencia y la militarización. En particular, en el país es ya un hecho la política de criminalizar la protesta social y el sindicalismo no es la excepción.

     Y los ataques mencionados representan sólo la punta de una política de exterminio  de la sindicalización auténtica. Nadie puede considerarse hoy en una isla. Porque el deterioro de la organización sindical de los trabajadores en México no se limita a las consecuencias de estos golpes. De manera alarmante, se ha venido expandiendo el cáncer del sindicalismo de protección, una completa simulación de contratación colectiva por parte de sindicatos fantasmas que abarca ya a la mayor parte de los trabajadores mexicanos. Al mismo tiempo, obtener el registro o reconocimiento de un sindicato auténtico es casi imposible, por la larga cadena de obstáculos a la libertad sindical que colocan empresarios y autoridades.

    El hecho es que, de una Población Económicamente Activa (PEA)  calculada en 50 millones, menos de la mitad tienen alguna clase de empleo “formal” y entre estos cada vez predomina más la inestabilidad, la flexibilidad, la subcontratación, la precariedad, lo que los coloca en una situación objetivamente muy difícil para organizarse. De los trabajadores que tienen la “fortuna” de tener algún empleo, sólo 15% están sindicalizados según estadísticas oficiales, pero además alrededor del 75% de ellos están bajo contratos de protección, lo cual significa que menos de 3 millones se encuentran afiliados a sindicatos auténticos --buenos, malos o regulares. Conclusión obvia: la gran mayoría de trabajadores mexicanos no está organizado en tanto tales, son millones los que carecen de forma alguna de organización que defienda sus intereses como trabajadores.

     No es sólo un problema numérico. En esas condiciones, la capacidad y la fuerza de los sindicatos para presionar o negociar es raquítica, porque ello no depende sólo de buenas o malas estrategias políticas o de cuántas movilizaciones se realizan, sino del peso que se tiene en la gestión o afectación de los productos y servicios que requiere la sociedad. Es el chantaje del enorme y permanente ejército de reserva de trabajo, pero también la gran ausencia de organización en los centros de trabajo. Y entre más desempleados o más trabajadores sometidos a la desprotección o simulación laboral, más es la presión hacia la baja para los trabajadores sindicalizados y bajo contrato colectivo. La presión para disminuir, flexibilizar o desaparecer esos contratos colectivos es enorme. Además, en términos de organización sindical, México es de los países donde más fragmentados están los trabajadores, divididos en miles y miles de sindicatos y contratos, y numerosas “centrales”.

Pasar de la resistencia a la unidad y reorganización estratégicas

Ciertamente, grandes contingentes sindicales como los electricistas, mineros y maestros, además de muchas organizaciones populares, desarrollan importantes luchas de resistencia. Existe en el país un movimiento social y de izquierda --de la auténtica-- enorme, pero que no ha alcanzado para darle la vuelta al poder de la derecha neoliberal. Sin dejar la movilización y la resistencia, porque sin ésta no es posible pensar en triunfar, es el momento de tomar replanteamientos estratégicos, empezando por encarar la situación objetiva.

     En el campo de los trabajadores, y en resumen, es necesario decirlo claramente: en México el movimiento sindical ha llegado a uno de los puntos más bajos de su historia, tras los efectos de treinta años de neoliberalismo, más de quince de “libre comercio”, en medio de crisis económicas sucesivas y bajo un ataque brutal y a fondo del empresariado y los gobiernos neoliberales. Los males endémicos del sindicalismo mexicano –el corporativismo, la corrupción, la antidemocracia, la fragmentación, la falta de independencia y libertad sindical— han dado lugar a expresiones aún más perversas, como el sindicalismo de protección, y la “creatividad” patronal no tiene límites para burlar derechos, como es la expansión abusiva del outsourcing.
     Las bases objetivas de sustentación de la organización y la contratación colectivas están minadas. El sindicalismo independiente, que se fortaleció durante un periodo y ha dado luchas de resistencia muy significativas, se ha debilitado, se encuentra dividido y no ha sido capaz de desarrollar nuevas estrategias para encarar tal situación. El reto es enorme. Superar la división y el agotamiento de las frágiles formas de unidad existentes, construir estrategias comunes que permitan no sólo una mejor defensa, sino crecer entre los no organizados y los sometidos al sindicalismo mafioso, es una necesidad apremiante, de supervivencia, una tarea elemental para hoy y por encima de las diferencias y los pequeños intereses.

     Hace ya más de quince años que en el sindicalismo independiente no hemos sido capaces de dar un nuevo paso en la unidad indispensable de nuestros destacamentos y de englobar a muchos sindicatos y movimientos que no se encuentran en cualquiera de ellos. Y ni qué hablar de haber desarrollado toda una estrategia de apoyo para la organización de los no organizados, de una verdadera disputa por la contratación colectiva con las mafias sindicales.

     El panorama descrito impone retos formidables al movimiento sindical democrático mexicano. Ya no es posible seguir en la inercia de pequeñas respuestas puntuales, gremiales y estrictamente defensivas. Es necesario superar lo hecho hasta hoy. El primer reto es elemental: unir todas las fuerzas existentes del sindicalismo independiente si se quiere levantar una defensa eficaz e, incluso, si se quiere sobrevivir. Y ya no es posible conformarse con mediaciones de unidad en las que el compromiso de articulación y acción conjuntas se da a medias, condicionado, mediado por los intereses particulares, en frentes, coordinaciones, etc. Es necesario avanzar hacia la constitución de una nueva Central Sindical que agrupe de entrada a todas las fuerzas sindicales independientes, desde los sindicatos nacionales constituidos y reconocidos, hasta los locales e incluso los grandes movimientos y corrientes representativas, y las agrupaciones de trabajadores en lucha o en proceso de organización dentro del sindicalismo corporativo.

     Una nueva central que levante un muro de defensa más eficaz pero que no se quede ahí; una central que sea capaz de convocar a los trabajadores en general, a los no organizados, a los precarizados y tercerizados, a los que están sometidos al corporativismo y a los contratos de protección; una Central que sea capaz de desarrollar estrategias que conduzcan a la renovación e incluso a la refundación del sindicalismo, a su crecimiento, que se proponga revertir la ofensiva neoliberal y sus efectos más nocivos; una Central que contribuya junto a otros actores sociales a encontrar una salida al desastre nacional. Debemos reconocer que actualmente las organizaciones sindicales independientes no representan por sí solas y por separado una alternativa a una situación tan adversa, y que no hemos estado a la altura para enfrentar la ofensiva neoliberal. Cada una de estas organizaciones está encarando de diversas formas los ataques del gobierno y los patrones; el problema es que cada una lo hace por separado, sin una estrategia común y de largo plazo, apenas unidas alrededor de algunas declaraciones y movilizaciones conjuntas. Esta crisis nos ha sobrepasado a todos, pero todos juntos podemos sobrepasar la crisis.

     Debemos pensar en una estrategia que esté basada no sólo en la defensa, sino en la preparación de una contraofensiva. No debemos estancarnos en fórmulas de lucha que ya demostraron su insuficiencia y debemos crear nuevas formas de resistencia. Debemos adquirir una mentalidad y un discurso que demuestre que nuestras propuestas para enfrentar la crisis del capitalismo son más racionales y justas que las que ofrecen los capitalistas y sus gobiernos. Debemos demostrar al conjunto de la sociedad que un sindicalismo fortalecido es la mejor alternativa ante la barbarie capitalista.

     Cambiar la correlación de fuerzas a nuestro favor requiere superar todo residuo de gremialismo, hegemonismo y sectarismo, y las diferencias que nos han mantenido separados durante muchos años; nada es más importante en estos momentos que la UNIDAD. Esta unidad no es un fin en sí mismo, ni tampoco la continuación de lo mismo que hemos venido haciendo hasta ahora; se trata de emprender la tarea de REFUNDAR al sindicalismo mexicano. No se trata simplemente de reacomodar las piezas sobrevivientes bajo una nueva sigla, sino de construir una nueva casa para todas las organizaciones sindicales adheridas y con poder de convocatoria para los trabajadores en general. Requerimos de una auténtica central de trabajadores que vaya más allá de un frente de organizaciones sindicales, que cuente con una rica vida interna y donde todos consideremos que nuestra organización gremial es solo un brazo de un mismo organismo unitario. Debemos elaborar una estrategia común para construir un espacio que aglutine a millones de trabajadores, divididos en el menor número de organizaciones sindicales posible y con una nueva plataforma de demandas.

     Una nueva central de trabajadores que esté abierta a la afiliación individual y directa de trabajadores que todavía no cuenten con sindicato propio, a su organización en comités de empresa o sobre bases territoriales o sectoriales; una Central abierta a los trabajadores del campo, a los cooperativistas, desempleados, jubilados y pensionados y de los sectores informales; una central que desarrolle toda una estrategia dirigida a la organización de los jóvenes trabajadores y una política de promoción de la participación de las mujeres trabajadoras; una central que sostenga su independencia de cualquier gobierno o partido político y que se base en la más irrestricta democracia sindical, incluyendo la elección de sus dirigentes y  las posibilidades de su revocación.

     Para alcanzar la victoria, es indispensable también que los trabajadores nos propongamos construir con otros aliados sociales una propuesta alternativa al neoliberalismo, una salida a la crisis que no sea la de seguir cargándola sobre los hombros del 99 por ciento de la población. Que la crisis la paguen los que la provocaron.  Convoquemos a la constitución de un Pacto Social Alternativo al Pacto neoliberal “por México” de la derecha neoliberal y sus cómplices.

     Con estos objetivos, convocamos a todas y todos los trabajadores y sus organizaciones a marchar unidos en todas las ciudades del país, de norte a sur y de costa a costa. ¡Que este Primero de Mayo sea el punto de arranque de la unidad y la reorganización de los trabajadores mexicanos, para pasar a una contraofensiva estratégica sindical y popular! Hacemos un llamado a la más amplia alianza social que posibilite dejar atrás, como lo han logrado otros hermanos latinoamericanos, la larga noche neoliberal.

¡¡¡ Solución a los conflictos del CNTE, SME, Mineros, Mexicana de Aviación y Honda !!!

¡¡¡ Alto a la criminalización de las luchas sociales, no a la represión !!!

¡¡¡ Por un 1° de Mayo combativo, independiente y clasista !!!

¡¡EN LA CIUDAD DE MÉXICO TODOS A LA MARCHA DEL PRIMERO DE MAYO, DE LA GLORIETA DE LA DIANA CAZADORA AL ZOCALO A LA 9 AM!!

JUNTA PROMOTORA DE LA NUEVA CENTRAL DE TRABAJADORES

Fraternalmente

Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, Sindicato Mexicano de Electricistas, Alianza de Tranviarios de México, Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, Sindicato de Trabajadores del Transporte de Pasajeros del Distrito Federal, Sindicato Internacional de Constructores de Elevadores de México, Sección 33 de la Secretaria de Desarrollo Social, Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas de Pemex, Consejo Nacional de Trabajadores, Frente Sindical Revolucionario, Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad Autónoma de Chapingo, Sindicato de Trabajadores del Instituto de la Educación Media y Superior, Frente Sindical Potosino, Sindicato Nacional de Trabajadores de General Tire, Central Unitaria de Trabajadores de México, Sindicato Único de Trabajadores Académicos del Conalep (Michoacán), Sindicato de Trabajadores de Farmacias Similares y Expendios Farmacéuticos, Colectivo de Trabajadores de la Cultura de Michoacán, Sindicato Único de Trabajadores del Organismo Público Descentralizado Servicios de Salud de Michoacán, Colegiado de Trabajadores del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Michoacán, Sindicato Único del Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos de Michoacán, Frente de Transportistas de la Asociación de Trabajadores del Estado de Michoacán, Sindicato de Trabajadores de Vidriera del Potosí, Asociación Sindical de Trabajadores del Instituto de la Vivienda, Sociedad Cooperativa de Refrescos Pascual, Federación Nacional de Sindicados Independientes de Trabajadores de la Educación, Federación de Jubilados, Pensionados y Adultos Mayores de la República Mexicana, Sindicato Único de Trabajadores de la Universidad Tecnológica del Estado de Zacatecas, Federación de Trabajadores del Distrito Federal.

sábado, 18 de agosto de 2012

Ir a la escuela que puedes, no a la que quieres


Natalia Gómez
MÉXICO, D.F., agosto 18 (EL UNIVERSAL).- Había muchas caras de alivio. Algunos jóvenes no aceptados en la UNAM, la UAM y el IPN tuvieron la oportunidad de escoger este viernes una universidad para continuar sus estudios de licenciatura, becados al 100% o con un pago de mil pesos mensuales.
La atmósfera de frustración parecía diluirse con esta nueva oportunidad que tuvieron decenas de estudiantes. Sin embargo, la mayoría accede a este beneficio, porque “no queda de otra” para seguir con su trayectoria académica y con la confianza de que en un año pueda revalidar sus estudios e incorporarse de manera definitiva a la UNAM o al Poli, luego del acuerdo que lograron los Movimientos de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior y el de No aceptados el pasado martes en la SEP.
Hubo algunos jóvenes que corrieron con la suerte de acceder a la carrera que querían, de manera especial los que iban a Sicología en la UNAM, pero también otros quienes no tuvieron la misma fortuna.
Rodrigo Quintanar Coba quería Relaciones Comerciales y la carrera que cursará será Negocios Internacionales.
“Tuve que modificar por ahora mi vocación. Lo que me tocó se relaciona poco con lo que quería, porque tengo que estudiar también Geografía y cultura de otros países y mucho de política y lo que yo quería era de relacionarse con la gente, producción e innovación para y del mercado. Voy a tener que estudiar cosas que no me gustan, que me dan flojera, pero le echaré todas las ganas, saldré adelante y después de un año entraré con muy buen promedio a la carrera que quiero en el Poli”, dice el joven.
La manera en la que estos jóvenes no admitidos acceden a la educación superior es de manera diferida, es decir, tendrán que cursar un año en instituciones incorporadas, institutos o escuelas politécnicas y mantener un promedio mínimo de ocho para luego revalidar materias y acceder a la UNAM o al Politécnico Nacional, que son dos de las instituciones que por reglamento pueden admitir a los jóvenes de esta manera.
Apenas el rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana, Enrique Fernández Fassnacht, manifestó un compromiso de proponer al Colegio Académico una reforma al reglamento interno, que permitiría en futuros ciclos, incorporar de manera diferida a algunos de los no aceptados.
En esta oportunidad de negociación la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) se agregó a las ofertas educativas y ofreció, a quienes aplicaron y no fueron aceptados, cursar en el sistema a distancia la nueva carrera de licenciado en Educación e Innovación para luego de un año, si es que conservaron el promedio mínimo de ocho, ser incorporados a la carrera que ellos escogieron en el sistema escolarizado.
Pero los que demandaron la Universidad Nacional Autónoma de México o el Instituto Politécnico Nacional , este viernes fueron citados en la Dirección General de Colegio de Bachilleres para escoger alguna de las carreras ofertadas.
Marisol Guerrero ha intentado, desde hace dos años, nueve veces ingresar a una institución de educación superior. Este viernes logró realizar el primer trámite para cursar la licenciatura de Sicología en la Universidad Chapultepec.
También Marco Antonio Arciga accedió a la carrera en la que no se quedó en la UNAM. Los próximos meses aprenderá Administración en la Universidad Insurgentes.
Para Maricruz Colótl fue más difícil la elección, pues la carrera de Enfermería no se encuentra entre las opciones. “Tal vez escoja Sicología, que es lo que más se acerca a la carrera que quiero y para que así no tenga que revalidar tantas materias”, dijo la joven.
Serán más de 2 mil personas beneficiadas con estas acciones, que año con año se llevan a cabo y resultan un “mejoralito”, según investigadores, para aliviar el gran problema del sistema educativo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Duro golpe para la economía de Acapulco, el cierre de Hooters

Pide Reynada Carbajal disminuir renta de locales para sostener los negocios

Duro golpe para la economía de Acapulco, el cierre de Hooters

Prevé dirigente de restauranteros que más negocios en la avenida Costera bajarán cortinas
FRANCISCA MEZA CARRANZA
El presidente de Restauranteros Unidos de Acapulco (RUA), Javier Reynada Carbajal, consideró que el cierre de la cadena Hooters en Acapulco es un duro golpe para la economía y reconoció que hay zozobra en el sector porque podría haber más cierres, entre ellos el de La Mansión.
En entrevista, el líder hizo un llamado a los propietarios de locales comerciales en la avenida Costera para que tengan consideración con los negocios y aplicar descuentos en los cobros de las rentas para estimular la permanencia de los negocios.
“A los propietarios de locales a que vean la situación y que si ellos pueden apoyar en bajar la renta y que cuando esté Acapulco bien, que muy pronto será, se regularicen los precios; tener consideraciones hasta en 50 por ciento para que Acapulco siga de pie y siga la inversión para lo que se necesita trabajar unidos”, sostuvo.
Dijo que el cierre de empresas es otro golpe a la economía pues los trabajadores, que en el caso de Hooters se habló de 50, quedan desempleados.
“Por todo esto hay incertidumbre de parte de los demás compañeros porque están anunciando más cierres y eso pues es grave porque vemos un Acapulco solo, que realmente necesita reactivarse la economía, visitar en las noches restaurantes y centros nocturnos y esto hace difícil que el sector productivo siga de pie ya que pagan muchos impuestos, rentas, luz y las rentas son muy caras en la Costera”, lamentó.
Recordó que de manera reciente cerró El Olvido y Las Canastas de la zona tradicional, e informó que incluso hay restaurantes que trabajan tres veces a la semana lo cual fractura no sólo la economía de los dueños, sino también de los empleados, que no perciben lo mismo.
“Lo que queremos también es que así como hemos coadyuvado con el gobierno estatal que éste siga apoyando en los dos meses difíciles para seguir abiertos y esperar al turismo de invierno”, dijo.

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/11/07/index.php?section=sociedad&article=004n1soc

martes, 10 de mayo de 2011

Los Acapulco Kids

Los Acapulco Kids
Alejandro Almazán

La primera vez que Jarocho me ofreció a una niña por 300 pesos le dije que sí, que a eso había ido al Zócalo aquella noche. El tipo, que cuidaba autos frente al Malecón, se echó la franela al hombro y sonrió de tal manera que los dientes le brillaron en el oscuro rostro, reventado por el acné. Luego, cuando se dispuso a traerla de un callejón, dije que no, que mejor volvería más tarde.
—De una vez, brother, el yate llega a la una de la mañana y ahí vienen gringos ya rucos que se llevan a las más morritas. Orita hasta te puedo conseguir una de nueve o diez años –dijo con cara de “tú me entiendes, no te cuento nada nuevo”, y sentí tremendo retortijón en el estómago.
—Regreso antes de esa hora, nada más no vayas a fallar.
—¿Qué pasó, brother? Los hombres sabemos hacer negocios. Y como me caíste a toda madre, te la voy apalabrar pa que te dé un servicio chingón. Ái tú te arreglas con ella si quieres cosas más perversonas.
Volví después de que el yate Aca Rey había tocado tierra firme. Entonces supe que Jarochosólo era un mero cazador de clientes, que trabajaba para un proxeneta y que la niña que llevaría esa noche se llamaba Allison. Era adicta a la piedra –esa droga barata que embrutece más que otras– y no pasaba de los 12 años.


Un día Acapulco se cubrió de verde y de cerdos salvajes que desafiaban los caminos de tierra. Las gargantas de los pescadores toltecas cantaban a los dioses, los bambúes crepitaban con el viento y los mangos petacones engordaban. Mil años después, los aztecas traerían la plaga hasta que Hernán Cortés y su gente la aplastaron a su vez con la gonorrea y la virgen de La Soledad.
Luego de 500 años de ensangrentar destinos, llegaron los grandes edificios a la bahía y dividieron la ciudad en dos: la cara bonita y el patio trasero. Agustín Lara le cantó a María Félix, Pedro Infante compró casa y Tintán amó al puerto por siempre. Entonces cayó el nuevo milenio y bajo el brazo trajo un racimo de pedófilos estadounidenses y canadienses que se hartaron de que en Cancún los señalaran. Ellos fueron los que corrieron la voz y, al poco tiempo, Acapulco se transformó en el paraíso de la carne más joven.
Desde entonces, los pederastas acarrearon consigo padrotes intocables, madrotas disfrazadas de mujeres abnegadas, nuevas estadísticas del VIH, tendejones para emborrachar a las niñas, revólveres, pobreza de la que unos se enriquecen, vientres abiertos, noches para velar a los chicos, home pages para ver el mapa y saber dónde encontrar niños; hoteleros y taxistas para el trabajo sucio. Rencor y noches y días de ajetreo.
Han traído hordas de niños al Malecón, al Zócalo, alcanalque lleva las aguas negras a Hornos, al Oxxo que está rumbo a Telecable, a la Soriana de la Costera, a las canchas de la crom, al asta bandera, a Caleta y Caletilla, a la barda del restaurante Condesa, a la vuelta del salón de belleza Xóchitl, a la calle La Paz, al hotel Real Hacienda, al puente de la Vía Rápida, al semáforo de Aurrerá, a La Redonda que todos conocen como Las Piedras de la Condesa, a la playa que Cortés bautizó como Puerto Marqués, y a los puteros del centro.
Y es por ello que Unicef califica ya a Acapulco como la ciudad mexicana número uno en lo que a prostitución infantil se refiere. Ha desbancado a Cancún y a Tijuana.
En estos 1 882 kilómetros cuadrados se concentra casi todo lo que necesita un pederasta: playas increíbles, droga barata y en cantidades pasmosas, ojos que nunca ven y bocas que nunca hablan, hoteles 50% off, un bando municipal que estipula que en Acapulco no se multa a los turistas, prostíbulos donde la mayoría de edad se alcanza desde chicos, padres que piensan que los hijos son moneda de cambio, y niños, muchos niños, que por un bote de PVC o un poco de mariguana están dispuestos a encarar la vida y despistar la muerte con sus cuerpos.


En las callejuelas del centro, esas que suben dolorosamente hacia el cielo, está el bar Venus. Es una construcción vieja de dos pisos, pintada de mala gana. Es de un naranja parecido con el que Van Gogh pintó el melancólico cuadro The Old Tower in the Fields. La desvencijada puerta es azul, como si quien la cruzara fuera directo al paraíso. Pero no: los ventiladores giran sin énfasis, hay mesitas de lámina extenuada y los clientes son una bola de infelices a los que sólo les queda emborracharse para combatir el calor y la tristeza. Quizá lo más deprimente sea la pista donde bailan las mujeres de vientres poderosos: es una enorme ostra de concreto que arroja luces rojas y verdes. Todo aquello parece sacado de las películas o de los cómics de Alejandro Jodorowsky.
Mía bailaba en el tubo como una boa adormecida mientras de la rocola salía la voz de Noelia con eso de“tú, mi locura, tú, me atas a tu cuerpo, no me dejas ir”.
Mía, que en realidad se llamaba Ariadna, había cumplido los 14 años el 3 de septiembre pasado y estaba orgullosa de su edad porque eso le ayudaba a que los clientes se pelearan por ella.
Intentó sentarse en mis piernas y la mandé a la silla.
—¿Qué, eres joto? –preguntó con un hablar pastoso. Ya estaba algo ebria.
—No, pero tienes la edad de mi sobrina – y Mía miró como si me hubiera vuelto loco. Luego, ordenó una cerveza mientras enumeró sus reglas:
—Me tienes que dar 40 pesos por estar aquí contigo; con eso ya pagas mi cerveza. Si quieres algo más, allá atrás hay cuartos. Cuestan 100 pesos y yo te cobro 200. Si quieres que te la chupe, son 100 más.
—A mí sólo me gusta platicar, soy reportero.
—Bueno, dame los 40 y platicamos.
Al sacar el dinero la miré bien: los ojos, de negro intenso, casi se perdían en la cara; estaba maquillada como los muertos, tenía papada, los pechos apenas le estaban creciendo y su cuerpo rechoncho era de un irreparable color cobrizo. Pagué. Entonces Mía me contó que ese nombre se lo puso ahí un viejo, amigo de la patrona. A ella se le hacía muy estúpido, pero debía aguantarse. “Yo hubiera escogido un nombre como Esmeralda o algo así”. Era de Tierra Caliente, pero había llegado a Acapulco hace medio año para trabajar en un Oxxo, pero cuando le dijeron que en el Venus podía ganar 800 pesos al día mandó al diablo la idea de ser una cajera vestida con uniforme rojo con amarillo. “Ahí en el Oxxo iba a ganar como 50 pesos y a mí me gusta comprarme ropa”. Su mamá no sabe a qué se dedica y, si lo supiera, no le preocupa:“Porque yo la mantengo a ella, a mi abuelita y a dos sobrinos; como mi papá se fue a California y nunca regresó, necesitamos el dinero”.
Prostituirse no le quita el sueño. “En mi pueblo venden a las mujeres desde chiquillas, con eso pagan la tele que compran o las cervezas que no pagaron”. También dijo que le gustaría probar las drogas y que un día quiere ser actriz de telenovelas.
No habló más porque un gordo, al que le faltaban varios dientes y andaba todo andrajoso, la llamó con la mano en la cartera para que se sentara con él. Se bebieron una caguama como si ambos desfallecieran de sed. Luego, cuando en la ostra gigante bailaba una mujer que parecía haber ido con un carnicero a que le hiciese la cesárea, el tipo se llevó a Mía. Fueron a los cuartos.


—Mañana tendré dos chicos; acá nos vemos y te paso a uno.
Andrew tendrá unos 60 años y sus tres hijos ya le han dado cuatro nietos. Su segunda esposa, según contó, es 10 años menor que él y jura quererla igual que el día en que se conocieron. Puede que sea cierto. Andrew tiene cabello blanco, su piel está lo bastante bronceada como para parecer un trozo de marlin ahumado, y sus ojos son de un gris encendido. Su español es mordisqueado, pero da para platicar.
Supuestamente vive en Boston y trabajó en un pub donde los hombres le confiaron nostalgias y proezas de machos. Yo hice eso para acercarme a él mientras comíamos un cóctel de camarones en la playa Caleta. Andrew fue el único gringo que creyó que los niños también eran mi debilidad. Los otros con los que intenté conversar fueron displicentes y no sirvieron de mucho. Desde hace unos cinco años, cuando Jean Succar Kuri calentó Cancún, Andrew entró a las páginas de los pedófilos en Internet y supo a dónde emigrar: Acapulco. Y, sobre todo, a la playa Caleta.
—Me dijeron que en Caleta uno consigue niños, pero no sé cómo —le solté cuando Andrew combinaba los camarones con una coca cola de dieta.
—Es fácil –dijo con el tono de quien no miente–. Hay que tratar con aquellas mujeres —y señaló a las indígenas que aquella mañana vendían artesanías mal hechas y otras baratijas.
—¿Y qué les tengo que decir? —pregunté a Andrew y él me miró como quien le tiene lástima a un pordiosero.
—Cómprales algo de lo que venden o dales para que vayan a comer; el chico ya va en el precio.
—Como el desayuno…
—Sí, como la barra libre.
Para ser honestos, no supe si hablar más o propinarle ahí mismo un puñetazo. Nos quedamos callados porque no se nos ocurrió otra cosa y miramos el mar y sus virutas. Por ahí pasó un par de viajeros con mochilas al hombro, un tipo que vendía raspados, una costeña que hacía trencitas, un viejo que alquilaba cámaras de llanta para usarlas como flotadores, un par de pescadores que mostraban mojarras de 10 kilos, un matrimonio con su hijo en brazos, y unos niños que, como si fuesen cachorros, se revolcaban en las olas. A ellos, Andrew los escudriñó como hacen los críticos de arte.
—No les digas a las mujeres que eres mexicano, mejor háblales en inglés –Andrew rellenó el silencio.
—No me lo creerían. Creo que ya me jodí.
—Mañana tendré dos chicos; acá nos vemos y te paso a uno. Son tan inocentes…
—¿Y hoy no se puede? —No, anoche fue de locos–replicó y ordenó media docena de ostiones con unas gotas de salsa Tabasco.
Cuando me despedí para no verlo nunca más, fui con algunas indígenas y, aunque hablaron en su lengua, entendí que me fuera al carajo.
Con la misma importancia me trató el salvavidas de la playa. Usó una lógica absurda y cínica para responder por qué no hace nada contra tipos como Andrew: “Yo nomás cuido que nadie se ahogue”.
PD: En el DIF municipal, Rosa Muller, una mujer con un corazón enorme, había contado que las indígenas tienen el hábito de vender a sus hijos a los extranjeros. A mexicanos no. Quién sabe por qué. Otro dato: Adriana Gándara, funcionaria del Centro de Atención a Víctimas de Delito de la PGR, ha dicho que al menos la mitad de los más de dos mil niños que se prostituyen en Acapulco son indígenas.


Agenda Amarilla del Novedades, El diario de la familia guerrerense. Viernes 21 de noviembre. Dos anuncios:
¡Chavita de secundaria! Tiernita, Bebita hermosa y sexy. ¿Qué esperas?
Chiquilla bonita. Soy estudiante de secundaria. Delgadita. Bustona. Llámame.
Llamé de un teléfono público. En el primer anuncio contestó un tipo que sabía su negocio. No recuerdo el nombre de la niña que ofrecía, pero la describió con tal labia que no dejaba resquicio alguno para creer que no existía cintura más delgada ni trasero más redondo y levantado que el de ella.
—Me hablas de una mujer de calendario, compa. ¿Estás seguro de que va en la secundaria?
—Te lo juro por Dios, carnal. La chamaca está garantizada, por eso te la estoy dejando en mil 500 pesos. Ira: ella va a tu hotel y después de dos horas me la regresas.
—Deja hospedarme y te llamo otra vez.
—Pásame tu celular.
Le di un número viejo que dejé de usar.
En el segundo anuncio clasificación xxx respondió una mujer con voz de niña. Suponiendo que sí era una estudiante de secundaria, dijo llamarse Lulú, se jactó de tener experiencia y reiteró que estaba dispuesta casi a todo. Cobraba 2 mil pesos y 500 más por tener sexo anal. Nada de fotos, nada de video.
—Estoy hospedado en el Mayan Palace –mentí–. ¿Y si no te dejan entrar?
—Ya he ido ahí. No te preocupes, me gusta su alberca, está bien grandota.
—Pues deja pensarlo y te busco.
—Anímate ya, más tarde voy a estar ocupada.
—¿Y no te da miedo que sea un asesino o algo así?
—No me conoces.
—Tú tampoco.
—¿Y si te dijera que soy reportero y ando contando historias de niñas como tú?
Colgó.


Tú ponle ahí que me llamo Manuel. Tengo 16 años, pero me prostituyo desde hace 10, cuando me salí de la casa porque mi mamá nomás quería a mi padrastro, un viejo cabrón que sabe que si se mete conmigo mi banda de Ecatepec le pone en su madre. He andado por el DF, Hidalgo, Puebla, Veracruz, Cuernavaca y Chilpancingo. Aquí, a Acapulco, ya tiene que llegué como desde 2004. Y está chido.
[Estamos en el albergue del DIFmunicipal llamado Plutarca Maganda de Gómez, una religiosa a la que nadie recuerda. Aquí llegan los niños prostitutos que la directora del lugar, Rosa Muller, busca en las calles de Acapulco para darles comida, ropa, dejarlos que se duchen y, si quieren, vivir hasta que cumplan los 18. Ningún chico es obligado a quedarse.
Manuel es uno de esos niños que entra y sale del albergue dependiendo de las ganas que tenga de drogarse. Para comprar piedra y mariguana, con lo que le fascina dinamitarse el cerebro, sabe que debe cumplir con el círculo vicioso de escapar, prostituirse, comprar su cóctel letal y ropa nueva que le ayuda a alardear entre la banda de que él ha triunfado; luego vuelve al albergue.
Cuando está afuera, gana unos 6 mil pesos a la semana. A él se le hace una fortuna.]
En esto siempre hay clientes. La mayoría son viejos, pero hay de todo: gabachos, de Canadá, franceses y mucho mexicano. No es cierto que nomás los turistas de otros países nos busquen. Hay batos más dañados. Checa: está el payaso del Zócalo, el Chapatín; ese nomás quiere que uno le dé y nos regala drogas. Está el del Tsuru gris; es de Cuernavaca, le cae una vez al mes y levanta a dos o tres; paga bien. Está otro cabrón de la taquería Los Tarascos. Está un güey del hotel Real Hacienda que nos deja dormir y él tiene mucha piedra y PVC. Otro güey es uno que anda en una moto rojo; también es padrote. La que también le entra duro es una doña que luego vende burbujas de jabón en el centro; a ella le gustan las niñas y es madrota de mayates. Y está Fátima, una gringa ya señora que vive por el Fiesta Inn.
[Manuel no tendría por qué mentir, así que es mejor seguir escuchándolo.]
El precio que manejamos casi todos es de 200 pesos, más 100 por quedarnos a dormir. Los gabachos y las gabachas dan más: 400. Y lo chido también de ellos es que te llevan al parque Papagayo, a Recórcholis o se hospedan en hoteles bien chingones. Yo he ido al Avalón, al Hyatt, al Presidente, al Emporio y al Princess. Son muy bonitos. Pero no creas que me apantallan los gabachos. Sé inglés. Bueno, me defiendo. Sé decir cómo me llamo, mi teléfono, de dónde soy y todas las groserías. Así conquisté a una gringa. Tenía como 50 años. Es la gabacha más vieja con la que he estado. ¿La más chica? Una de 30, cuando yo tenía como ocho años.
[Manuel trae el cabello teñido de las puntas. Es un chico pura fibra con una mirada zigzagueante. Presume sus jeans Fubu o algo así, como si fuesen unos Versace. Lleva dos días sin drogarse.]
Eso es lo que no puedo dejar: las drogas. Los chochos no me gustan porque me amensan. Los hongos me ponen tonto y la coca me quita el sueño. Por eso prefiero la mariguana y la piedra. Unos se paniquean con la piedra, creen que los andan siguiendo, se les entume el cuerpo; a mí no. Ni siquiera me ha dejado loco. Ah, porque la piedra es cabrona. Muchos de la banda se han quedado idos, bien babosos. Con esos ya ni puedes platicar. Ni les entiendes lo que dicen. Pero te decía, con la mota y la piedra la hago. A veces también al PVC, pero poco porque se me mete el diablo. A ese le hago porque la lata cuesta 50 pesos y a mí, el de la ferretería, me lo da a 35. Es que hay noches que me quedo con él y me lo da más barato.
[Mientras habla, Manuel bosteza y parpadea como si lo hubieran sacado a patadas del sueño. Se despertó hace cosa de media hora. Por ahí de la una de la tarde.]
¿Qué más te puedo decir? Pues que aquí me ha tocado ver muchas muertes. A un jotito con el que me juntaba lo treparon a un carro y lo apuñalaron. No sé si eran sus clientes, pero yo vi caer al bato. Otro se murió de cáncer y una morrita de sobredosis. Ángel, el gordo, murió de sida. Yo hasta eso soy negativo. Aquí en el albergue nos hacen la prueba a cada rato. No le tengo miedo al sida. Soy un cabrón con suerte.


Allan García, uno de los editores de La Jornada Guerrero, tiene una memoria implacable para los datos duros y escalofriantes:
Hay paquetes exclusivos para pederastas que incluyen hotel y niño. Costos: de 200 a 2 mil dólares, según el grado de pubertad. El chico sólo recibe 20 dólares.
Desde los cinco años se prostituyen. A los 18 ya no sirven.
Los que controlan la prostitución infantil en Acapulco son, sobre todo, tailandeses.
Después del turismo y la venta de droga, la prostitución infantil es la actividad que deja más ingresos en Acapulco.
Allan recuerda bien esas cifras porque hace menos de un mes, durante la semana que el DIF Acapulco organizó para hablar del tema, los funcionarios locales de la PGRabrieron sus bases de datos.
En esas reuniones también se contó la historia del autobús con un azteca grabado en el parabrisas. Circula por todos lados, menos en su ruta. No levanta pasaje. Suben niñas que se van con hombres decrépitos cada vez que el camión se detiene. De hecho, a la hora de lavar el bus, en el río El Camarón, las chicas se pelean por hacer la limpieza porque el chofer no paga con dinero. Paga con droga y clientela que gasta a puño suelto.


Eric Miralrío, un acapulqueño que sirvió de guía al reportero, sugirió que buscáramos a Nayeli en el Malecón. La conocía porque apenas este año le había tomado algunas fotografías durante la realización de un documental. Por lo que le escuché decir, la chavita no pasaba de los 16 años, a los 13 fue mamá y su padrote le pegaba para imponer respeto. Parecía un gran personaje.
La segunda noche en que la buscamos, otro niño de la calle llamado Chucho nos dijo con su lengua drogada que a Nayeli la habían asesinado de 25 puñaladas. Ya no dijo más porque el PVC lo traía hecho un zombi.
Un día después, Rosa Muller, la directora del albergue del DIF municipal, contaría la historia de una Nayeli que resultó ser la misma que Eric conocía.
Y esto es lo que viene en la libreta de apuntes: Nayeli era una costeña que desde que nació fue linda. Antes de cumplir los siete años ya era parte del catálogo que un padrote mostraba a los clientes. A los 13, el proxeneta la hizo madre y le quitó el bebé porque le dijo que una adicta como ella lo terminaría matando. Nayeli se la pasó en las calles hasta que un chico de la banda se enamoró de ella y juntos lograron rentar un cuartucho allá por las fábricas. A principios de mayo pasado, salió drogada de su casa y se la tragó la tierra. Los reporteros de la nota roja la encontraron tirada en las calles, con 25 puñaladas. También la degollaron. Muller se enteró del asesinato por las páginas de El Sol de Acapulco, el diario que contabiliza a los muertos.
Lo que las autoridades llegaron a saber es que, por unos cuantos pesos, Nayeli delató un quemadero (lugar donde se consume droga). Y los traficantes no perdonan esas cosas. Cuando el DIF quiso recoger el cadáver en el forense para entregárselo a la familia, ya había desaparecido. Nadie quiso saber más del asunto. Muy pocos le lloraron.


Esa mañana la radio dijo que Acapulco estaría fresco, a no más de 33 grados. A Samy, sin embargo, el sol le caía como un piano en la cabeza: traía una tremenda resaca. Lo conocí en la playa Condesa porque un pescador con un ojo de vidrio llegó a ofrecer de todo: ostiones, el paseo en el paracaídas, hasta que aterrizó en el asunto de la mariguana y los niños.
—Conozco a los jotitos de Las Piedras, le puedo decir a uno que venga acá contigo o, si quieres, te lo puedes coger ahí mismo, no hay pedo. Todo el mundo lo hace ahí.
Samy traía un pantaloncillo rojo, la playera en el hombro y una sed endemoniada. Le dije que era reportero desde el arranque. Quién sabe si pudieron más las ganas de beberse una Yoli, pero se quedó un rato.
Primero dijo que nada más había ido a Las Piedras porque le urgía dinero. Pero ya en el tren de confesiones, presumió que su mejor experiencia fue con una pareja de cubanos, hace un año: mientras él recorrió el cuerpo de la mujer, el hombre lo grabó. Le dieron 100 dólares y con eso se fue a nadar al parque de diversiones Cici, comió en una taquería del centro, se compró dos camisetas y lo demás se lo inhaló. Dejó en claro que no era homosexual: “Yo nomás doy y tengo novia”, remarcó con la pose del Valiente de la lotería.
—¿Y usas preservativos? ¿Te cuidas?
—No me quedan.
Se fue hundiendo sus pies en la arena.
No lo he mencionado, pero Samy tiene nueve años.


Si Rosa Muller se lo propusiera, probablemente sería capaz de contar un millar de historias.
Por ella me enteré cómo Yahaira, una niña de Pachuca, llegó un día hasta la casa de Muller con un pastel de cumpleaños, una pierna gangrenada, una tuberculosis invencible y un VIH que le arrojaba dardos a las últimas defensas de su organismo. Murió hace un par de meses.
Otra historia que le duele a Muller es la de Oliver, de 12 años. Hasta hace unas semanas, además de prostituirse, se dedicaba a vender drogas. Se le hizo fácil consumir y no pagar al dueño del negocio. Para que escarmentara, para que entendiera que eso no se hace, lo amarraron con cinta canela a un árbol. En 15 días, sólo le dieron agua, sopa de pasta y un centenar de golpes. Así llegó al albergue. A los médicos les llevó varios días salvarle las manos y a él cinco minutos volverse a escapar. Muller, que sabe por qué dice las cosas, jura que a estas alturas Oliver debe estar muerto.
La historia más atractiva, sin embargo, es la de la propia Muller. Es decir, la de Mamá Rosy, como todos los chicos la llaman.
Resulta que su hijo, hoy de 13 años, solía ir a un internet ubicado atrás del hotel Oviedo, en pleno centro de Acapulco. Iba ahí porque le prestaban el play station sólo por dejarse tomar fotografías. Además, como el dueño del lugar le decía que en la casa de Mamá Rosy había fantasmas, al chico no le interesaba volver a su recámara si su madre no se encontraba.
Un día, a Mamá Rosy le llamó la atención que, súbitamente, su hijo fuese huraño, sudara por las noches y hablara de espíritus malignos a los que nadie podía derrotar. La curiosidad la llevó a indagar y a saber que en el café internet siempre había muchos extranjeros que a simple vista no resultaban nada confiables. Con el tiempo, contactó a la policía cibernética de la PFP y en pocas semanas se descubrió que aquel café internet era el centro de operaciones de una banda de pederastas.
En abril de 2003, las autoridades arrestaron a 18 pedófilos, 12 de ellos extranjeros, y rescataron a 10 niños. Entre los detenidos iba Enrique Meza Montaño, hijo del entonces regidor por Convergencia, Óscar Meza Celis. Enrique fue el único que obtuvo su libertad a las pocas horas. No importó que él, de 29 años, fuese el dueño del internet llamado Ikernet ni que fuese arrestado cuando estaba en compañía de dos menores.
A los otros, la PFP los presentó como parte de una banda que operaba en Europa, Estados Unidos, Canadá y México, además de vincularlos con dos artistas de la pedofilia: Robert Decker y Timothy Julian, ambos sentenciados en cárceles californianas. La edad promedio de los detenidos era de 65 años. Un par de ellos tenía VIH y se “suicidarían” después en las mazmorras acapulqueñas.
Ese hecho marcó a Mamá Rosy y fundó una ONG para proteger a los niños. De la gasolinera de su familia sacó los recursos y los chicos la fueron queriendo.
Pronto su nombre empezó a circular en el puerto y en 2005, cuando llegó Félix Salgado Macedonio a la alcaldía,éste la nombró directora del albergue Plutarca.
El próximo 31 de diciembre terminan los tres años de Mamá Rosy. Los chicos están tristes, dicen que volverán a las calles porque nadie los ha cuidado como ella. Muller, de ascendencia alemana, tiene pensado rentar una casona vieja para llevarse a los niños. “Ya veré cómo le hago, pero no quiero dejarlos, son presa fácil”, dice mientras se acomoda sus anteojos para la miopía. Lo que sí es un hecho es que su hijo poco a poco ha ido saliendo. Ya no ve fantasmas.
PD: El pasado miércoles 26 de noviembre, la estadounidense Patricia Katheryn O’Donovan denunció que el neozelandés Murray Wilfred Burney, también conocido como Mario Burney, estaba reclutando a menores de edad para reorganizar la red de pederastas que Meza Montaño y otros dejaron a la deriva.


Yo era de ésas que andaba vendiendo droga. El buenero (narco) hasta me dio una pistola para defenderme. Era una 22, bien perrona. Le entré porque a mí no me gustó eso de acostarme con los gringos. Bueno, lo que pasa es que un día uno me pegó y ya no quise. De ahí les tiré la onda a las mujeres, pero hubo una, creo que era de Italia porque hablaba bien chistoso, que se puso bien loca en el cuarto, como que quería matarme. Era flaquita y yo, ya ves, pues estoy llenita, así que le puse unos madrazos y me fui. Por eso me metí de dealer. Bueno, me metieron.
¿Cómo te explico? Aquí hay mucho buenero que nos agarra para vender porque a nosotros no nos meten a la cárcel, nomás nos quitan la droga y nos dan unos zapes. Y le entras porque le entras. Si no quieres, te pegan. Dicen que a uno hasta lo mataron. Ya luego me harté y mejor me vine al albergue. No sé qué haré ahora que Mamá Rosy se vaya. Es todo lo que puedo contar. Tengo una vida aburrida.
[Silvia, se llama Silvia. Para tener su edad, 14 años, es lo bastante fuerte como para destrozar un piso entero en un arrebato. Le gustaría tener una muñeca.]


Yo soy Norma. Crecí en Tepito, ahí en la calle de Jesús Carranza. Me fui de ahí porque mi mamá se murió. Tenía sida. Yo digo que mi papá la contagió; siempre fue muy mujeriego, pero quién sabe, mi mamá también tuvo sus novios y cuando andaba drogada no se fijaba.
[Otra vez en el albergue Plutarco. Otra historia. Otra niña invisible. Otro cigarro para aguantar.]
De lo otro, de cómo empecé a prostituirme, no me gusta hablar. Me da ansiedad. Pero ya estoy aquí, ya qué. Me voy a abrir. Mamá Rosy nos ha dicho que lo hablemos, que eso que trae uno es como una piedra en el zapato o como un anillo que se nos atoró en el dedo. A ver, ahí te va.
[A Norma, de 16 años, le han estado sudando las manos desde que sentó. Se la ha pasado secándolas sobre el short de basquetbolista que viste. Trae el cabello mal cortado, como si alguien le hubiese mordido la cabeza. Huele a jabón barato. Hace bombas con el chicle y tiene una sonrisa exacta.]
Tendría que empezar a contar que a los seis años me violó un primo. Luego, como a los ocho, me violó un tío, hermano de mi papá. Ya tenía como 11 años cuando mi papá llegó drogado y quiso hacérmelo. Sólo Dios sabe por qué no pudo. Si me lo hubiera hecho, seguro yo también tuviera sida. Desde ahí ya no me gustaron los hombres. Me dan asco. Pero hace como cuatro años cuando llegué a Acapulco, me dijeron que había señores que se acostaban con la chamacada. Yo, al principio, no quise. Luego ves que les regalan cosas y que la banda trae dinero. Entonces dije “chingue a su madre, le entro”. Eso sí: siempre lo he hecho bien drogada. Como que en mi juicio no se me da, hasta me dan ganas de vomitar. La bronca es que luego ni te acuerdas de lo que te hicieron. Yo luego he despertado con dolores en todo el cuerpo y con moretones. Con quienes sí me ha gustado, la verdad, es con las gringas. A ellas sí se los hago como con amor. Había una que me buscaba mucho. Ella me regaló un celular y ropa. Me dijo que quería llevarme a Estados Unidos para que viviera con ella, pero ya nunca volvió.
[Norma se levanta, dice que va al baño. Se ve rara, ansiosa, sin saber por qué. Todo empezó porque le pregunté si ese tatuaje mal rayado que dice Faby era en honor a la gringa y ella dijo que no, que Fabiola es una historia que ahora que vuelva va a contar. Regresa y cumple con su palabra.]
Fabiola fue mi novia, pero me hizo como trapeador. Era una cabrona. Decía que me quería y andaba con hombres. Yo le lloré, le dije que mi hijo, ¡ah!, porque tengo un hijo de cuatro años que no he visto hace mucho, necesitaba una mamá como ella. Le valió madre. Nomás me engañó. Hasta los papás de ella me querían, decían que algo como yo era lo que Fabiola necesitaba. Ahora la odio y amo a Diana, la chava que hace rato vino acá con su bebé. Diana sabe que ahora que termine de estudiar enfermería voy a cuidar de ella y el bebé. Lo malo de Diana es que todavía actúa como una niña y luego no sé ni lo que quiere.
[Intempestivamente, Norma me pregunta que si ya se puede ir. No puedo obligarla. Al poco rato, la psicóloga llega como un ventarrón con la mala noticia de que Norma se ha enterrado las uñas en la cara y que se la ha pasado quemando las cartas que le escribió a Fabiola. Me siento un imbécil.
Mamá Rosy irá a tranquilizarla y Norma volverá con el rostro sangrante. “No hay bronca, luego me pongo locochona”, dice con el tono de quien asume toda la culpa sin tenerla. “Ahorita me curo yo, ya me enseñaron en la escuela cómo hacerlo”. Lleva medio curso para auxiliar de enfermera. Se lo paga Mamá Rosy. Me dice que ahora que se reciba vaya a su graduación.]


Frente al bar Barbaroja, en la playa Condesa, abordé un taxi en la Costera Miguel Alemán.
—¿Tú sabes dónde puedo conseguir morritas?
—Ahorita, por la hora, nomás en el Tavares, el Sombrero o en las casas de cita. Ya son las cinco de la mañana.
—Pero tengo gustos raros: quiero niñas, o niños –dije mirándole los ojos por el espejo retrovisor. El conductor, como si le hubiera dicho que necesitaba comprar un perro, buscó entre su celular ciertos números de contactos.
—Conozco a un cabrón que tiene pura chamaquita. Ya he trabajado con él, es seguro, no te roban y todo es muy discreto. Deja llamarle.
Habló con tal desenvoltura que bien podría renegociar el TLC.
—Dice que las tiene ocupadas. Es que ya es tarde, el bisne hay que hacerlo a media noche.
Aliviado, me bajé en un hotel que no era el mío. La cara del taxista, en la duermevela, no me dejó en paz.


Es viernes por la tarde y en el Zócalo de Acapulco hay una cacofonía sostenida. Cuando mis padres me traían yo sólo veía boleros libinidosos, indígenas que se la pasaban expulgando a sus hijos, jóvenes que llevaban en sus cabezas cubetas en equilibrios imposibles, perros comiendo basura, al vendedor de globos, una catedral cuya entrada olía a excremento, basura y tamarindo; un puesto de periódicos que sólo vendía malas noticias, la nevería, policías que se la pasaban rascándose la cabeza, un quiosco donde los gringos se tomaban fotografías con las indígenas, como si las mujeres fuesen unos macacos, y una acera de restaurantes donde uno terminaba con diarreas interminables.
Hubiese visto ese mismo zócalo si no fuera porque Mamá Rosy me hizo un croquis de lo que uno nunca ve.
Entonces vi que, en efecto, la banca que está frente al Oxxo es para que se sienten las mujeres que buscan niño. Unos metros adelante, a la derecha de sur a norte, hay otra banca que rodea un árbol. Esa es para las niñas. Los pederastas lo saben muy bien. Quien busca acción con manos infantiles tiene que sentarse donde trabajan los boleros; la mercancía llega sola. En la noche, con sacar el celular y mantenerlo encendido, basta para que los chamacos se ofrezcan. Ahí está la gorda que vende burbujas, metida en unas mallas de lycra, al lado de un tipo cuya cara parece retrato hablado de la PGR. Es la misma a la que tanto las autoridades del DIF municipal como los chicos ubican como madrota. Vi la lonchería Chilacatazo atestada de indígenas, pero no vi a gringos. Supuestamente, ahí las indígenas ofrecen a sus hijos a cambio de comida. Vi al viejo en short y zapatos que se la pasa ejercitándose mientras escoge a qué chico llevarse. Los extranjeros, sobre todo estadounidenses, comen en El Kiosco. Se la pasan analizando a los chicos como si fuesen catadores expertos.
Ni el mosquerío sabía de qué color ponerse por la pena.


Alexa, Chucho y El Quemado hunden sus rostros en los platos donde les han servido un vomitivo alambre de carne al pastor. Estamos en una taquería por los rumbos del Malecón.
Y como hablarán hasta que terminen de comer, sólo queda verlos. Sobre todo a Alexa.
Es muy delgada. Dicen que no estaba así. Que de un tiempo para acá trae diarreas. Su cabello tiene un color pariente muy lejano del rubio. Es casi negra. Trae una mochilita rosa donde guarda la lata de PVC. Ella es la menor de los tres: tiene 17 años y una década en la calle. El Quemado y Chucho, que ya rebasan los 20, contarán luego que la niña es huérfana y que qué bueno, porque sus padres le pegaban.
–¿Entonces qué quieres saber? –la voz de El Quemado repta por las paredes.
–Todo lo que quieran contar.
Alexa y Chucho, ya con el estómago medio lleno, se rehúsan a hablar. Pero El Quemado, quien ha perdido todo escrúpulo, resume la vida de ambos:
—A Alexa todo mundo se la ha cogido. Y el Chucho ha sido mayate.
—Cálmate, güey –reprocha Chucho, un tipo bajito que se cree luchador.
—Es la neta, ¿no? ¿Para qué nos hacemos pendejos? Hay que decir las cosas como son.
—Pero ya no lo hago con hombres –se defiende Chucho.
—¿Pero le hicistes, qué no?
—Nomás un tiempo, de los ocho a los 14 años.
Alexa se mantiene callada. Nada la hará cambiar de opinión: dejará que El Quemado cuente lo que quiera. No le importa.
—Aquí todos hemos sido mayates –dice El Quemado–. Uno necesita el dinero. Neta que si nos dieran trabajo dejamos esto, pero como que le valemos madre al gobierno. Ve a la Alexa, toda puteada. Ve tú a saber si está enferma.
La plática se interrumpe porque el mesero nos ha corrido de la taquería. La gente que comía en la otra mesa exigió que se largaran los tres pordioseros y el cliente con más dinero manda.
Camino a las canchas de la CROC, donde los tres duermen, El Quemado irá contando que ya no tienen tanta ropa desde que un canadiense al que familiarmente llamó Cris dejó de ir a Acapulco.
—¿Él se las regalaba? ¿Era religioso o algo así?
—No mames, compa, ese cabrón era un pinche cogelón de morritos. Venía muy seguido al Malecón porque tenía un velero. Ese bato nos daba un chingo de ropa y las drogas que quisiéramos por acostón.
—¿Y qué fue de él?
—Pues mira: el Cris tenía la maña de pegarles a los morros. Un día, un cuate al que le decimosEl Querétaro no se dejó y le puso sus madrazos. Lo mandó al hospital. Ya tiene como un año que el Cris no se para por aquí.
—¿Y qué hay de Alexa? Se ve muy mal.
—Simón. Es el sida, esa morra ya tiene sida. Pero uno no le dice para que no se agüite.
—¿Y qué hay de tu vida? ¿Por qué te dicen El Quemado?
—Porque cuando era morrito me quemé en la casa del Padre Chinchachoma. Se me prendió el suéter por andar de cabrón. Tengo toda la espalda como chicharrón.
—¿Y tus padres? ¿Tienes hermanos? ¿De dónde eres?
—No, no, no. De mí no vamos a hablar. Además ya te conté mucho y ni un pinche refrescoquisistes comprarme.
El Quemado se fue. Chucho se despidió con una pirueta de luchador. Y Alexa dijo que odiaba a los reporteros.


Jarocho, con sus pies descalzos y su hedor agrio, llevó a Allison hasta el auto. La niña traía un perfume grosero, el cabello lacio, estaba bronceada, apenas le estaban saliendo los pechos, y usaba sandalias y una pulsera de Hello Kitty.
—Bueno, yo los dejo –dijo Jarocho con sus 100 pesos en la mano por haber sido el intermediario y a mí me dio la desesperación.
Allison iba triste o asustada. No avancé mucho. Me estacioné por la Playa Tamarindos. Estaba por decirle que sólo platicaríamos, y nada más, cuando una camioneta me echó las luces. Pensé que era la policía. Me imaginé en la cárcel y en la contraportada de La Prensa. Pero no, era algo peor: una Lobo blanca doble cabina con vidrios polarizados.
—Es el que nos cuida –dijo Allison y volví a experimentar uno de esos momentos cuando el mundo parece detenerse.
—¿Y por qué nos sigue?
—Porque quiere ver en qué hotel voy a entrar.
Empecé a sudar y me sentí pegajoso. Lo único que se me ocurrió fue acelerar. Tan preocupado iba que pasé los semáforos en rojo. Entonces ahí sí me detuvo la policía. Bajé del auto y, entre murmullos, les tuve que decir que era reportero y que la niña era parte de la historia. Uno de ellos, el de mandíbulas potentes, le echó la luz a Allison y ella sonrió de tal manera que en ese momento hubiese podido venderle cocaína a cualquier cártel. “Pues si ya le pagaste, cógetela”, dijo el oficial y yo quise romperle la cara. “Sale, te vamos a dar el servicio”, dijo el otro con su diente de oro como Pedro Navajas. Ahí reparé que la Lobo blanca doble cabina no estaba. Llegamos al estacionamiento del hotel.
Cuando Allison, que en realidad se llamaba Gregoria, intentó bajarse del auto para entrar al local, la paré:
—Sólo me interesa que me cuenten historias.
Allison arrojó un gesto de incredulidad.
—Primero págame los 300 pesos y pon una canción de Belanova.
—No tengo ninguna de ella. ¿No te gusta U2?
—Pon lo que quieras, pero menos en inglés. Es que me gusta cantar, eso quiero ser de grande: cantante.
Caifanes se escuchó en las bocinas y ella echó a perder la canción.
Entonces Allison tomó la palabra:
—Vengo de por allá de Zihuatanejo, allá tengo un novio europeo que luego viene a visitarme acá. Me trata bien. Me compra lo que yo quiera. Él me regaló un celular rosita. Nada más que el que nos cuida me lo quitó, dijo que eso no es para mujeres de mi edad. ¿Esto quieres que te cuente o algo más cachondo?
—Así está bien.
—Eres bien raro –y le dio una bocanada violenta al cigarro–. Bueno: pues a mi papá lo mataron y mi mamá está en la cárcel. Creo que se robó algo, no sé bien. Y como allá mis tíos me pegaban, pues mejor me vine para acá. Nomás terminé la primaria. Me gusta el color rojo y casi a diario el que nos cuida nos regala piedra. Esa soy yo.
—¿Y vives en una casa, rentas un cuarto de hotel?
—Ahora me quedo en la casa del que nos cuida. Somos como siete y dos chamacos que se la pasan fregando.
—¿Y pueden salir solas?
—Depende.
—¿De?
—Depende.
—¿Y a quién prefieres: gringos, canadienses o mexicanos?
—Depende. Me gustan los que tienen dinero. Una vez un gringo me llevó a Cancún como un mes. Allá está muy bonito, no sé si conozcas. Aquí, una pareja me llevó una semana a su casa, nomás para estar con ellos, dormirme en medio de los dos y nadar sin ropa. No sé si lo sepas, pero cada cliente es distinto –lo dijo como si hubiese descubierto la rueda.
—¿Qué es lo mejor y lo peor que te ha pasado en este negocio?
—Lo mejor es conocer gente de todos lados y que además de pagarte te regalan ropa o piedra. ¿Lo peor? Cuando nos pega el que nos cuida.
–¿Les pega mucho?
–Nomás cuando anda drogado. En su juicio es muy bueno. ¿Cómo te diré? Es cariñoso.
Jarocho me había dicho que no me excediera de la hora para no tener problemas y que dejara a Allison a un lado del bar Barbaroja, que ahí alguien la recogería. El plazo estaba por cumplirse. Allison se fue cuando Los Caifanes decían algo así como que “no dejáramos que nos comiera el diablo”. Cuando amaneció me largué de Acapulco, odiándolo.


Alejandro Almazán (México DF, 1971) es reportero freelance. Ha fundado CNI-Canal 40, Milenio Semanal, Milenio Diario, y La revista de El Universal. Ha ganado tres veces el premio nacional de periodismo en el género de crónica


Fuente: http://nuestraaparenterendicion.blog....html?spref=fb

sábado, 2 de enero de 2010

Año nuevo desde lo subterráneo del mundo

Año nuevo desde lo subterráneo del mundo

ROBERTO RAMÍREZ BRAVO

Abajo del paso a desnivel, en la Vía Rápida, El Abuelo, Bruce Lee, El Negro, El Chucky y El Chalán no pudieron bajar las cortinas ni cerrar las puertas, pero sí suspendieron actividades temprano y se fueron, juntos, a la fonda de Doña Mari, ubicada a un costado, a celebrar la llegada del año nuevo.

Antes visitaron en grupo la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, en el zócalo, y terminaron la noche en la playa, después de ver los fuegos artificiales. “Bien o mal –explica El Liga, quien organizó todo– a lo mejor es la única vez que se lo pasan así”.

Desde que en la administración pasada se construyó el paso elevado, los jóvenes, que habitaban en el cauce encerrado del río Aguas Blancas salieron a la parte superior, específicamente donde comienza a levantarse el paso elevado que cruza la avenida Cuauhtémoc y establecieron en ese lugar su vivienda permanente.

Ahí mantienen, en la intemperie, cinco colchones viejos, una hamaca raída, ropa que se expone en el barandal construido por el ayuntamiento, algunas cajas de refresco con botellas vacías, un balón de basquetbol que utilizan como si fuera de balompié y algunos enseres mínimos.

Dice El Liga: “no se puede negar: aquí los chavos a veces salen mal entre ellos mismos por la droga, pero son chamacos bien tranquilos”. Enfrente de donde se encuentran está La plaza del mariachi, una cantina tradicional, y ahí a veces hay conflictos. “Cuando ven que están golpeando a alguien, salen a defenderlo y se arma la bronca, pero a veces los golpeados dicen que los del puente bajan a atacarlos”, cuenta. Otras ocasiones, narra a su vez El Abuelo, ellos mismos han detenido a quienes asaltan en el área, pues “cuidamos nuestro territorio”.

El Liga tiene dos años de haberse rehabilitado y ahora trabaja en la fonda de Doña Mari. Consumía piedra y otras drogas, y muchas veces intentó por su cuenta “anexarse”, pero fue inútil. Al final, dice, consiguió por sus propios medios superar el problema y ahora ayuda a quienes viven bajo el puente.

Los cinco se dedican a limpiar parabrisas de vehículos en distintos puntos de la ciudad, pero el jueves 31 suspendieron su labor a las 6 de la tarde. En la iglesia del zócalo “Iban como chiveados, pero todos fueron”, recordó El Liga.

Luego, en la fonda de Doña Mari cenaron pollo, ensalada rusa, bebieron refrescos y whisky Johnny Walker etiqueta roja –“cuando hay posibilidad hay que tomar lo bueno, cuando no, puro chinicuil”, dice El Liga–, algunos inclusive bailaron.

El Abuelo, que se ufana de tener 28 años y haber viajado por varias ciudades de la República, cuenta que entre ellos no sólo el año nuevo, sino la Navidad, han procurado festejarla. “Yo en la Navidad me fui con mi novia, y ahora con mi familia”, dice.

En la fonda de Doña Mari el festejo del fin de año comenzó alrededor de las 8 de la noche, y un poco antes de las 12 cada uno de los muchachos tomó su silla de plástico blanco, los restos de comida y de bebida, y caminaron con rumbo a la playa, en el área conocida como Copacabana, casi en la desembocadura del canal de la Vía Rápida; ahí se establecieron, vieron los fuegos pirotécnicos y continuaron la fiesta, que no paró sino hasta las 4 o 5 de la madrugada, cuando volvieron a los colchones en el piso bajo puente, según cuentan.

El viernes su primera actividad fue ir a almorzar a la cocina de Doña Mari. Comenzaba no sólo un un nuevo día, sino un año nuevo y una década, nueva también, donde el único escenario que se perfila sigue siendo la calle.

Sin embargo, cuenta El Abuelo, los que viven bajo la Vía Rápida son, más que la regla, una excepción de lo que es vivir en la calle. “Nos la pasamos bien”, sintetiza, casi al mismo tiempo en que con su teléfono celular hace contacto con otra persona distante y le pregunta: “¿Y tú, qué tal te la pasaste”?.

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2010/01/01/index.php?section=sociedad&article=008n1soc

Comunicado del Movimiento Ecuménico Por Los Derechos Humanos- MEDH

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