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lunes, 9 de mayo de 2011

“Estamos hasta la madre”, se oye desde Acapulco y Taxco

Cientos de personas se suman a la movilización nacional por la paz y seguridad

“Estamos hasta la madre”, se oye desde Acapulco y Taxco

Reclaman manifestantes al gobierno federal la estrategia emprendida en el combate al narcotráfico
FRANCISCA MEZA CARRANZA Y
 CORRESPONSALÍA
Cientos de acapulqueños se sumaron a las movilizaciones que a nivel nacional se llevan a cabo contra la lucha que el gobierno federal ha emprendido en el combate al crimen organizado. En silencio, expresaron un “estamos hasta la madre” de personas que han muerto y que el presidente Felipe Calderón Hinojosa ha calificado como “daño colateral”.
El punto de encuentro fue sobre la costera Miguel Alemán, a la altura del Asta Bandera, de donde por lo menos 500 personas vestidas de blanco partieron en marcha hasta el zócalo.
En la mayoría de las mantas plastificadas que iban al frente del contingente había leyendas como “No más sangre” y “Estamos hasta la madre” de los movimientos sociales que se han desarrollado a nivel nacional, como el de poeta Javier Sicilia.
Asimismo, en cartulinas que mostraban los participantes se expresaban pensamientos particulares: “Basta de gastar en armamento”, “Demos oportunidad a la paz, no a la guerra”, “Ya basta, alto al fuego”, “La violencia no se combate con más violencia” y “Esta guerra no es nuestra”.
Entre las más significativas había leyendas de personas que han sufrido la muerte de algún familiar o personas cercanas. “Esto va por mi hijo”, “Muerto inocente” y algunos con playeras con fotografías de jóvenes muertos y desaparecidos.
En el contingente iban personas de todas las edades, representantes de la sociedad civil y la Iglesia católica. Conforme avanzaba la caravana personas se unieron; los que pasaban en vehículos observaban detenidamente las pancartas, en la calle otros expresaban de manera sincera un “ya estamos hasta la madre”.
En el zócalo los participantes se aglutinaron frente a un templete que ya estaba instalado para algunos oradores, del lado derecho de este fueron colocadas las flores y las veladoras que llevaban; con las flores formaron una cruz y con las velas un circulo que la rodeó.
El vocero de la arquidiócesis de Acapulco y sacerdote, Jesús Mendoza Zaragoza, celebró que por fin se haya alzado la voz para exigir paz y consideró que el miedo es la principal arma de los violentos.
“Los ciudadanos nos manifestamos enérgicamente con el vivo interés de defender la paz que se nos ha arrebatado dejándonos abandonados en la desprotección y la inseguridad; era tiempo de que empezáramos a sacudirnos el miedo para ponernos de pie, salir a la calle a caminar juntos para darnos cuenta de que no estamos solos y compartimos en gran interés para construir la paz”, dijo.
Francisco Camacho expresó que una marcha por si misma cambie el mundo pero sí lo hará si los participantes cambian.
“La miseria es el mejor caldo de cultivo para han optado por ser chingones con un arma en la mano, con la depredación y la muerte de los demás, porque el chingón no mira hacia atrás y pasa por sobre quien sea, desde la clandestinidad, desde el crimen o desde el escritorio o desde una curul de las Cámaras”, dijo.
Mujeres por la paz
En tanto, en Taxco, unas 200 personas en su mayoría mujeres, entre ellas la presidenta de la Comisión de Equidad y Género en el Congreso local, Alicia Sierra Martínez, vestidas de blanco y con cartulinas en señal de protesta, caminaron por la ciudad para manifestar su inconformidad por la ola de violencia que se ha presentado en la entidad y que está afectando a este destino, además de responder a la marcha por la paz convocada a nivel nacional por el escritor Javier Sicilia.
Después de las 5 de la tarde, este contingente partió de la Garita, caminando por las principales calles. Tomó la calle Miguel Hidalgo y llegó hasta el tramo conocido de los Castillos.
En la caminata, las mujeres portando algunas cartulinas en rechazo a la violencia, lo mismo que una manta que estuvo al frente del contingente con el texto “Paz y justicia, basta, no más violencia”, llamó la atención, en este día domingo cuando las familias acostumbran salir a caminar por el primer cuadro de la ciudad.
En la marcha, se unieron obreros, plateros, trabajadores del volante, empresarios, amas de casa y estudiantes, quienes exigieron un alto a la violencia, reclamaron paz en la ciudad.
El contingente fue nutriéndose conforme pasaron por varias bocacalles, donde se unieron sectores hasta arribar a la Plazuela de la Libertad de Expresión que ya los esperó otro grupo que sumó, lo mismo que turistas y algunos ciudadanos que presenciaron la manifestación.
Con un “No”, escrito en una manta que estuvo en medio y algunos zanqueros y en silencio caminaron por las empedradas calles y llegaron hasta el centro de la ciudad, para la realización de un acto-mitin y exigir a las autoridades de gobierno una mayor seguridad.
En el lugar, Roberto Díaz Portillo integrante del Comité Ciudadano, se solidarizó con el poeta Javier Sicilia y al mismo tiempo afirmó que la marcha culmina con poesía y canto, como “un granito de arena en este mar de esperanza silenciosa que se construye desde la sociedad civil”.
Por ello, lanzó al gobierno federal “un alto y ya basta”, aunque consideró que no es suficiente decirlo, pero es sin duda para tratar “de detener la guerra y luchar por una paz con dignidad”.
Díaz Portillo exclamó: ¡estamos hasta la madre!, porque en verdad estamos cansados y hartos de esta cotidianidad de muerte, de esta cotidianidad que reclama al ciudadano silencio, para volverlo cómplice de la impunidad de los asesinos.
Dijo que “no queremos esta guerra, no queremos seguir poniendo los muertos, no queremos un estado fascista policiaco y militarizado”. Al mismo tiempo exigió vivir en paz “queremos que, el Ejercito regrese a los cuarteles, que la lucha contra el crimen organizado sea por parte de las instituciones encargadas de la seguridad pública y no de las encargadas de la seguridad nacional”.
Posteriormente se realizaron actos poéticos y también se continuó con el discurso a favor de la paz y contra la violencia.

http://www.lajornadaguerrero.com.mx/2011/05/09/index.php?section=sociedad&article=004n1soc


texto íntegro del discurso de Javier Sicilia leído en el Zócalo

Nuevo pacto o fractura nacional
Domingo, 08 de mayo de 2011
Javier Sicilia
Hemos llegado a pie, como lo hicieron los antiguos mexicanos, hasta este sitio en donde ellos por vez primera contemplaron el lago, el águila, la serpiente, el nopal y la piedra, ese emblema que fundó a la nación y que ha acompañado a los pueblos de México a lo largo de los siglos. Hemos llegado hasta esta esquina donde alguna vez habitó Tenochtitlan -a esta esquina donde el Estado y la Iglesia se asientan sobre los basamentos de un pasado rico en enseñanzas y donde los caminos se encuentran y se bifurcan-; hemos llegado aquí para volver a hacer visibles las raíces de nuestra nación, para que su desnudez, que acompañan la desnudez de la palabra, que es el silencio, y la dolorosa desnudez de nuestros muertos, nos ayuden a alumbrar el camino.
Si hemos caminado y hemos llegado así, en silencio, es porque nuestro dolor es tan grande y tan profundo, y el horror del que proviene tan inmenso, que ya no tienen palabras con qué decirse. Es también porque a través de ese silencio nos decimos, y les decimos a quienes tienen la responsabilidad de la seguridad de este país, que no queremos un muerto más a causa de esta confusión creciente que sólo busca asfixiarnos, como asfixiaron el aliento y la vida de mi hijo Juan Francisco, de Luis Antonio, de Julio César, de Gabo, de María del Socorro, del comandante Jaime y de tantos miles de hombres, mujeres, niños y ancianos asesinados con un desprecio y una vileza que pertenecen a mundos que no son ni serán nunca los nuestros; estamos aquí para decirnos y decirles que este dolor del alma en los cuerpos no lo convertiremos en odio ni en más violencia, sino en una palanca que nos ayude a restaurar el amor, la paz, la justicia, la dignidad y la balbuciente democracia que estamos perdiendo; para decirnos y decirles que aún creemos que es posible que la nación vuelva a renacer y a salir de sus ruinas, para mostrarles a los señores de la muerte que estamos de pie y que no cejaremos de defender la vida de todos los hijos y las hijas de este país, que aún creemos que es posible rescatar y reconstruir el tejido social de nuestros pueblos, barrios y ciudades.
Si no hacemos esto solamente podremos heredar a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños una casa llena de desamparo, de temor, de indolencia, de cinismo, de brutalidad y engaño, donde reinan los señores de la muerte, de la ambición, del poder desmedido y de la complacencia y la complicidad con el crimen.
Todos los días escuchamos historias terribles que nos hieren y nos hacen preguntarnos: ¿Cuándo y en dónde perdimos nuestra dignidad? Los claroscuros se entremezclan a lo largo del tiempo para advertirnos que esta casa donde habita el horror no es la de nuestros padres, pero sí lo es; no es el México de nuestros maestros, pero sí lo es; no es el de aquellos que ofrecieron lo mejor de sus vidas para construir un país más justo y democrático, pero sí lo es; esta casa donde habita el horror no es el México de Salvador Nava, de Heberto Castillo, de Manuel Clouthier, de los hombres y mujeres de las montañas del sur -de esos pueblos mayas que engarzan su palabra a la nación- y de tantos otros que nos han recordado la dignidad, pero sí lo es; no es el de los hombres y mujeres que cada amanecer se levantan para ir a trabajar y con honestidad sostenerse y sostener a sus familias, pero sí lo es; no es el de los poetas, de los músicos, de los pintores, de los bailarines, de todos los artistas que nos revelan el corazón del ser humano y nos conmueven y nos unen, pero sí lo es. Nuestro México, nuestra casa, está rodeada de grandezas, pero también de grietas y de abismos que al expandirse por descuido, complacencia y complicidad nos han conducido a esta espantosa desolación.
Son esas grietas, esas heridas abiertas, y no las grandezas de nuestra casa, las que también nos han obligado a caminar hasta aquí, entrelazando nuestro silencio con nuestros dolores, para decirles directamente a la cara que tienen que aprender a mirar y a escuchar, que deben nombrar a todos nuestros muertos -a esos que la maldad del crimen ha asesinado de tres maneras: privándolos de la vida, criminalizándolos y enterrándolos en las fosas comunes de un silencio ominoso que no es el nuestro-; para decirles que con nuestra presencia estamos nombrando esta infame realidad que ustedes, la clase política, los llamados poderes fácticos y sus siniestros monopolios, las jerarquías de los poderes económicos y religiosos, los gobiernos y las fuerzas policiacas han negado y quieren continuar negando. Una realidad que los criminales, en su demencia, buscan imponernos aliados con las omisiones de los que detentan alguna forma de poder.
Queremos afirmar aquí que no aceptaremos más una elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado y cooptado al usar los instrumentos de éste para erosionar las mismas esperanzas de cambio de los ciudadanos. O ¿dónde estaban los partidos, los alcaldes, los gobernadores, las autoridades federales, el ejército, la armada, las Iglesias, los congresos, los empresarios; dónde estábamos todos cuando los caminos y carreteras que llevan a Tamaulipas se convirtieron en trampas mortales para hombres y mujeres indefensos, para nuestros hermanos migrantes de Centroamérica? ¿Por qué nuestras autoridades y los partidos han aceptado que en Morelos y en muchos estados de la República gobernadores señalados públicamente como cómplices del crimen organizado permanezcan impunes y continúen en las filas de los partidos y a veces en puestos de gobierno? ¿Por qué se permitió que diputados del Congreso de la Unión se organizaran para ocultar a un prófugo de la justicia, acusado de tener vínculos con el crimen organizado y lo introdujeron al recinto que debería ser el más honorable de la patria porque en él reside la representación plural del pueblo y terminaran dándole fuero y después aceptando su realidad criminal en dos vergonzosos sainetes? ¿Por qué se permitió al presidente de la República y por qué decidió éste lanzar al ejército a las calles en una guerra absurda que nos ha costado 40 mil víctimas y millones de mexicanos abandonados al miedo y a la incertidumbre? ¿Por qué se trató de hacer pasar, a espaldas de la ciudadanía, una ley de seguridad que exige hoy, más que nunca una amplia reflexión, discusión y consenso ciudadano? La Ley de Seguridad Nacional no puede reducirse a un asunto militar. Asumida así es y será siempre un absurdo. La ciudadanía no tiene por qué seguir pagando el costo de la inercia e inoperancia del Congreso y sus tiempos convertido en chantaje administrativo y banal cálculo político. ¿Por qué los partidos enajenan su visión, impiden la reforma política y bloquean los instrumentos legales que permitan a la ciudadanía una representación digna y eficiente que controle todo tipo de abusos? ¿Por qué en ella no se ha incluido la revocación del mandato ni el plebiscito?
Estos casos -hay cientos de la misma o de mayor gravedad- ponen en evidencia que los partidos políticos, el PAN, el PRI, el PRD, el PT, Convergencia, Nueva Alianza, el Panal, el Verde, se han convertido en una partidocracia de cuyas filas emanan los dirigentes de la nación. En todos ellos hay vínculos con el crimen y sus mafias a lo largo y ancho de la nación. Sin una limpieza honorable de sus filas y un compromiso total con la ética política, los ciudadanos tendremos que preguntarnos en las próximas elecciones ¿por qué cártel y por qué poder fáctico tendremos que votar? ¿No se dan cuenta de que con ello están horadando y humillando lo más sagrado de nuestras instituciones republicanas, que están destruyendo la voluntad popular que mal que bien los llevó a donde hoy se encuentran?
Los partidos políticos debilitan nuestras instituciones republicanas, las vuelven vulnerables ante el crimen organizado y sumisas ante los grandes monopolios; hacen de la impunidad un modus vivendi y convierten a la ciudadanía en rehén de la violencia imperante.
Ante el avance del hampa vinculada con el narcotráfico, el Poder Ejecutivo asume, junto con la mayoría de la mal llamada clase política, que hay sólo dos formas de enfrentar esa amenaza: administrándola ilegalmente como solía hacerse y se hace en muchos lugares o haciéndole la guerra con el ejército en las calles como sucede hoy. Se ignora que la droga es un fenómeno histórico que, descontextualizado del mundo religioso al que servía, y sometido ahora al mercado y sus consumos, debió y debe ser tratado como un problema de sociología urbana y de salud pública, y no como un asunto criminal que debe enfrentarse con la violencia. Con ello se suma más sufrimiento a una sociedad donde se exalta el éxito, el dinero y el poder como premisas absolutas que deben conquistarse por cualquier medio y a cualquier precio.
Este clima ha sido tierra fértil para el crimen que se ha convertido en cobros de piso, secuestros, robos, tráfico de personas y en complejas empresas para delinquir y apropiarse del absurdo modelo económico de tener siempre más a costa de todos.
A esto, ya de por sí terrible, se agrega la política norteamericana. Su mercado millonario del consumo de la droga, sus bancos y empresas que lavan dinero, con la complicidad de los nuestros, y su industria armamentista -más letal, por contundente y expansiva, que las drogas-, cuyas armas llegan a nuestras tierras, no sólo fortalecen el crecimiento de los grupos criminales, sino que también los proveen de una capacidad inmensa de muerte. Los Estados Unidos han diseñado una política de seguridad cuya lógica responde fundamentalmente a sus intereses globales donde México ha quedado atrapado.
¿Como reestructurar esta realidad que nos ha puesto en un estado de emergencia nacional? Es un desafío más que complejo. Pero México no puede seguir simplificándolo y menos permitir que esto ahonde más sus divisiones internas y nos fracture hasta hacer casi inaudibles el latido de nuestros corazones que es el latido de la nación. Por eso les decimos que es urgente que los ciudadanos, los gobiernos de los tres órdenes, los partidos políticos, los campesinos, los obreros, los indios, los académicos, los intelectuales, los artistas, las Iglesias, los empresarios, las organizaciones civiles, hagamos un pacto, es decir, un compromiso fundamental de paz con justicia y dignidad, que le permita a la nación rehacer su suelo, un pacto en el que reconozcamos y asumamos nuestras diversas responsabilidades, un pacto que le permita a nuestros muchachos, a nuestras muchachas y a nuestros niños recuperar su presente y su futuro, para que dejen de ser las víctimas de esta guerra o el ejército de reserva de la delincuencia.
Por ello, es necesario que todos los gobernantes y las fuerzas políticas de este país se den cuenta que están perdiendo la representación de la nación que emana del pueblo, es decir, de los ciudadanos como los que hoy estamos reunidos en el zócalo de la Ciudad de México y en otras ciudades del país.
Si no lo hacen, y se empeñan en su ceguera, no sólo las instituciones quedarán vacías de sentido y de dignidad, sino que las elecciones de 2012 serán las de la ignominia, una ignominia que hará más profundas las fosas en donde, como en Tamaulipas y Durango, están enterrando la vida del país.
Estamos, pues, ante una encrucijada sin salidas fáciles, porque el suelo en el que una nación florece y el tejido en el que su alma se expresa están deshechos. Por ello, el pacto al que convocamos después de recoger muchas propuestas de la sociedad civil, y que en unos momentos leerá Olga Reyes, que ha sufrido el asesinato de 6 familiares, es un pacto que contiene seis puntos fundamentales que permitirán a la sociedad civil hacer un seguimiento puntual de su cumplimiento y, en el caso de traicionarse, penalizar a quienes sean responsables de esas traiciones; un pacto que se firmará en el Centro de Ciudad Juárez -el rostro más visible de la destrucción nacional- de cara a los nombres de nuestros muertos y lleno de un profundo sentido de lo que una paz digna significa.
Antes de darlo a conocer, hagamos un silencio más de 5 minutos en memoria de nuestros muertos, de la sociedad cercada por la delincuencia y un Estado omiso, y como una señal de la unidad y de la dignidad de nuestros corazones que llama a todos a refundar la Nación. Hagámoslo así porque el silencio es el lugar en donde se recoge y brota la palabra verdadera, es la hondura profunda del sentido, es lo que nos hermana en medio de nuestros dolores, es esa tierra interior y común que nadie tiene en propiedad y de la que, si sabemos escuchar, puede nacer la palabra que nos permita decir otra vez con dignidad y una paz justa el nombre de nuestra casa: México.
Redacción Milenio.com
 
http://www.milenio.com/node/713603

México clama contra la violencia y la corrupción

Siguiendo los pasos de un poeta que perdió a su hijo, de una madre que busca justicia para su bebé abrasado hace dos años entre las llamas de una guardería o de un abuelo que no entiende por qué los militares ametrallaron la semana pasada a su nieto en un cruce de carreteras, México clamó este domingo en silencio contra la guerra, contra la impunidad y contra la corrupción política. Desde que, a finales de 2006, Felipe Calderón llegó a la presidencia de la República, más de 40.000 personas han muerto víctimas de la violencia, pero no ha sido hasta ahora que las calles del país se han llenado de gente que, al modo mexicano, han expresado su hartazgo: "No más sangre. Estamos hasta la madre".

Ha sido el poeta Javier Sicilia quien ha logrado canalizar todo ese dolor acumulado. Hace 40 días, en la hasta ahora pacífica ciudad de Cuernavaca y en circunstancias todavía por aclarar, unos criminales mataron a un hijo de Sicilia y a seis de sus amigos. El poeta, que se encontraba de viaje en Filipinas, escribió un poema dedicado a su hijo en el avión de regreso y, al llegar a México, anunció: "Es mi último poema. No puedo escribir más poesía. La poesía ya no existe para mí". Al tiempo, emplazó a las autoridades a que el crimen múltiple no quedara impune -como más del 90% de los delitos que ocurren en México- ni que fueran detenidos falsos culpables. De paso, Sicilia quiso aprovechar la repercusión mediática de su pérdida para ponerle rostro a todas las víctimas sin nombre. Desde el jueves hasta el domingo, una marcha silenciosa recorrió los 80 kilómetros que separan Cuernavaca del Distrito Federal y, ya en el Zócalo de la capital de México, fueron miles y miles de personas -muchas de ellas víctimas directas de la violencia- las que clamaron por el fin de la violencia. "Nos ha rebasado la corrupción", denunció Sicilia alto y claro, "las instituciones están podridas, desde los partidos hasta el Gobierno Federal. Por eso el crimen está campeando, por eso nos está envileciendo. No es este el México que queremos. No es esta nuestra guerra. Pero estos sí son nuestros muertos".
No era una frase retórica. Junto a Sicilia han marchado madres y padres a los que la violencia ha arrebatado a sus hijos y que se esfuerzan por mantenerlos presentes en pancartas y camisetas. Después de escuchar sus historias, cada vez queda más claro que la versión oficial de que son sicarios los que se matan entre sí en las calles de México es cada vez menos exacta. Las llamadas "víctimas colaterales" son cada vez más frecuentes y, gracias al movimiento que acaba de surgir, cada vez más visibles. Eso sí, la protesta de Sicilia, en contra de lo que pudiera parecer, no solo critica la política -que considera equivocada- del presidente Calderón, sino a toda la clase política. De hecho, los líderes de la oposición que han intentado sacar rédito político, adular a los manifestantes, han salido trasquilados. El mejor ejemplo es el de Manlio Fabio Beltrones. El jefe de los senadores del PRI pidió a Calderón que escuchara a los manifestantes, pero Sicilia lo animó a que no se confundiera: "No, senador Beltrones, no solo pedimos que salga Calderón a escucharnos y a recibirnos, también se lo pedimos a las bancadas de los partidos, a las presidencias de los partidos, ellos también han sido omisos. Calderón tiene 40.000 muertos, una mala estrategia de guerra, pero la mierda la crearon ellos, la destrucción de las instituciones la empezaron ellos y siguen haciendo omisiones, siguen comportándose como delincuentes. Esto va para todos los partidos, no se equivoque".
La marcha que desembocó en el Zócalo del Distrito Federal tuvo sus réplicas en varias ciudades de México y aun del extranjero. También movimientos sociales de todo tipo. Desde asociaciones de migrantes hasta los zapatistas del subcomandante Marcos. Todos han querido adherirse al clamor contra una guerra que, sin ir más lejos, el sábado se cobró más de 40 víctimas en distintas ciudades del país. "México", concluyó Sicilia expresando lo que muchos mexicanos sienten, "siempre fue el amor y la solidaridad, nunca el crimen y la guerra. No es este el México que queremos".

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Mexico/clama/violencia/corrupcion/elpepuint/20110508elpepuint_7/Tes

Comunicado del Movimiento Ecuménico Por Los Derechos Humanos- MEDH

  Comunicado del Movimiento Ecuménico Por Los Derechos Humanos- MEDH Los Organismos de DDHH de la República Argentina, abajo firmantes, repu...